Guadalajara, Jal., Con esa serenidad que parece venirle de generaciones de narradores y de un mundo que ha visto cambiar demasiado rápido, el escritor y periodista Amin Maalouf (Beirut, Líbano, 1949), apenas tomó el micrófono, pronunció: “Nuestra especie ha hecho realidad, en las últimas décadas, sueños que acariciaba desde hace milenios”.
Su frase, luminosa y a la vez inquieta, acompañó el momento en que recibió el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2025 e inauguró ayer la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, en una jornada que desbordó de visitantes el auditorio Juan Rulfo de Expo Guadalajara.
La sala llena contuvo el aliento mientras Maalouf comenzaba a desgranar un discurso cálido y lúcido, un tejido de melancolía del tiempo y de un asombro casi juvenil por lo que la humanidad ha hecho posible.
“A principios de septiembre, con inmensa alegría, recibí la noticia de que me habían elegido ganador del premio. Siempre he tenido una gran admiración por este prestigioso galardón, que celebra la literatura, la diversidad de las lenguas y, de alguna manera, el parentesco entre todas las culturas humanas”, dijo, y ese agradecimiento se sintió como un abrazo colectivo.
Entre recuerdos familiares, las viejas imprentas de plomo donde trabajaba su padre y advertencias sobre el futuro, Maalouf invitó a sostener dos emociones contradictorias como brújula para habitar este siglo: la inquietud y la fascinación.
Celebró la posibilidad, hoy tan cotidiana, de acceder desde un teléfono a lo que antes exigía bibliotecas y máquinas pesadas. No obstante, dejó ver también la sombra que le preocupa: “jamás habría imaginado que la guerra regresaría con tanta fuerza al centro de la actualidad… que la voz de las organizaciones internacionales se volvería casi inaudible ni que el universalismo retrocedería con el paso de las décadas, en lugar de avanzar; ni que la democracia misma llegaría a verse debilitada y amenazada, incluso en países donde parecía definitivamente consolidada y a salvo de toda tentación tiránica”.
El público escuchó con una atención casi tensa cuando señaló el riesgo mayor: el avance tecnológico que no necesita el permiso humano para seguir su curso. “Ningún Estado, por poderoso que sea, podría detener el curso de la ciencia…, pero las mentalidades sí pueden retroceder”, advirtió.
Y así llegó al corazón de su mensaje: la literatura como herramienta ética en tiempos vertiginosos.
“Su primera misión es hacernos conscientes de la complejidad del mundo. La segunda, convencernos de que nuestro destino se ha vuelto común: o sobrevivimos juntos o desaparecemos juntos. Y la tercera, arrojar luz sobre los valores esenciales del ser humano.
“La literatura es hoy más indispensable que nunca: porque puede ayudarnos a reparar el presente e imaginar lo que viene.”
El escritor y periodista Amin Maalouf (centro) recibió un largo y cálido aplauso no sólo por sus palabras, sino por la claridad con que fueron dichas. Foto Arturo Campos Cedillo
En un encuentro posterior con representantes de la prensa, Amin Maalouf profundizó en algunos de los temas que atraviesan su obra. A pregunta de La Jornada sobre el conflicto entre Israel y Palestina, el autor respondió con tristeza: “He visto varias veces acercarse una solución y cada vez ha terminado en decepción. Hoy no veo una salida, aunque sigo esperando que algo cambie”.
Sobre la importancia del silencio en su escritura, explicó que se trata de un territorio cada vez más escaso.
“Necesito mucho silencio al momento de escribir y hoy es difícil encontrarlo. Vivimos en un mundo ruidoso, saturado de información y redes. Es esencial preservar un espacio donde podamos encontrarnos con nosotros mismos.”
En cuanto a su giro hacia el ensayo en los últimos años, puntualizó que responde a la necesidad de pensar con precisión el mundo contemporáneo. “A veces la ficción no me basta para expresar con claridad lo que quiero decir”.
El aplauso final fue largo y cálido, como si el público agradeciera no sólo las palabras, sino la claridad con que fueron dichas. Así arrancó la primera jornada de la FIL: con un escritor que, desde la memoria familiar y la mirada planetaria, trazó una ruta ética en medio de los temores contemporáneos. Y con una imagen luminosa: cientos de personas reunidas no para huir del mundo, sino para comprenderlo juntos, libro en mano.
La biblioteca del juglar
También durante la inauguración, en una salón dentro de Expo Guadalajara que lució pletórico, el presidente de la FIL, Trinidad Padilla López, anunció que la familia de Juan José Arreola decidió donar a la UdeG la biblioteca personal del llamado juglar de la literatura mexicana, institución educativa que a su vez administra la biblioteca pública de Jalisco, la cual lleva el nombre del escritor nacido en Zapotlán el Grande.
“Gracias a la generosidad de su familia, que hoy nos acompaña, la biblioteca personal del gran escritor y juglar jalisciense será donada a la UdeG y resguardada en la biblioteca pública del estado que lleva su nombre. No se trata sólo de resguardar libros, sino de preservar huellas del pensamiento”, señaló.
Jaime Collboni Cuadrado, alcalde de Barcelona, ciudad invitada de honor este año, afirmó que en esa capital catalana se produce en 80 por ciento de todos los libros que se editan en España y dijo que nunca olvidarán que México fue el único país que no reconoció a la dictadura franquista, además de tender un puerto para la emigración de los republicanos ibéricos.
Marcelo Ebrard, secretario de Economía, en representación de la presidenta Claudia Sheinbaum, no sólo regresó al presidium de la FIL a integrantes de primer nivel del gobierno federal, que estuvieron ausentes en cinco años de la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador, sino que también entregó una certificación a los organizadores de la feria. A la inauguración también asistió Giovanni Azael Figueroa Mejía, ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Dicha certificación, de parte de la Presidenta, mencionó Ebrard, se entregó a la rectora de la UdeG, Karla Planter, por “la perseverancia, excelencia y compromiso” que la FIL ha demostrado a lo largo de casi cuatro décadas desde su primera edición en 1987, logrando que Guadalajara se consolide a nivel internacional como un referente mexicano de la literatura, los libros, los negocios editoriales y la promoción cultural.
