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La Conquista, a debate
L

a Santa Sede, vale decir la Iglesia católica, publicó un esperado documento titulado Doctrina del descubrimiento; se refiere, por supuesto, al descubrimiento de América por Cristóbal Colón en 1492; hace referencia, por un lado, a la secuela de consecuencias injustas, reprobables, pero por otro, a las positivas si se analizan con serenidad. El contraste nos conduce a la teoría del doble progreso contrario de Jaques Maritain; no hay una línea única en la historia, avanza el bien y avanza simultáneamente el mal. En la revolución francesa, el baño de sangre del terror y de la guillotina dio por resultado el reconocimiento sin marcha atrás, de los derechos del hombre y del ciudadano.

Suscriben La doctrina del descubrimiento el Dicasterio para la Cultura y la Educación y el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, ambos organismos cercanos al papa Francisco y a su firme pensamiento de inspiración franciscana y latinoamericana; una nota conjunta de apenas nueve párrafos densa y conceptual. Sigue la línea de la encíclica Fratelli tutti; destaca el esfuerzo por promover la fraternidad universal y el respeto a la persona; reitera la condena a la conducta de violencia, opresión, injusticia y esclavitud.

Motivo de reflexión es que se refiere expresamente a los actos cometidos en agravio de la población nativa del nuevo continente. Agrega que el respeto por los hechos de la historia exige reconocimiento de los fallos de los cristianos, de los actos de maldad contra las poblaciones indígenas, por los cuales, los papas recientes han pedido perdón en numerosas ocasiones. Se trata de una respuesta y del reconocimiento del atropello, a una solicitud de perdón.

La significativa nota conjunta cita puntualmente un texto de la bula Sublimis Deus, de Paulo III, del 1º de junio de 1537, pocos años después de la toma de la Gran Tenochtitlán, que es indispensable rescatar. El párrafo, del histórico documento es este: Determinamos y declaramos con autoridad apostólica que los indios, aun cuando no estén dentro de la ley de Jesucristo, en ninguna manera han de ser privados de su libertad y del dominio de sus bienes, que en ningún modo se debe hacer esclavos y si lo contrario sucediere, sea de ningún valor y fuerza.

Interesa agregar que esta declaración diáfana y severa del Papa, quien vivió los cambios del Renacimiento, tiene un antecedente cercano a nosotros, la carta sólida y fundada del Primer Obispo de México, fray Julián Garcés OP, quien desde Tlaxcala, donde estaba su sede, dirigió con amplia información y autoridad moral al Papa de entonces, explica la naturaleza humana y la respetabilidad de los derechos de los indios mexicanos, conceptos frecuentemente distorsionados por conquistadores y encomenderos codiciosos.

El embajador de México en el Vaticano, el culto y caballeroso Alberto Barranco Chavarría, publicó sobre el tema un interesante artículo en el cual hace un breve análisis del oportuno documento firmado por los dicasterios; nos revela que su contenido fue ampliamente discutido, analizado y corregido durante cuatro años, a partir de un reclamo de México, extendido a Canadá y otros países de Latinoamérica.

El tema histórico, político y religioso debe ser discutido. Importa precisar que la petición de México fue atendida, se reconoce el mal ocasionado, pero se pone atención en lo positivo del abrupto hecho de la Conquista y la historia de atropellos a que dio lugar ese encuentro; simultáneamente generó procesos conjuntivos, heroísmo en la defensa de los indios, valor y santidad de misioneros y la construcción de algo nuevo; lo que somos es resultado de esta dialéctica entre el bien y el mal.

El historiador inglés Hilaire Belloc escribió en Historia de las Cruzadas: Dos cosas engendran siempre una tercera, las dos fuerzas en pugna, aunque sean tan claramente distintas como el negro y el blanco, no darán jamás como resultado único la pura victoria de una y la pura derrota de la otra. Nace del tumulto, algo que ni atacante ni defensor han querido producir. Nosotros, afortunadamente, somos México, no la Nueva España.

El tema de la Conquista, que ha dado pie a debates y diferencias entre mexicanos, ha de ser superado; el pasado quedó atrás y nos resta emitir juicios de valor y opiniones sobre él, nada más.

A quienes se interesen, recomiendo dos libros. Uno del filósofo italiano Rocco Buttiglione, Caminos para una teología del pueblo y de la cultura (Editorial NUN, 2022), una propuesta sobre la teología del pueblo latinoamericano; no se trata de volver a la teología de la liberación basada en la lucha de clases al modo marxista; es una teología que viene de abajo, surgida del pueblo. El segundo, Filosofía política de la Conquista (Editorial Orfila, 2023), del humanista y filósofo mexicano Francisco Piñón Gaytán, es una reflexión sobre el hecho irreversible de la Conquista y las formas racionales e imparciales de afrontarlo.