Opinión
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La muestra

En guerra

Q

uien combate puede perder, pero quien no combate, ya perdió: Bertolt Brecht. Este epígrafe en los créditos iniciales de En guerra , octavo largometraje de Stéphane Brizé ( La ley del mercado , 2015), marca la tónica general y el punto de vista crítico de esta notable exploración del mundo laboral francés. En un tono casi documental, la película refiere una larga lucha sindical para impedir el cierre forzado de una fábrica en Francia, con matriz en Alemania, que los directivos deciden declarar en quiebra cuando en realidad sigue generando fuertes ganancias. El argumento patronal para despedir e indemnizar a más de mil obreros es un supuesto imperativo de competitividad en el mercado global. En realidad se trata de un simple cálculo para obtener mayor rentabilidad al trasladar la fábrica a otro lugar con costos y salarios más bajos.

El aguerrido líder sindical Laurent (Vincent Lindon, impecable actor favorito de Brizé) hace todo lo posible por impedir que la patronal francesa y el negociador gubernamental que sirve de intermediario sacrifiquen el interés de los trabajadores a las burdas maniobras de lucro de los empresarios alemanes. De un modo directo, marcadamente didáctico, la película exhibe un mecanismo de quiebras ficticias, despidos forzados y chantajes a la clase laboral y a sus sindicatos que, bajo la lógica neoliberal, permite una movilidad continua de los capitales y fuentes de trabajo así como un margen de ganancias patronales potencialmente ilimitado.

El personaje de Laurent se inspira directamente en Xavier Mathieu, delegado sindical que se opuso tenzamente al cierre de una fábrica en Francia en 2009, y que luego colaboró como consejero técnico para el guión de esta cinta. El actor Vincent Lindon ofrece, por su parte, una variante interesante de su personaje en La ley del mercado , ampliando la perspectiva intimista para abarcar ahora un drama colectivo con actores no profesionales. Las discusiones y enfrentamientos ríspidos entre patrones y sindicalistas remiten al clima de combatividad intransigente de la película francesa 120 latidos por minuto (Robin Campillo, 2017), aun cuando las temáticas de fondo sean muy distintas. Hay en ambas los mismos debates encendidos, un impulso parecido de solidaridad, y también el drama de las divisiones entre militantes que favorecen la perpetuación de una injusticia. En guerra posee un trabajo de edición inteligente y una pista sonora que acompaña atinadamente el crescendo dramático de la acción. Un ejemplo notable del mejor cine político europeo actual. Se exhibe en la sala 1 de la Cineteca Nacional.15 y 20 horas.