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Aprender a morir

Rehusar hospitales

N

o habrá estadísticas confiables de cuántos millones de personas contagiadas por el virus fallecieron intubados en un hospital donde se intentó salvarlos, pero la triste realidad es que un elevado porcentaje habría podido sobrevivir si hubiera evitado ir a un hospital y ser objeto de encarnizamiento terapéutico mediante el respirador, hoy aceptado, recomendado y comercializado. Pero el miedo inducido inhibe el criterio.

También los pontífices Benedicto XVI y antes Juan Pablo II, solicitaron no ser llevados a prestigiosos hospitales para seguir manteniéndolos con vida. ¿Por qué? Porque una cosa es vivir y otra, muy diferente, durar sin calidad de vida, por más que dogma, poder e intereses diversos intentaran prolongar su arruinada existencia por medios artificiales, y no obstante que desde 1957 Pío XII ya había advertido que “un católico –una persona pensante, quiso decir– no está moralmente obligado a someterse a tratamientos extraordinarios para retrasar el desenlace fatal de una enfermedad”. Pero en su maternal sabiduría la Iglesia no consideró conveniente para sus fieles divulgar en ese momento tan importante información.

Voluntades al margen, el destino de los poderosos es que su existencia sea prolongada por métodos adulterados, independientemente de su estado de salud y de lo avanzado de su edad, pues al poder lo último que le interesa es mostrar debilidad, incluso ante la muerte, propia o ajena.

Escribe Javier Hinojosa: En la columna anterior, usted afirmó que tras la plandemia es imperativo abrir los ojos y confiados descreer para mejor buscar y encontrar sentidos de vida juiciosos y fortalecidos ante los incontables virus que nos habrán de imponer. Quisiera añadir que, en efecto, cada día se va viendo que algunos, cada vez más pero todavía insuficientes, están despertando y dándose cuenta del descomunal engaño de que hemos sido objeto con consecuencias negativas aún incalculables.

“El objetivo de la plandemia –agrega– nunca fue la salud; el objetivo verdadero que se viene cocinando desde siglos atrás es el control absoluto de la población (tú, yo y los que queden vivos después del envenenamiento masivo). Lo que viene implementándose de manera avanzada es la Moneda Digital del Banco Central, el final del dinero libre y propio, y el inicio de un sistema en el que tu dinero estará ubicado en una cuenta digital y podrá ser congelado en cualquier momento si no te portas bien.”