El 30 de agosto se conmemora por la Organización de Naciones Unidas (ONU) el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas. Este crimen horrendo, junto con los asesinatos, feminicidios y desplazamientos forzados se han instalado como parte de la vida cotidiana en todo el mundo. En algunos países, como México, las cifras que alcanza son escandalosas.
So pretexto de la fecha, ahondar en la comprensión de las causas que originan la desaparición forzada y las dinámicas que alimentan esta forma de violencia, resulta fundamental para pensar los caminos que pueden llevar a su fin.
De modo sintético podemos afirmar que son al menos 10 rasgos estructurales los que explican que estas formas de violencia-exterminio sean parte de una nueva normalidad mundial. Éstos son:
1) La industria militar-armamentista es uno de los engranes que mueven al capitalismo. A lo largo del siglo pasado y lo que va de éste, las guerras (abiertas o encubiertas) han demostrado ser vitales para dinamizar los procesos de acumulación de capital tras los periodos de estancamiento.
2) Las diversas ramas de la economía criminal son inherentes a la especulación y parasitismo de la economía contemporánea. Su carácter ilegal permite ganancias extraordinarias que terminan por alimentar los circuitos financieros legales.
3) En la medida en que la democracia liberal no logra sostenerse como la forma privilegiada de política, crece la tendencia política a que las fuerzas armadas ocupen espacios de la vida civil y que la militarización de la vida pública se imponga como la forma ideal de orden social.
4) El despojo de tierras y la extracción de bienes comunes es vital para la acumulación y especulación de capitales. La división comunitaria y la violencia extrema contribuyen al desplazamiento forzado de población e, idealmente, al vaciamiento de territorios. Los pueblos originarios que detentan el control de reductos de lo que antes fueran pueblos enteros son el principal objetivo a reducir, cuando no exterminar.
5) Para que grandes sectores de la población sobrevivan sin rebelarse, bajo condiciones de miseria, largos periodos de desempleo, sin acceso a derechos elementales, se requiere un disciplinamiento forzado permanente. El terror social es el vehículo más eficaz para influir a que las personas asuman su condición de vida como el escenario menos malo de los posibles.
6) La forma dominante que tiene el consumo de sustancias psicoactivas en el mundo ayuda al disciplinamiento social, fortalece la relación dominadosdominadores y resquebraja los vínculos comunitarios. De allí que, en su momento, el Partido de las Panteras Negras en Estados Unidos denunciara como una Guerra Química la introducción de drogas en sus comunidades.
7) Se requiere de una ofensiva cultural capaz de hacer que las grandes mayorías asuman que son población desechable y, por ende, prefieran vivir “poco pero bien”, sumándose a las dinámicas destructivas de consumo y crezca la aspiración entre la juventud de ser parte de grupos criminales que les ofrecen dinero y prestigio a cambio de una vida breve.
8) Como corolario de esa cultura y afirmación de la estructura básica de la sociedad, las disidencias (mujeres, migrantes, palestinos, periodistas honestos, buscadoras y activistas comunitarios) son la parte más incómoda de la sociedad y su vida resulta necesariamente desechable para conservar el orden.
9) La violencia contra las mujeres aumenta de manera inexorable con la fortaleza del poder político y económico. El orden patriarcal necesita afirmarse sometiendo violentamente a las mujeres y a las disidencias sexo genéricas.
10) Toda esa lógica se impone a la sociedad de manera anónima. No parece haber responsables de estos crímenes que ayudan a mantener vivo al sistema. Mientras, los principales causantes de esta situación, utilizan el combate al terrorismo y las drogas como propaganda para justificar la guerra contra gobiernos y estados contrarios a sus intereses.
El panorama resulta desalentador. Predomina el desánimo para pensar alternativas anti capitalistas mientras parece evidente que no hay salida posible dentro del sistema. ¿Es posible una reforma al capital que pueda contener los 10 rasgos enlistados antes? ¿Qué es más viable, un capitalismo sin violencia o un proyecto anticapitalista?
¿Podrán las buscadoras combinar actualmente la demanda de presentación de sus desaparecidos con la creación, desde abajo, de un proyecto de justicia y paz, que tendría que ser, por lo argumentado antes, necesariamente anticapitalista?
¿Podrán juntarse ellas con los otros actores sociales que hoy se proponen construir alternativas desde lo local?
¿Podrá emerger, desde distintos rincones del mundo, una nueva ola de pensamiento y acción que, oponiéndose a las violencias sistémicas, trace proyectos locales, nacionales y mundiales de liberación total?
*Filósofo