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La democracia y la justicia social
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egún la casa financiera Credit Suisse (CS) –un activo gestor mayor de la inversión internacional–, el 1% de los 5 mil 300 millones de adultos del mundo poseen 45 por ciento de la riqueza global del planeta. El otro 99 por ciento posee el resto y hay 3 mil millones de personas que tienen escasa o ninguna riqueza. CS señala: Durante la pandemia, los recortes de emergencia de las tasas de interés y las medidas de estímulo del gobierno a menudo han beneficiado a quienes menos necesitaban el apoyo público, lo que ayudó a que sus activos crecieran en valor a pesar de la recesión económica.

“Desde cualquier punto de vista –afirma CS– la desigualdad de riqueza es alta en todos los países y excepcionalmente alta en algunos. Por lo general y de manera aproximada, los índices típicos serían 35 por ciento para la participación del 1% superior y 65 por ciento para la participación del 10 por ciento superior”. Los altísimos coeficientes de Gini para medir la desigualdad de riqueza son: 89 por ciento para Brasil, 87 para Rusia, 85 para Estados Unidos, 82.3 para India, 77.9 para Alemania, 71.7 para Reino Unido, 70.4 para China, 70 para Francia, 64.4 para Japón. Pero, en Brasil e India, los niveles de miseria son mucho más profundos que en los otros países señalados, y son aún más profundos en países de menor ingreso, aunque su Gini sea un coeficiente inferior a los indicados.

Los 20 países donde los superricos vieron mayormente aumentada su riqueza durante 2020, año de la pandemia, están encabezados por Rusia, Suecia, India y Estados Unidos, en ese orden, y termina con Polonia. México ocupa el lugar número 11 de esa lista del horror. Los datos muestran una tendencia permanente al aumento de la desigualdad en todo el siglo XXI, para todos los países. (Datos de SC tomados de Michel Roberts, https://www.sinpermiso.info/textos.)

Si un sistema de gobierno no sirve para procurar justicia social real –abatiendo, no incrementado, la desigualdad–, ese sistema no sirve. Un gobierno inservible, en ese sentido, dirige todos los países; rige en los países autoritarios, y lo hace de peor manera en los que gozan de la democracia representativa.

No basta, ni mucho menos, que de las reglas escritas se diga que corresponden a una supuesta ortodoxia de la democracia representativa. Esas reglas funcionan en un contexto neoliberal, como ha ocurrido en México, mientras se perfeccionaban esas reglas. La democracia representativa, cualquiera que sea su forma institucional, no garantiza nada en relación con un estado de cosas que garantice una vida humana para todos.

La orientación ideológica, respecto de una sociedad deseable para todos, es decisiva. Cuando esa orientación es la propia del neoliberalismo, según la cual todos son iguales ante la ley y, por tanto, que cada quien se rasque con sus uñas, como si la historia no existiera, es preciso dar una vuelta de 90 grados a la sociedad, para ponerla sobre sus pies, como diría el clásico.

Morena tiene el reto de explorar la sociedad mexicana para identificar la orientación ideológica de cada segmento, especialmente de las llamadas clases medias según la mirada sociológica. Suelen meterse ahí, por ejemplo, a colectividades sujetas a la explotación salarial, y a quienes viven por cuenta propia, si sus niveles y estilo de vida, y su idiosincrasia, son semejantes. Son, sin embargo, grupos ubicados de modo diferenciado en la estructura social creada por el capitalismo.

Ni qué decir: la ideología dominante ha sido, por todo lo alto, la del feroz individualismo neoliberal. Es menester arrancar de esa dominación a todos los segmentos sociales marginados de una vida mínimamente humana. La perspectiva de futuro del mundo de los jodidos es continuar en la exclusión. Superar ese futuro exige, de modo inexcusable, que las mayorías abracen una ideología de vida de rechazo categórico al neoliberalismo, porque invariablemente tima o busca engatusar con el discurso de la democracia. Las clases medias aspiracionistas, de las que he hablado en este espacio, se refieren a los grupos humanos no pertenecientes al mundo de los asalariados, dominados por la ideología neoliberal individualista consumista y su discurso sobre la democracia.

Morena debe trabajar en el conocimiento de las ideologías e idiosincrasias presentes en los agregados sociales, urbanos y campesinos, asalariados y no asalariados, para arrojar luz sobre su estar en el mundo; hacerlos descubrir las tretas del engaño, y las verdades efectivas que determinan su existencia. Los jodidos no están en esa condición por ser tontos o ignorantes, es preciso que conozcan la historia de la dominación que los llevó a sus actuales condiciones de existencia.

Los explotados y los excluidos tienen el reto inmenso de luchar por una forma de gobierno a través de la cual su vida cambie drásticamente de sentido. La lucha por un ingreso básico mínimo universal y sin condiciones puede ser la ruta para descubrir a los enemigos de los excluidos.