Opinión
Ver día anteriorMiércoles 24 de mayo de 2023Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
Sucesión y el todo
L

a sucesión presidencial penetra la totalidad del espacio público y del privado. Si otro asunto distinto se discute, bien puede adivinarse en el trasfondo. No sólo los comentarios críticos se ocupan de las simpatías por uno u otro candidato, sino, con creciente interés, se abordan tópicos que tienden a bloquear o disminuir las oportunidades de alguno de los postulantes. Atrapar o bloquear la dirección o el mando sucesorio es primordial aventura. Se enumeran, para ello, obstáculos, peligros o ventajas que incidirán, de variadas y precisas maneras con los objetivos de los distintos actores.

Así, puede apreciarse quién lleva la delantera y quién le sigue de cerca o, de plano queda rezagado. En este dramático juego, las fuerzas en la puja, se van ordenando, en favor o en contra y de menos a más.

Los sectores poblacionales preferidos y los intereses que responden a las ofertas, van definiendo los perfiles. Es una lucha sin descanso, permanente, abarcadora. Todo cuenta y se acumula. Nada queda fuera, ni siquiera temas nimios o circunstanciales. Para los oferentes la tarea se vuelve por demás absorbente, totalitaria, plagada de espinas y ambiciones. Es difícil, desde fuera, apreciar o medir el grado de tensión, envidia y dolor que este proceso sucesorio produce en cada participante.

La apertura que indujo el Presidente pareció, en un principio al menos, adelantada. Las vicisitudes del mismo proceso han dado cuenta de que, en efecto, no fue así. Durante este tiempo se han podido acomodar los múltiples factores que la componen, empezando con la claridad lograda. La identificación de los que desean concurrir es un directo resultado de ello. Como también lo son las posibilidades que se les adhieren a los debutantes. Las maneras con que los distintos grupos y demás agentes inclinan sus preferencias y el peso social o político que éstos aportan. Las rivalidades han tomado sus respectivos lugares y acentos. En fin, hasta este día, todo ha ocurrido dentro de los cauces establecidos y se han evitado luchas violentas o desbordes estériles. No faltan tampoco, aquellos que protestan por la indebida exposición de los aspirantes del oficialismo.

En este tiempo, la especulación, ha sido el tema preferido por la crítica opositora. Se empezó, desde el inicio del sexenio actual, bordando sobre los arranques o intentos del Presidente para relegirse. Intención que hasta se dio por cierta. Al paso de los meses se ha visto que esa no era la ruta que seguiría. Por el contrario, se sabe que cumplirá sus palabras de atenerse, estrictamente, al tiempo de su mandato de ley. Se irá en la fecha marcada y no volverá a aparecer en el rejuego de poder que seguirá, para lo cual habrá de contrariar todas las suposiciones interesadas en predicar intentonas de patronazgo indebido, al estilo callista.

Se repite, hasta el hartazgo, que AMLO tiene una preferida a quien, sin duda, él mismo ungirá como candidata de Morena. Otros no abandonan los condicionamientos pasados y se afilian al supuesto dedazo. Lo cierto es que, hasta este día, el apego a las reglas del piso parejo prevalecen como condicionante. El Presidente sí nominó a quienes, con ciertos márgenes, de aprecio popular, se situaron en la descubierta. Con estiras y jaloneos, de uno que otro de los postulantes oficiales, hoy se aprecian las figuras de cinco adelantados. Marcelo Ebrard ha tratado de asentar algunas condiciones: piso parejo, no preferida, renuncias y debates. Algo de ello subsistirá pero, mientras, lo vigente son las giras finsemanarias, la segura encuesta, vallas pintadas, anuncios a trasmano, libros ocasionales, alguno que otro desplante difusivo y muy pocas indirectas molestas. La doctora Claudia Sheinbaum se ha destacado del resto, aunque sea por estrechos márgenes. Quizá la insidia opositora de, insistentemente, señalarla como la preferida de AMLO le ha ayudado un tanto más que el perjuicio pretendido de sus malquerientes. Lo cierto es que ella, por su militancia y honesto compromiso sí se identifica, a cabalidad, con el modelo transformador, iniciado en este gobierno. Pero tal identidad la han abordado también los demás aspirantes. Los cambios en márgenes o en lo sustantivo que seguirán después del 24 sin duda, ocurrirán. Las distintas personalidades y formaciones profesionales, al captar las necesidades y aspiraciones populares, lo requieren y fuerzan.

Los opositores han sido sorprendidos, por el movimiento sucesorio anticipado, con la guardia baja. No han aprovechado tal novedad para su propio beneficio. En el PAN ha llegado a ocupar lugar destacado la senadora por Sonora, quien no tiene merecimiento alguno para ambicionar un lugar de privilegio. Es triste ver cómo otras personas, de larga permanencia pública, (Santiago Creel) han quedado rezagados a lugares secundarios. El PRI aparece con mejor equilibrio en cuanto a sus opciones. Ya pronto se podrá apreciar lo que se ha sembrado.