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De recesiones y cambio climático: la décima
B

revemente y con base en información de organismos especializados de Naciones Unidas y del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, entre otros, recordemos que actualmente el consumo mundial de energía primaria es del orden de 300 millones de barriles de petróleo equivalente al día. El consumo de petróleo equivale a casi 93 millones de barriles al día. El del carbón a 81 millones. Y el del gas natural a 72 millones. Estos tres fósiles representan, entonces, un consumo primario de energía de 246 millones de barriles equivalentes de petróleo al día, 82 por ciento de los requerimientos cotidianos de combustibles.

Por este consumo, se tienen emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) del orden de 40 mil millones de toneladas (gigatoneladas) de CO₂ equivalente (GTCO2e). Pero estas sólo agrupan 75 por ciento del total de emisiones de CO₂ equivalente. El 25 por ciento restante se integra por emisiones de otros gases contaminantes (metano, óxido nitroso, gases fluorados) en la agricultura y la ganadería (seis a siete GTCO2e), en la industria (poco más de tres GTCO2e), en actividades que generan residuos de diversos tipos (del orden de dos GTCO2e) y, finalmente, en actividades que cambian el uso del suelo y deforestan (poco menos de dos GTCO2e).

El abatimiento de emisiones exige acciones específicas de los diversos sectores consumidores de energía, justamente los que la transforman en energía útil o la usan en procesos diversos. Actualmente el consumo de la llamada energía final es del orden del 70 por ciento de la energía primaria consumida.

Así, por las actividades de transformación, transporte y transmisión –también con emisiones– se pierde cerca de la tercera parte de la energía primaria consumida. Con estos datos oficiales, el total mundial de emisiones es del orden de 53 o 54 GTCO2e. De ellas, el grueso energético debe abatirse disminuyendo la participación de los fósiles en el balance primario de energía.

Por eficiencia o merced –diría nuestro entrañable compañero Luis Felipe Bazúa Rueda, a quien siempre extrañaremos– del final al principio o de atrás para adelante. Sí, sólo la modificación de la estructura de energía final, la transformación de las posibilidades tecnológicas y de los hábitos de consumo final y –consecuentemente– de los usos y costumbres de energías útiles usuales, sólo eso podrá lograr el abatimiento de emisiones, tanto -de ser posible- por disminución absoluta de energía consumida, como -también de ser posible- de baja relativa de los combustibles fósiles en la matriz energética primaria en el mundo. Siempre con mayor eficiencia.

Así, por ejemplo, en el caso del transporte, que representa cerca de 30 por ciento del consumo final de energía, las posibilidades de que se sostenga el movimiento cotidiano de personas y mercancías, tanto en zonas urbanas, como fuera de ellas dependerá, evidentemente, de la disponibilidad de vehículos que ya no operen con fósiles, cuya participación en el consumo del transporte es de 96 por ciento.

A nivel mundial, la electricidad sólo representa poco más de uno por ciento del consumo de energía en el transporte y, acaso, algunas renovables no mas de 3 por ciento. Surge entonces la interrogante sobre las alternativas de limpiar el transporte, lo que supone la sustitución directa de petrolíferos. Y es que 92 por ciento de la energía necesaria en el transporte proviene de productos petrolíferos, que a su vez representan 67 por ciento del total de petrolíferos en el consumo final necesario en el mundo. Esto exigiría que el actual 2 por ciento de la electricidad destinada al transporte en el mundo se incrementara sustantivamente. Y aquí, hay muchos problemas, como en otros sectores. Lo veremos. De veras.

NB: Se nos fue uno de los mejores especialistas del gas natural en México, y gran amigo. Abrazos a la apreciable familia de Edze Kief. Amén.