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La urgente solidaridad con Palestina

30 de noviembre de 2025 08:35

El Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino, que en la Ciudad de México se conmemoró con una marcha hacia la antigua sede de la embajada de Washington, llegó en un momento de vergonzoso silencio ante el genocidio que Israel lleva adelante en Gaza y Cisjordania reocupadas. Así lo reconoce el secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, al señalar que el hambre, las enfermedades y los traumas están a la orden del día, y escuelas, hogares y hospitales permanecen en ruinas, mientras “la injusticia continúa también en la ribera occidental ocupada, incluida Jerusalén Oriental, con las operaciones militares israelíes, la violencia de los colonos, la expansión de los asentamientos, los desalojos, demoliciones y amenazas de anexión”.

Pese a la fuerza de su denuncia, el máximo dirigente de la ONU se queda corto al decir que “esta tragedia ha puesto a prueba las normas y leyes por los que la comunidad internacional se ha regido durante generaciones”, pues lo cierto es que la impunidad absoluta de Tel Aviv ha demostrado que tales normas son puro papel mojado cuando las transgresiones son perpetradas por Israel o los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Como nunca, dichos estados presumen que pueden masacrar civiles, anular la soberanía de cualquier país, poseer arsenales nucleares de manera clandestina, usar el hambre como arma de guerra, organizar asesinatos selectivos y actos terroristas a gran escala no sólo sin recibir castigo, sino manteniendo su membresía en todos los organismos deportivos, culturales y educativos como si se tratase de observantes estrictos de la legalidad.

A dos años de que el régimen del primer ministro Benjamin Netanyahu aceleró la limpieza étnica contra el pueblo palestino iniciada en 1948, al menos 70 mil 100 miembros de ese pueblo han sido asesinados por las fuerzas de ocupación israelíes armadas por Estados Unidos y Europa; 170 mil han resultado heridas, y los sobrevivientes se ocultan y pernoctan entre 61 millones de toneladas de escombros. Desde el 10 de octubre, cuando oficialmente entró en vigor un falso alto el fuego, las tropas y los colonos sionistas han matado a 500 palestinos; impiden la entrada de 76 por ciento de la ayuda humanitaria; mantienen secuestrados a miles en condiciones de tortura permanente, consideradas inhumanas por las propias autoridades israelíes, y prosiguen la destrucción sistemática de las condiciones de habitabilidad tanto en la franja como en Cisjordania. En los hechos, hasta ahora ese “alto el fuego” no ha sido más que una operación propagandística orquestada por Estados Unidos y sus aliados para facilitar a Tel Aviv que prosiga el genocidio sin las tenues presiones políticas y mediáticas que se habían formado ante la escala de la matanza.

En resumen, hablar de solidaridad con el pueblo palestino es una ingenuidad o una broma macabra cuando hombres, mujeres y niños languidecen bajo la bota del colonialismo y se encuentran a merced de un régimen que ha expresado de manera reiterada y pública su intención de aniquilarlos. Desde hace meses ha quedado claro que la única manera de mantener la vigencia de los derechos humanos y restaurar el orden internacional al que alude el secretario general de la ONU consiste en hacer realidad la solución de dos estados con las fronteras de 1967, lo cual es imposible en tanto no se desarme a Israel y se procese penalmente a todos los responsables del genocidio.


 

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