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Soy una monarca del mundo que me conocen más en Japón

Quiero que mis hijas vean que soy una mujer fregona: Anabel Ortiz
 
Periódico La Jornada
Miércoles 8 de abril de 2015, p. a11

Cuando la campeona mundial paja Anabel Ortiz asiste a las juntas escolares de sus hijas, suele decir que su ocupación es ama de casa. Lo hace para no llamar la atención. Por eso no les cuenta haber conquistado dos títulos del mundo y que casi siempre ha expuesto sus cinturones lejos del hogar, en Corea del Sur y Japón.

Soy una monarca del orbe desconocida en mi país, dice a toda prisa la apodada Avispa, pues debe recoger a sus pequeñas para luego correr a impartir clases de boxeo en el gimnasio que atiende junto con su esposo.

Es curioso que en Japón me reconozcan más, por las veces que he ido a pelear allá, comenta.

La pugilista afina detalles de su preparación para hacer su cuarta defensa del título paja de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), ahora ante la japonesa Nana Yoshikawa, el 29 de abril en Osaka.

No está nerviosa por el riesgo de viajar a exponer su campeonato, porque buscar la vía difícil la hace sentir más fuerte; Las campeonas no desean salir, quieren todo fácil, como Zulina Muñoz. Yo soy la única aventada, porque me gusta probarme que puedo, por eso me gusta arriesgar, señala Ortiz.

Es compañera de empresa –Canelo Promotions– de la campeona supermosca del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) la Loba Muñoz, a quien considera la estrella de la compañía, y por esa razón una peleadora a la que tratan de no exponer.

Si no quieren correr riesgos, allá ellos. Yo me siento más fuerte y me hace sentir que soy mejor, refiere la Avispa.

Ella logró el título mundial del CMB casi sin apoyos y conquistó el de la AMB en 2013 en las mismas circunstancias.

Ni siquiera tuve una empresa que llevara mi carrera y siempre adonde viajé llegaba como víctima, recuerda con satisfacción, y presume que para conseguir su actual título tuvo que sobreponerse a un año de inactividad y a una rival, Etsuko Tada, en julio de 2013 en Tokio.

Sin embargo, esos riesgos no han sido retribuidos; a pesar de ser campeona mundial lo que gana en sus combates no le permite vivir del boxeo. Es madre de dos niñas, de 6 y 10 años, y alterna su trabajo de boxeadora prefesional con el negocio familiar, un gimnasio de boxeo en Naucalpan.

Entre los entrenamientos estrictos, las clases que imparte y la atención de sus hijas vive el día a contrarreloj, pero eso, para ella, es lo de menos: “Quiero demostrar a mis hijas que la Avispa es arriesgada, que soy una mujer fregona”.