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La oscuridad

13 de febrero de 2024 00:04

Antonio Guterres (AG), secretario general de la ONU, hizo el pasado 7 de febrero uno de los llamados más dramáticos que haya pronunciado, dirigido a los responsables políticos de todas las naciones. Al día siguiente sus palabras merecieron una breve nota informativa en los medios del planeta y, acto seguido, la nota se hundió en el océano de las desgracias del mundo: todo continuó en la normalidad de nuestros días signada por la oscuridad futura de la humanidad, con los ricos en orgía haciéndose más ricos y haciendo más pobres a los pobres.

Dicen las palabras iniciales de AG: “Nuestra organización se fundó en la búsqueda de la paz. La paz es nuestra razón de ser. Sin embargo, cuando observo el panorama del mundo actual, lo que falta de forma más dramática es la paz. Y con ello me refiero a la paz en todas sus dimensiones. A medida que se recrudecen los conflictos y crecen las divisiones geopolíticas, la paz en nuestro mundo se ve amenazada. A medida que se profundiza la polarización y se pisotean los derechos humanos, se socava la paz dentro de las comunidades. A medida que estallan las desigualdades, la paz con justicia se hace añicos. Al continuar nuestra adicción a los combustibles fósiles, nos burlamos de cualquier noción de paz con la naturaleza. En todo el mundo, y en toda la gama de problemas, la paz es la pieza que falta… Hay tanta ira, odio y ruido en nuestro mundo actual. Parece que todos los días y a cada paso hay guerra. Conflictos terribles que matan y mutilan a civiles en cantidades sin precedentes. Guerras de palabras. Guerras territoriales. Guerras culturales”.

La contumacia ciega y sorda de las guerras sanguinarias en curso es la envoltura que no oculta los intereses económicos y geopolíticos que se debaten en su propia autodefensa. La realidad del momento actual del capitalismo es la del sálvese el que pueda proferido por los grandes poderes, que creen que proteger sus intereses y su poder, consiste en ampliarlos sin tregua: deben por eso poner a raya a los de abajo, estén donde estén. En Medio Oriente deben liquidar a los “terroristas” (Hamas, Hezbola, la Yihad Islámica) hasta borrarlos del mapa. Y van juntos en esa cruzada: EU, la Unión Europea, Japón. Desprecian los “sermones” de AG. Más aún, Netanyahu pide su renuncia por haber dicho que “Hamas no nació de la nada”, recordando la historia de ocupación violenta de los territorios palestinos por el sionismo. En pelea por la exclusión continua, no es extraño que los de arriba rechacen reformar el Consejo de Seguridad de la ONU.

AG propuso en su alocución una reforma del sistema financiero internacional. Sería imperiosa una reforma que limitara los ingresos enloquecidos de este sector parasitario que no produce nada. Pero se trata de la casamata mayor del capitalismo neoliberal, y posee los instrumentos de control sobre casi cualquiera empresa o gobierno. El capitalismo neoliberal es irreformable. Las reformas posibles pueden darse en el marco de los estados-nación, no en el ámbito de la economía global. Sería necesaria una reforma decidida por todos los estados del centro imperialista: los países más desarrollados de la OCDE. La economía capitalista desde hace tiempo está imposibilitada de proveer de satisfactores a la población mundial; más aún, funciona aplastando la vida de los más pobres del planeta.

La ley no funciona en ninguna parte como instrumento de convivencia social. Es, en lo fundamental, en el estrecho marco del Estado-nación, apenas un instrumento de la dominación. En el ámbito internacional no tiene validez. No existe una institución global que pueda impartir justicia ni hacer valederas sus resoluciones. En el espacio global sólo existe la fuerza. Los estados se respetan entre sí cuando poseen una fuerza militar equivalente. Cuando no es así, los más fuertes aplastan a los débiles.

El conflicto potencial mayor de nuestros días proviene de la urgencia de EU por diezmar la fuerza económica y militar de Rusia y China. La guerra en Ucrania proviene de la itentona de EU por mermar militarmente a Rusia –desde la caída de la URSS en 1990–, e intentar evitar a toda costa una alianza de largo plazo entre Rusia y China. EU ve a China, desde el inicio del gobierno de Biden, como la mayor amenaza a su existencia de centro imperialista mayor. No existe ninguna posibilidad de crear una ruta que lleve a una paz internacional, que evite el alto riesgo de confrontación de EU con Rusia, o con China, o con ambos.

Ese conflicto potencial abosorbe la energía de todas las potencias y hace a un lado la inmensa gravedad del daño que los ricos causan al planeta. Como escribiera la ONU, “el cambio climático ha transformado los ecosistemas marinos, terrestres y de agua dulce en todo el mundo. Ha provocado la pérdida de especies locales, el aumento de enfermedades y ha impulsado la mortalidad masiva de plantas y animales, dando lugar a las primeras extinciones provocadas por el clima”. Nada puede cambiar ese curso, no hay lugar para ilusiones.

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