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Convoca a luchar para que otros pueblos de Europa busquen acabar con la austeridad

Hollande gana la presidencia en Francia con 51.50% de votos

Cargo con toda la responsabilidad de la derrota; a partir de hoy soy uno más, dice Sarkozy

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Pasada la medianoche Francois Hollande llegó al festejo en la Plaza de la BastillaFoto Ap
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Lunes 7 de mayo de 2012, p. 27

Burdeos, 6 de mayo. El socialista Francois Hollande triunfó hoy en la segunda vuielta de las elecciones presidenciales de Francia con 51.50 por ciento, y su rival, el saliente presidente conservador Nicolas Sarkozy, consiguió 48.50 por ciento, en unos resultados que fueron celebrados por decenas de miles de personas que se congregaron esta noche en la histórica Plaza de la Bastilla.

La diferencia entre el candidato del Partido Socialista, apoyado por el Frente de Izquierda, los ecologistas y el Nuevo Partido Anticapitalista, y el abanderado de la conservadora Unión por un Movimiento Popular (UMP) es un poco menor de la preveían las encuestas. Pero es suficiente para dar a la izquierda su primera victoria en una elección presidencial desde hace 24 años.

Hollande, el nuevo presidente, recibió la noticia en su oficina del Consejo General de Corréze, departamento rural del centro de Francia. Sarkozy, rodeado de algunos de sus ministros y consejeros, esperó la noticia en el Palacio del Elíseo.

Más todavía que en la primera vuelta, los franceses acudieron a los centros de votación, alcanzando casi un 80 por ciento de participación, y la abstención se ubicó en 20.10 por ciento.

Los presidentes de casillas recibieron más atenciones, señal de que muchos no se quisieron perder el largo puente del 8 de mayo y tampoco dejar de expresar su opinión.

A las ocho de la mañana, una señora mayor llegó a votar a la escuela cercana a su casa y, al entrar, se escandalizó porque, durante la noche, unos grafiteros escribieron en el panel oficial, sobre el cartel de Sarkozy: Sarko, lárgate! Cuando se dieron cuenta, las autoridades municipales mandaron rápidamente a limpiar todo y a sacar los carteles de los dos candidatos. Una pareja, saliendo de votar, confesó: Ya tenemos el champaña en el refri. Esta noche habrá que celebrar. Un señor, resignado, les contestó: Creo que nosotros ya perdimos. La derrota de Sarkozy estaba anunciada.

Se supo el resultado casi dos horas antes del anuncio oficial. En Francia está prohibido hacer cualquier anuncio antes del cierre de todas las casillas, es decir, antes de la ocho de la noche. En cambio, los vecinos suizos y belgas no tienen la misma limitación. Después de conectarse con los medios extranjeros, los tuiteros empezaron a lanzar sus mensajes: Olor a merguez en La Bastille (en La Bastilla se reúnen los simpatizantes de la izquierda y ya están asando las merguez, una salchicha roja que se vende mucho en las fiestas populares), Lloran en Budapest (alusión a los orígenes húngaros de la familia de Sarkozy) o Queda comida en la Concorde (alusión a la fiesta que se iba dar en la Plaza de la Concordia para celebrar la victoria de Sarkozy y que se canceló).

En los alrededores de la sala de la Mutualité, los seguidores de Sarkozy se habían reunido temprano en la calle. Muchos yupis y ancianas supermaquilladas. Algunas familias con niños chiquitos. Los militantes de hueso colorado no se dejaban ver. No eran multitud, no agitaban banderas, eran como alumnos atentos esperando al maestro.

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Militantes socialistas en ParísFoto Xinhua

Llegó el presidente saliente como a las nueve de la noche. Después de felicitar a Hollande y desearle suerte, añadió: “Cargo toda la responsabilidad de la derrota… De aquí en adelante, seré uno entre ustedes, un francés entre los franceses”. Hubo algunos gritos y lágrimas y, esta noche, corría el rumor de que Sarkozy no pensaba implicarse en la próxima campaña de las legislativas, previstas para junio.

El ambiente era muy diferente en la calle de Solferino, en la sede del Partido Socialista. Reunidos alrededor de Tomas, el hijo mayor de Francois Hollande, los jóvenes supieron temprano de la victoria. Eran casi las diez de la noche cuando el triunfador llegó a la plaza principal de Tulle. Después de habar lanzado, frente a sus paisanos: Los electores han escogido el cambio, dirigió un saludo republicano a Sarkozy.

Señaló las heridas, las cortaduras y los sufrimientos que han dividido a los franceses e insistió sobre su compromiso con la justicia y la juventud y de hacer realidad: “Libertad, igualdad, fraternidad, pero también laicidad, dignidad humana, paridad…”

Después de su discurso, Hollande, acompañado de su compañera Valérie Trierweiler, se trasladó a París en avión para sumarse a la inmensa fiesta de La Bastilla, donde políticos, intelectuales y artistas llegaron a celebrar, como en 1981, junto a todos los anónimos.

A las 11 de la noche, en una frescura inhabitual en mayo, seguían llegando miles de jóvenes. Axel Bauer y Yannick Noah, el ex campeón de tenis, cantaba. Y la gente se alegraba.

En los canales de televisión, pasaron a dar el servicio mínimo los ex ministros del gobierno de Sarkozy y se fueron. Marine Le Pen, del ultraderechista Frente Nacional, citó a los franceses para las elecciones legislativas de junio. Por fin vamos a llevar la lucha a la Asamblea Nacional y luchar contra la Unión Europea, que es una máquina de destrucción de la economía.

Jean-Luc Mélenchon vino a recordar a sus amigos socialistas que, sin los cuatro millones de votos del Frente de Izquierda, no sería, hoy, Francois Hollande, presidente de la república. Esa elección es un acontecimiento considerable, un trueno enorme en el cielo europeo. El Frente de Izquierda es una fuerza exigente, positiva y conquistadora, afirmó.

Pasaba la medianoche cuando Francois Hollande llegó a La Bastilla. Hace casi 30 años, Francois Mitterrand no lo hizo. En un tremendo tumulto, subió al escenario, recibiendo una ovación de miles de personas. Agradeció al pueblo de Francia, a la Francia de la diversidad. Llamó a darle la mayoría en junio y a luchar para que otros pueblos de Europa manifiesten su deseo de acabar con la austeridad.

En esta noche de domingo, en La Bastilla, como dice una canción, el aire estaba más ligero.