Nuevamente nos referimos al asunto del derecho a la atención médica y al acceso a la salud, tema que abordamos el pasado mes de octubre en este espacio de La Jornada. Y, de nueva cuenta, partimos de la idea de que hablar de salud no es únicamente solicitar medicamentos.
Ya hemos publicado cinco artículos diferentes a partir de entonces y continuamos recibiendo observaciones de nuestro público lector. Las sugerencias continúan y consideramos que es un aporte legítimo.
Hemos resumido algunas opiniones y sugerencias considerando que no todas las críticas al sistema de salud actual son en contra, y es claro que son análisis importantes y experiencias que vale la pena tomar en cuenta.
Con respecto al sistema de seguimiento de cada tratamiento, una opinión generalizada es que no podemos continuar con este sistema sumamente lento y de larga espera a la siguiente consulta. Si no cambiamos el método acostumbrado, no esperemos resultados positivos. Las fechas programadas para los estudios clínicos son tan lejanas que, cuando llega el día, las condiciones de salud han cambiado y tal vez ya no se necesiten o sean otros los requeridos.
¿Cuál es la lógica? Expongo mi caso personal. El especialista que atiende un aspecto de mi caso descalifica las indicaciones de otro colega suyo que ordenó tres estudios de imagen: encefalograma, ultrasonido y tomografía. La finalidad es tener mayores datos de mi problema y darme, en consecuencia, un mejor tratamiento. Sin embargo, la opinión de mi otro médico, el descalificador, dice que los estudios no van a mejorar mi salud. Por supuesto que no.
Entiendo que no está de acuerdo en que se realicen, sin importar si el otro médico puede avanzar en mi rehabilitación con el resultado de los tres estudios. Es claro que los análisis clínicos son herramientas necesarias que darán al personal médico mayores datos para actuar con mayor certeza y tratar de mejorar la salud de sus pacientes. Por lo tanto, si no tengo esos estudios quedo más vulnerable y disminuye la oportunidad de salir del problema o, por lo menos, de aminorar mi padecimiento. ¿Descalificar la opinión entre especialistas es una solución? O se complica aún más el problema.
Otros puntos de vista de quienes nos leen son los siguientes: para mejorar la salud de la población es necesaria la educación desde temprana edad para evitar enfermedades concretas. En la escuela, desde los primeros grados es importante que se den a conocer los tipos de plantas y alimentos que pueden evitar determinados padecimientos. No se trata únicamente de prohibir el consumo de golosinas o alimentos. Se trata de concientizar sobre nuestra salud.
En otro punto se habla de la deshumanización del personal médico y del administrativo. La mayoría de quienes nos enviaron su opinión dicen que falta calidez y orientación para quienes recurren a urgencias, por ejemplo. Los pacientes llegan traumatizados por su estado de salud, y al parecer el personal no es lo suficientemente empático con la situación, generando mayor estrés. “No somos ni indigentes ni el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Issste) es un dispensario, tenemos derecho a la atención rápida y de calidad”. “Falta esa conciencia entre el personal. Nuestras cuotas valen y sostienen el servicio de atención médica. Tenemos derechos, todavía.”
Por otro lado, estamos de acuerdo en que (y de hecho es una exigencia) las condiciones laborales del personal médico deben mejorar; eso es indispensable. Las nuevas generaciones de trabajadores de la salud se integran a un sistema viciado y sin un futuro mejor.
Otro de nuestros lectores dice: Las jornadas de pasantes o internos a veces son agotadoras. No cuentan con personal auxiliar y cubren horarios de trabajadores que no han sido contratados. ¿Falta de recursos o de planificación? Quienes sufren la situación son los pacientes. El personal médico, como el administrativo, trabajan cinco días. Tienen dos días de descanso, dejando al descubierto la especialidad y consulta general los fines de semana. Tienen vacaciones pagadas, permisos de incapacidad médica, así como cursos pagados y, como si no fuera suficiente, les pagan trabajen o no, así vean a un solo paciente o a los nueve que les corresponde; dicha situación genera ausencias y falta de atención a pacientes.
En contraste está la base trabajadora con derecho al Issste, la cual tiene que cubrir alrededor de 40 horas cumpliendo con todas las exigencias laborales, aunque su sueldo, dañado por la inflación, no deja de ser afectado por los impuestos ya descontados de su nómina. Tampoco podemos hablar ampliamente de los beneficios de la medicina privada, ya que en este sector los pacientes son clientes que dejan dinero. Ese es otro asunto urgente de revisar, pues en ocasiones los abusos son enormes y la calidad es también cuestionable. Por supuesto, existen excepciones afortunadas. Recordemos que el presidente López Obrador sugirió que la atención general y de especialidad debería ser los siete días de la semana.
En lo personal, reconocemos y agradecemos los esfuerzos de la dirección general del Issste por cambiar y mejorar las condiciones actuales. Los empeños por devolver la dignidad al instituto son loables, es una gran tarea y creemos que la sociedad podemos contribuir al cambio. Repetimos: es cuestión de seguir luchando por mejorar nuestro sistema de salud. Asimismo, agradecemos a nuestros lectores por sus aportes.
(Colaboró Ruxi Mendieta)
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