Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 6 de noviembre de 2011 Num: 870

Portada

Presentación

Bazar de asombros
Hugo Gutiérrez Vega

Bitácora bifronte
RicardoVenegas

Cigarro y libertad
Werner Colombani

La óptica de la poesía
en Yves Soucy

José María Espinasa

Chaplin y Reshevsky,
el cómico y el prodigio

Hugo Vargas

Dos miradas sobre la poesía queretana
Ricardo Yez entrevista con Luis Alberto Arellano y Arturo Santana

Belice y otros paraísos
Fabrizio Lorusso

Shakespeare and Company
Vilma Fuentes

Leer

Columnas:
Jornada de Poesía
Juan Domingo Argüelles

Paso a Retirarme
Ana García Bergua

Bemol Sostenido
Alonso Arreola

Cinexcusas
Luis Tovar

La Jornada Virtual
Naief Yehya

A Lápiz
Enrique López Aguilar

Artes Visuales
Germaine Gómez Haro

Cabezalcubo
Jorge Moch


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El espectáculo de la caída de Kadafi (I DE II)

El tirano estridente

La tercera víctima de la revuelta árabe que comenzó en la primavera ha sido, como era previsible, Muammar Kadafi, el amigo-villano favorito de las potencias coloniales, el líder endiosado que realmente pensaba que su pueblo, y de paso todos los pueblos tercermundistas, lo amaban hasta la muerte. Kadafi, como otros tiranos antagonistas a Estados Unidos y Europa, llevaba sobre las espaldas una pesada carga de redentor, un portafolios de revolucionario que arrastró desde 1969 hasta más o menos 1988, año en que se dio por vencido. Sus esfuerzos por ayudar al ERI, a los sandinistas, a la OLP y a otros tantos grupos revolucionarios lo dejaron decepcionado y, además, bombardeado por el gobierno de Ronald Reagan (un acto que Kadafi esperaba que serviría para detonar una respuesta de solidaridad internacional pero que sólo le valió la mofa de algunos y la compasión hipócrita de otros). De pronto el Hermano líder dejó de creer en la liberación de Palestina, en la unidad de los árabes y en los ideales del Tercer Mundo. El coronel Kadafi se conformó con dejarse usar como dictador de utilería de Occidente: lo satanizaban o le besaban el anillo y él deliraba ofreciendo su show bajo la forma de un lunático desfile de modas, delirantes e inacabables discursos, espectaculares guardaespaldas amazonas o su ya proverbial enfermera ucraniana.

El tirano incómodo

Desde su ascenso al poder Kadafi se supo un líder carismático, una personalidad mediática que en sus visitas internacionales instalaba su tienda de campaña en las capitales europeas o en Nueva York; que daba entrevistas mientras conducía un tractor o coqueteaba con Condoleezza Rice, a quien llamaba hija de África. Como han señalado muchos comentaristas, Kadafi vivo representaba un problema. Un juicio en el Tribunal Internacional hubiera sido embarazoso para todos aquellos que coquetearon e hicieron negocios con él a lo largo de sus cuarenta y dos años en el poder. Para la OTAN, y en particular para Berlusconi y Sarkozy, era importante que no saliera con vida de Sirte. Así, la misión que supuestamente debía proteger a la población civil, pasó a la ofensiva muy pronto, hasta que el 21 de octubre de 2011 los misiles de la OTAN destruyeron un convoy en el que viajaba Kadafi, el exlíder salió vivo del ataque y trató de ocultarse en una tubería de donde fue sacado por los rebeldes que lo golpearon (incluso lo sodomizaron con un palo o vara como muestra uno de los muchos videos que circulan en la web), lo pasearon como trofeo y finalmente lo ejecutaron en circunstancias que aún se debaten, para luego exhibir su cadáver como entretenimiento morboso y revanchista.

El tirano complaciente

Los crímenes y abusos de Kadafi nunca fueron un secreto, y si bien eran repugnantes como los de cualquier déspota, no fueron muy distintos de los que caracterizan a los sátrapas de Saudi Arabia, Bahrein, Nigeria y tantos etcéteras más. Pero este líder se ofreció gustoso para hacer el trabajo sucio de tortura, detención forzada y asesinato para sus entonces amigos estadunidenses en el programa de “rendición extraordinaria”.  Para tener contentos a sus nuevos socios, Kadafi renunció a su programa de armas de “destrucción masiva”, el cual, de acuerdo con los analistas y expertos independientes, nunca pudo desarrollar y no era más que una colección de aparatos inservibles, centrífugas destartaladas y algo de uranio. El mismo Mohamed el Baradei declaró:  “El programa estaba en sus fases iniciales de desarrollo cuando fue descontinuado”,  lo cual es grave considerando que llevaba veinticinco años trabajando en él.

La revuelta amateur

La revuelta libia, como el líder que deseaban derrocar, fue desde el principio un espectáculo grotesco. Durante semanas los medios electrónicos, desde Al Jazeera hasta Fox News, parecían disfrutar poniendo en evidencia la ingenuidad, torpeza e incompetencia de los jóvenes rebeldes, a quienes se mostraba, en el mejor de los casos, como voluntariosos suicidas, como una turba heroica e inexperta en asuntos militares y cuyas armas la hacían más peligrosa para sí misma que para el ejército del coronel. Poco después quedó claro que esas imágenes fueron un ejercicio propagandístico más, una clara estrategia para preparar al público para otra guerra humanitaria más. De nuevo, las acciones bélicas en contra de un país árabe tomaron como pretexto reportes anecdóticos, testimonios falsos y datos manipulados. Durante los meses en que la represión se desataba en otros países árabes en contra de manifestantes desarmados, la atención de los medios se enfocaba en la campaña de destrucción sistemática llevada a cabo por la OTAN y en la guerra amateur que lanzaban los rebeldes desde Bengasi.  Esta no fue una revolución de twitter o facebook, como felizmente rebautizaron los medios occidentales a otros movimientos populares; este fue un golpe de Estado bajo el modelo convencional, donde un grupo es armado y apoyado por ejércitos extranjeros para derrocar un gobierno indeseable.

(Continuará)