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Vaquita marina: 30 años de alarmas

27 de mayo de 2024 00:04

Como oportunamente aclararon los más prestigiosos científicos, aunque la vaquita marina vive únicamente en aguas del golfo de California, no es herbívora. Es el más pequeño de un grupo de mamíferos emparentados con las ballenas. Mide 1.5 metros y pesa 55 kilogramos. Los especialistas la descubrieron hace 60 años y le dieron por nombre Phocoena sinus.

Mucho se ha hablado en los medios de ella y mucho más en las revistas y en los círculos científicos, que detallan el ambiente en que vive y sus costumbres. Cómo pueden reproducirse a partir de los tres años de edad y puede criar anualmente. Se calcula que vive cerca de 20 años. Su alimento se basa en calamares y peces.

Las alarmas sobre la inminencia de su desaparición comenzaron a sonar especialmente las últimas tres décadas. Y con razón, pues mientras a fines del siglo pasado se calculaba que en el golfo de California vivían alrededor de 570 ejemplares, hace ocho años apenas eran 30. Y en enero pasado, 14.

Oportunamente se supo la causa de su disminución tan acelerada: moría en las redes destinadas a capturar ilegalmente un pez, la totoaba, cuyo buche tiene gran demanda en el mercado chino por sus supuestas propiedades medicinales y afrodisiacas.

En junio de 1993 tuve la oportunidad de conocer al endémico mamífero en una visita al alto golfo en compañía de expertos de México y Estados Unidos. Ese mes precisamente fue publicado el decreto por el que se declaró área natural protegida el alto golfo de California y delta del río Colorado. Comprende porciones de dicho Golfo y los municipios de Mexicali, Puerto Peñasco y San Luis Río Colorado. Su objetivo: conservar y proteger los ecosistemas de la región, la biodiversidad, los procesos evolutivos, los hábitats de reproducción, desove y alimentación de especies marinas de importancia ecológica y comercial. Y en especial las especies endémicas o en peligro de extinción, como la vaquita y la totoaba.

Pero de nada sirvió el decreto porque en 2001 la vaquita fue incluida en la lista de especies en peligro de extinción. Como su número continuó reduciéndose, en 2005 el gobierno federal decidió establecer un área natural protegida, con el fin de conservar y proteger su hábitat.

Posteriormente se aprobaron numerosos programas y medidas drásticas a fin de que la vaquita no desapareciera. Y todo por la pesca de la totoaba, cuyo buche adquirió mayor precio en el mercado asiático a medida que cierto sector de la población china elevó su calidad de vida y su ingreso.

Entre los programas, destacaron, por ejemplo, el de Acción para la Conservación de la Vaquita Marina y el comité internacional para su recuperación. Sus tareas prioritarias: regular la pesca y las técnicas utilizadas por ésta en el área refugio. Además se establecieron programas de apoyo a los pescadores a fin de que tuvieran ingresos que desalentaran la captura de la totoaba con sistemas nada sostenibles para el medio marino.

Dichos programas y otras acciones gubernamentales no dieron por fruto la protección de la vaquita. Una cadena de complicidades hizo su aparición a fin de burlar las medidas tomadas. Y como cereza del pastel, la inoperancia del sistema de vigilancia por la Secretaría de Marina, la corrupción en algunas dependencias gubernamentales y en las organizaciones pesqueras locales.

A pesar de la declaratoria de la zona de protección de la vaquita, continuó la captura incidental. Por ello se declaró una más estricta de tolerancia cero (ZTC), vigilada por la Armada, la cual colocó trampas para capturar redes ilegales y disminuyó el número de embarcaciones pesqueras, a fin de aumentar la población del pequeño mamífero.

El desbarajuste era tal que en marzo del año pasado, el gobierno mexicano informó que enfrentaba sanciones de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites, por sus siglas en inglés) por no hacer lo suficiente para proteger la vaquita. No se dieron a conocer las posibles sanciones, pero le dificultarían al país exportar algunos productos de animales y plantas. Por ejemplo, las pieles de cocodrilo o víbora, las orquídeas y los cactus. Bien vale la pena abundar sobre lo que sucede ahora con tan preciada especie el lunes próximo. 

La escuelita de Miguel Concha

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