Ciudad de México. Habitantes de colonias y barrios históricamente populares como Roma, Condesa, Centro Histórico, Santa María la Ribera, Tepito, Escandón y ahora la colonia Obrera —esta última en la alcaldía Cuauhtémoc—, enfrentan el encarecimiento de rentas, presiones inmobiliarias y la llegada constante de turistas que rentan por corto plazo.
Comerciantes y vecinos denuncian que el encarecimiento de servicios y vivienda ha comenzado a desplazar a los habitantes originales. César Arellano, quien ha vivido por más de una década entre la calle 5 de febrero y el Eje 2A Manuel Payno señaló: “Vecinos se quejan de que, debido a los negocios que se abren para acomodar a gente extranjera, se sube la renta, antes la canasta básica no era tan cara”.
En menos de cinco años, las tarifas se han elevado, Sandro Ortega, dueño de una imprenta comentó: “Cuando llegué las rentas eran económicas, ahora están exageradamente caras, un local de 4 por 4 metros se renta en más de 10 mil pesos”, apuntó.
De acuerdo con Jesús Escobar, licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional Autónoma de México, la situación ha sido identificada como parte de un modelo de desarrollo urbano que privilegia la inversión y el turismo.
César, quien tiene un puesto donde expende fruta, tiene 8 años viviendo en la colonia Obrera, en la alcaldía Cuahtémoc, en la Ciudad de México, el 9 de julio de 2025. Foto Jorge Ángel Pablo García
Advirtió que la gentrificación es un fenómeno que responde a intereses económicos, impulsado por los llamados “nómadas digitales”, el trabajo remoto y plataformas como Airbnb, las cuales “instrumentan la llegada de personas con un mayor poder adquisitivo, lo cual eleva precios de vivienda y de servicios y bienes”, señaló.
Además explicó que al ser colonias que ya contaban con estructura urbana, se facilita su revalorización, lo que afecta incluso a personas de la tercera edad, como el caso de Ricardo Corona, que vivió durante 76 años en una vecindad de la calle José Tomás Cuéllar hasta que hace unos meses fue desalojado.
En su testimonio narró que el inmueble fue remodelado poco después. “Me dijeron que ya no me querían como inquilino, desde que yo viví ahí nunca habían hecho arreglos, ahora tiraron muros y cambiaron el piso de cemento por mosaico” detalló. Actualmente vive en la calle Fernando Ramírez donde paga una renta de 6 mil pesos mensuales por un departamento con espacio muy reducido.
Vecinos agregaron que cada año las rentas suben un cinco por ciento, sobre todo con la presencia de extranjeros que pagan hasta 12 mil pesos por rentar en la zona. “Por aquí hay haitianos, venezolanos, polacos e incluso paquistaníes y japoneses”, refirieron.
El experto apuntó que si el Gobierno no regula el problema, se ampliará la pérdida de identidad social, desigualdad, segregación socioespacial y la presión sobre la periferia, donde se expulsa a quienes ya no pueden costear vivir en sus colonias de origen.