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Nosotros ya no somos los mismos

Producir y transmitir mensajes // Datos monstruosos de abuso a menores

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▲ Desde la mañana, el martes 21 empecé a recibir mensajes cálidos en torno al fallecimiento de Carlos Payán.Foto Carlos Ramos Mamahua
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esde la mañana del martes 21 del presente mes, cuando empecé a recibir mensajes electrónicos sobre mis comentarios en torno al triste fallecimiento de Carlos Payán, comencé a sentirme más sereno, más y más reconfortado. Los remitentes, personas desconocidas para mí, me decían palabras cálidas, fraternas. Me abrazaban. Pero resulta que a mediados de mañana arribó a su rinconcito de trabajo la maestra Blanca Ponce, quien generosamente me echa una mano para ordenar mis papeles y pergeñar las ideas que trato de trasmitir por medio de la columneta. Mostrándome La Jornada, me dijo con voz de homenaje: Mire maestro, su artículo y el de Pedro Miguel se llaman igual. De golpe, todo me quedó claro: el artículo que tanto halago me había acarreado no era, obviamente, el escrito por mí. La única ventaja es que la experiencia en golpes rudos ya permite a esta edad que los daños rasguñen menos.

Fuera resquemores y regresemos al proyecto interrumpido hace 15 días, la nueva sección de la columneta: la numeralia. Échense, con este reporte inaugural, un trompo a l’uña. Luego hablamos y mejoramos juntos la buena intención de esta idea, sobre todo si ustedes me ayudan ejerciendo su derecho a la información, el cual no se agota en ser receptor de mensajes, sino en productor y transmisor de los mismos.

Tercera llamada, tercera. Comenzamos. Gracias a Carolina Gómez Mena conocimos un informe de la OCDE, es decir Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. Su testimonio nos muestra sin ambages que nuestro país ha ganado, a pulso, uno de los primeros lugares en la acción criminal más ruin y despreciable, el abuso infantil. Viene la numeralia: de cada mil denuncias de abuso infantil, sólo 10 por ciento llega a plasmarse en una denuncia legal ante la autoridad pertinente, y fíjese lo que sigue: ú-n-i-c-a-m-e-n-t-e uno de cada 100 denunciados es considerado culpable y sometido al castigo que la ley estipula. Alberto Muñoz y Daniela Cisneros, conocedores a fondo de este grave problema, agregan que uno de cada cuatro niñas, niños y adolescentes de 10 a 17 años se sienten expuestos al abuso sexual, nada menos que por personas de su más cercano entorno social, y según datos del Sistema Nacional de Protección a Menores, aun cuando la sola mención del hecho suena a una verdadera monstruosidad, es necesario denunciarlo, pues casi la mitad de las agresiones sexuales contra infantes son cometidas por un familiar cercano, incluidos padres y padrastros.

Al paso del tiempo, pienso yo, la violencia sexual ejercida por estos desquiciados agresores se va centrando en el género femenino por razones muy obvias: durante la infancia, las niñas tienen recursos más o menos semejantes a los de los niños para defenderse. Al paso del tiempo sus estructuras van tomando características diferentes y con ello la capacidad y medios para protegerse frente a una agresión. Además, por supuesto, de la imposición de principios y normas paternalistas, discriminadoras, vejatorias y contra natura, dentro de las cuales se ha troquelado, por siglos, al género femenino. Tal vez por todo esto, todavía la violencia contra la mujer es costumbre cotidiana en los más diversos sitios y circunstancias. Aunque dentro de las clases altas (¿pus cuánto medirán estas clasecitas?), no suelen ser las cuestiones económicas las razones de la infamia contra sus propias descendientes, sino la mentalidad patriarcal con que ellos mismos han sido educados, la cual se reproduce generación tras generación con auxilio de la Iglesia católica romana, es decir, la mujer nace de una liposucción aplicada al padre Adán y de ésta se creó un ser secundario –ella–, cuya razón fundamental de su existencia será servir al hombre en las tareas básicas de subsistencia, para las cuales, como quien dice, muy preparado no estaba. Así nace el principio de la superioridad masculina. ¿A menos de que el señor ministro Javier Laynez conozca alguna versión de la Sagrada Biblia que nos relate que el hombre (Adán) fue creado aprovechando el pecho de una mujer (Eva), y no ésta de su costillar? Pero claro, eso lo pensaría y diría públicamente Laynez, si Norma Lucía Piña no hubiera sido nombrada presidenta de la SCJN.

Seguiremos con el tema, por hoy sólo decir que murió doña Lilia Suárez, madre de Alma y Lilia Rossbach Suárez. La noticia, también como a ellas, me desmadró. Las razones, tan tristes como festivas, las comentaré más adelante. Sólo quien no la hubiera conocido le desearía que descansara en paz. Allá donde esté, como fue siempre su vida, que siga la fiesta.

@ortiztejeda /