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Menos musas y más creadoras
L

a Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés) desde 2011 instituyó el 15 de abril de cada año como el Día Mundial del Arte, a propuesta presentada en la decimoséptima Asamblea General de la Asociación Internacional del Arte celebrada en Guadalajara, Jalisco. Esta fecha no es casual, se eligió para conmemorar el natalicio de uno de los pinceles más reconocidos de la historia, Leonardo Da Vinci, autor de la famosa Gioconda o Mona Lisa.

Fueron cuatro los propósitos que animaron a la Unesco a reposicionar artistas y arte a través de las obras: acercar el arte en sus múltiples manifestaciones a todos los rincones del mundo, crear conciencia de las artes, dar a conocer las diversas expresiones artísticas y revalorar desde el mundo del arte.

A propósito de esta conmemoración, el Tribunal Federal de Justicia Administrativa, por conducto de la magistrada Zulema Mosri, organizó el foro Mujeres en el arte, donde la pintura fue el pretexto para abordar el feminismo.

Frédéric Vacheron, representante de la oficina de la Unesco en México, destacó en su mensaje que en la actualidad el mundo es cada vez más y más complejo, por lo que dimensionar el valor del arte sirve para comprenderlo. Enfatizó que desafortunadamente la mujer tiene poca presencia en las artes, pues se ensalza a directores de orquesta, pintores y escritores reconocidos por sus obras que nacen de las musas que los inspiran. Pero, ¿cuál es el papel de las mujeres en el arte? Ante este cuestionamiento y al clamor de ¡menos musas y más creadoras! llamó a revalorar las artes como motor de inclusión y evolución creativa para destruir estereotipos.

Otra participación destacada fue la de la escritora y humanista Elisa Queijeiro, quien abordó la vida de tres grandes de la pintura: Frida Kahlo, Remedios Varo y Leonora Carrington. Es necesario narrar vidas para comprender las obras, puntualizó Queijeiro.

Entender los orígenes y la vida de estas artistas, especialmente sus vínculos paternos y familiares, conocer quiénes fueron sus parejas, entre otros aspectos no menos importantes, permite entender que el arte que se construye es el de nuestras propias vidas. Vidas intensas y congruentes avaladas desde los dones y talentos que todas las personas cultivamos.

Estas mujeres demolieron estereotipos y despejaron el camino, pues el arte ha sido la llave de la inclusión para muchas artistas que a través de los pinceles, la música, la danza o las letras han plasmado sus historias y quimeras.

Existen otras soñadoras, las mujeres privadas de la libertad en el penal de Santa Martha Acatitla, que un día se armaron de valor y se permitieron volar tras su propia utopía. Acompañadas por el Programa Universitario de Estudios de Género de la Universidad Nacional Autónoma de México pintaron los muros y transformaron sus vidas.

Sumaron sus duelos, percibieron que el dolor duele, pero que callar lastima todavía más. Pintar los muros: deshacer la cárcel visibilizó a otras artistas que a través de sus murales nos acercan a sus ideales de justicia, del tiempo, la fuerza y la libertad. ¡Arte para la reinserción social!

El arte es polifacético e incluye a la justicia. Es también una lucha feminista que permite ubicar nuestro propio tiempo y espacio. Las mujeres derribamos barreras y damos voz a nuestras ideas; tendemos puentes y redes; traspasamos la frontera de la violencia hacia la igualdad.

Cambiar los paradigmas es el reto de muchas feministas que, tal vez sin saberlo, moldean y dan color a su propia historia para trascender como agentes de cambio, pero sobre todo, para entender que el mundo actual exige ¡Menos musas y más creadoras!

* Juzgadora federal y académica universitaria.