Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 6 de noviembre de 2011 Num: 870

Portada

Presentación

Bazar de asombros
Hugo Gutiérrez Vega

Bitácora bifronte
RicardoVenegas

Cigarro y libertad
Werner Colombani

La óptica de la poesía
en Yves Soucy

José María Espinasa

Chaplin y Reshevsky,
el cómico y el prodigio

Hugo Vargas

Dos miradas sobre la poesía queretana
Ricardo Yez entrevista con Luis Alberto Arellano y Arturo Santana

Belice y otros paraísos
Fabrizio Lorusso

Shakespeare and Company
Vilma Fuentes

Leer

Columnas:
Jornada de Poesía
Juan Domingo Argüelles

Paso a Retirarme
Ana García Bergua

Bemol Sostenido
Alonso Arreola

Cinexcusas
Luis Tovar

La Jornada Virtual
Naief Yehya

A Lápiz
Enrique López Aguilar

Artes Visuales
Germaine Gómez Haro

Cabezalcubo
Jorge Moch


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Escena de la película El chico

Chaplin y Reshevsky,
el cómico y el prodigio

Hugo Vargas

La infancia de Charles Chaplin fue como una de sus películas. Tragedia y dolor cotidianos; pobreza y limitaciones constantes, aunque al final triunfa el bien. Sus padres, gente de teatro, se separaron cuando él y Stanley, su hermano mayor, eran niños. El padre murió de alcoholismo a los treinta y siete años.

Vestir casi en harapos, comer una rebanada de pan y una taza de té; vivir en la miseria –Chaplin recuerda el traqueteo de la máquina de coser en la madrugada– llevaron, según el actor, a su madre a la locura. Desde su internamiento en un psiquiátrico, los hermanos Chaplin pasan de una a otra escuela pública y deberán acostumbrarse a las largas ausencias maternas. Poco después Stanley consigue empleo en un barco y sale de Inglaterra. Charles, de apenas ocho o nueve años, debe vivir solo. Trabaja como mozo, recadero y recepcionista; se emplea en una papelería, una fábrica de vidrio, una imprenta…

“La vida me hacía sentir como una rata ciega y arrinconada a la espera de los azotes”, escribe en su autobiografía, citando a Conrad.

Pese a todo, Chaplin no pierde de vista su vocación de actor, que había descubierto al suplir a su madre en alguna función.

En la adolescencia, Chaplin trabaja para una compañía teatral londinense que realiza giras constantes por las provincias inglesas: un verdadero cómico de la legua. Por ese tiempo recibe la primera crítica elogiosa; se la lee un viejo actor que le advierte: “Muchacho, no te engolosines cuando te lea esto.” La crítica decía: “Si bien Sammy [el personaje de Chaplin] es un personaje trillado, resultó divertido gracias a Charles Chaplin, un niño actor brillante y de gran vigor. Nunca había oído hablar de él, sin embargo, espero grandes cosas de este niño en un futuro cercano.”

La madre de Chaplin entraba y salía de los hospitales. En su último ingreso estuvo internada dieciocho meses. “Jamás volvió a recuperar por completo su lucidez –escribe el cómico. Durante muchos años languideció en el manicomio hasta que pudimos solventar los gastos de un hospital privado.” Chaplin tiene quince años.

No tuvo suerte en su primer viaje a Estados Unidos pero poco después, en Londres, fue contratado por la compañía estadunidense Keystone Comedy Film. Es el inicio del éxito.

Smul Rzeszewski, mejor conocido como Samuel Reshevsky, fue uno de los más famosos niños prodigio del ajedrez. Nacido en 1911 en Ozerkov –hoy Polonia, pero entonces parte del imperio ruso– aprendió el juego a los cuatro años y a los ocho ya daba exhibiciones de simultáneas. Llegó a Estados Unidos en 1920 y dominó el ajedrez estadunidense una buena parte del siglo pasado.

Luego de graduarse en la Universidad de Chicago regresó a Europa y ganó el torneo de Margate, derrotando a Capablanca. En 1936, en Nottingham, compartió el tercer lugar, a medio punto de los ganadores; ganó en Hastings en 1937-1938 y compartió el cuarto lugar en Avro en 1938. Obtuvo el campeonato estadunidense en 1936, 38, 40, 41, 42 y 1946.

En los años cuarenta Reshevsky derrota en sendos encuentros a Horowitz, Najdorf, Gligoric y Benko. La primera vez que intentó obtener el campeonato mundial ocupó el tercer lugar en La Haya-Moscú, en 1948. Cinco años después, en Zurich, fue cuando quizá estuvo más cerca de conseguirlo. Compartió el segundo lugar con Bronstein y Keres, dos puntos debajo de Smyslov. En 2007, David Bronstein publicó Secret Notes donde reveló que las autoridades soviéticas habían ordenado a sus ajedrecistas impedir que Reshevsky ganara el torneo y que se acordaran resultados entre ellos para lograrlo.

Sammy, como le decían en EU, fue un jugador longevo. En 1961 empató un encuentro contra Fischer, llegó a la final del torneo Interzonal de 1964, que perdió ante Portisch, y a cuartos de final del torneo de candidatos de 1968. En 1969 ganó nuevamente el campeonato estadunidense.

Nueva York. 1921. Chaplin filma El chico. Reshevsky está en la ciudad para dar una exhibición de simultáneas en el Athletic Club y visita el set de la película.

Cuenta Chaplin: “Tenía un rostro pequeño, pálido y delgado, con grandes ojos que clavaba desafiante cuando estaba reunido con gente. Yo había sido advertido que era temperamental y que raras veces daba la mano a alguien.”


Samuel Reshevsky con Charlie Chaplin jugando ajedrez

Chaplin le preguntó al niño si le gustaban los duraznos. “Sí”, contestó Reshevsky. “De acuerdo, agregó el actor, tenemos un árbol lleno de ellos en el jardín, tú puedes trepar y conseguir algunos y puedes traer uno para mí. Quince minutos después regresó, contento, con muchos duraznos. Ese fue el comienzo de nuestra amistad.”

Cuando Reshevsky le preguntó si sabía jugar ajedrez, el cineasta admitió que no sabía. El niño le prometió que le enseñaría y lo invitó a la exhibición de simultáneas.

Cuenta Chaplin: “No es necesario comprender ajedrez para apreciar el drama de aquella noche: veinte hombres de mediana edad meditaban en sus tableros, puestos en un dilema por un infante de siete años que aparentaba aún menos edad. Observarlo caminar de un tablero a otro era un drama en sí.

Había algo de surrealismo en la escena: una audiencia de 300 o más personas sentadas en fila a ambos lados del salón, observando en silencio a un niño que oponía su inteligencia a la de serios adultos. Algunos parecían condescendientes, reflexionando con una sonrisa de Mona Lisa.

‘¡Aquí!’, un jugador lo llamaba y el niño corría, estudiaba la posición unos pocos segundos y luego, abruptamente, hacía una movida o decía ‘jaque mate!’, y un murmullo de risas se transmitía a través de la audiencia. Le vi dar mate a ocho jugadores en rápida sucesión, lo que provocó risas y aplausos.”