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Carlos Slim, a quien la oposición hizo coqueteos para postularlo a la Presidencia en 2018, ante la baja popularidad de Anaya y Meade. Foto José Antonio López
12 de febrero de 2024 07:37

No transcurre día sin que se publique una que otra exclusiva mediática sobre presunto narcofinanciamiento de campañas políticas, pero los mismos denunciantes guardan sepulcral silencio sobre lo que, de mucho tiempo atrás, ha sido una práctica ilegal y antidemocrática, y más que visible de la minoría rapaz con el fin de imponer candidatos prianistas, especialmente en la Presidencia de la República.

A esa minoría rapaz ese mecanismo le funcionó, hasta 2018, en por lo menos las últimas cinco elecciones presidenciales al hilo (Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto), pero en la de ese año de plano se topó con pared, a pesar del río de dinero por ella invertido ilegalmente. De cualquier suerte, ese grupúsculo hizo de todo para evitar el triunfo de López Obrador, pero ante la arrasadora victoria del tabasqueño y, por ende, la abrumadora derrota de sus intereses, ese grupúsculo enfocó baterías, también fallidamente, a socavar el nuevo sexenio.

Años atrás (2001-2002), uno de los barones autóctonos marca Forbes, ya fallecido, puntualizaba que los más ricos entre los ricos mexicanos no tenía preferencias, compromisos ni afectos ideológicos o partidarios (aunque él mismo se inclinaba por la cúpula de la familia priísta, por amistad, compadrazgo y, sobre todo, buenos negocios), pero sí intereses muy concretos a cambio del grueso financiamiento electoral que aportaban, de tal suerte que para él y los de su estirpe no se trataba de una apuesta, sino de una inversión para pasar factura a quien resultara electo para ocupar Los Pinos.

Un caso emblemático, aunque no, es aquel pase de charola (1993) organizado por Carlos Salinas de Gortari en casa del exsecretario de Hacienda Antonio Ortiz Mena con el fin de que la minoría rapaz aportara lo suyo a la campaña de Luis Donaldo Colosio: no menos de 25 millones de dólares por cabeza, y fue tal el éxito que Emilio El Tigre Azcárraga Milmo, dueño de Televisa, aportó el doble, dadas las voluminosas ganancias que el sexenio de la solidaridad le facilitó.

Qué decir de Carlos Cabal Peniche, uno de los consentidos de Salinas, quien reconoció su financiamiento a la campaña de Colosio y a la de su sucesor, el democrático Ernesto Zedillo, para lo cual ilegalmente utilizó recursos del Banco Unión (reprivatizado, rescatado por el Fobaproa y posteriormente extranjerizado). Además, hizo lo propio para la campaña de Roberto Madrazo a la gubernatura de Tabasco, porque, dijo, es común que el PRI pase la charola. Y Gerardo de Prevoisin, que defraudó a la reprivatizada Aeroméxico (también rescatada por el Fobaproa) y parte del dinero (8 millones de dólares) lo utilizó para financiar la campaña de Zedillo. Y como estos, muchos más.

En el pase de charola de 1993, además de El Tigre, participaron, entre otros, Carlos Slim, Alberto Bailleres, Jorge Larrea ( El Azote, papá del tóxico Germán), Eugenio Garza Lagüera, Lorenzo Zambrano, Roberto González Barrera, Roberto Hernández, Alfredo Harp, Ángel Losada, Gilberto Borja, Diego Gutiérrez Cortina, Eloy Vallina y Carlos Peralta. A partir de entonces intentaron ser más cuidadosos para evitar filtraciones, pero se descararon.

Y como en 2018 no pudieron imponer otro inquilino de Los Pinos, entonces procedieron en sentido contrario. La Jornada (Alejandro Alegría) lo reseña así: “por lo menos en dos ocasiones antes de la elección de ese año, varios de los empresarios más influyentes del país se reunieron con el propósito de definir acciones para contener el ascenso electoral del hoy presidente López Obrador, relata el propio mandatario en su libro ¡Gracias! En una de ellas, afirma, acordaron aportar un millón de dólares cada uno ‘para pagar propaganda en mi contra’, pero destacó el desplante de Roberto Hernández: ‘¡yo pago 5 millones!’ Aquel año un grupo oligárquico propuso a Slim para ser candidato presidencial, ante la falta de crecimiento de José Antonio Meade (PRI) y Ricardo Anaya (PAN). Incluso, desde la campaña presidencial de 2006, varios de los hombres más ricos de México me ofrecieron dinero. Nunca acepté”.

¿Quiénes se reúnen para complotar y financiar a la oposición? Los de siempre.

Las rebanadas del pastel

Si de mafia se trata, ahí está el cacique Ricardo Monreal que impuso a su hija Catalina como precandidata morenista a la alcaldía Cuauhtémoc, porque ganó la encuesta. Primero la esperpéntica Sandra Cuevas y ahora su nena. Vergüenza debe darle a Sebastián Ramírez, Citlalli Hernández y Mario Delgado… Y la gelatinosa, junto con Borolas, besando pies de la ultraderecha gachupina.

Twitter: @cafevega

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