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Haciendo camino al andar
E

n octubre de 2016, el Congreso Nacional Indígena (CNI) celebró su quinto congreso y 20 años de existencia. Reunidos en la Universidad de la Tierra, en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, los delegados al congreso se reunieron para analizar la situación de sus pueblos, de sus organizaciones y del propio CNI. En ese contexto, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) les compartió su diagnóstico. La guerra contra los pueblos originarios ­se había extendido a otros sectores sociales: La guerra que padecemos desde hace tiempo como pueblos originarios, ya les llegó, ya está en sus calles, en sus casas, en sus escuelas, en sus lugares de trabajo. Por esa razón, argumentaron, la gente ya no atiende las masacres y muertes de los pueblos indígenas como antes lo habían hecho: Nuestros dolores son ya uno más entre muchos otros. Y, aunque el dolor se extiende y se hace más hondo, estamos más solos que nunca. Cada vez vamos a ser menos.

A finales de 2018, los pueblos articulados en torno al CNI enfrentaron nuevos retos y amenazas. Defender sus territorios de megaproyectos como el mal llamado Tren Maya, el Corredor Interoceánico, el Proyecto Integral Morelos y otros, en el nuevo escenario político nacional, les valió ser tildados como parte del bloque conservador. Mediáticamente, las narrativas de arriba intentaron deslegitimar sus luchas y borrar su largo historial de resistencia.

Un doloroso golpe sufrieron estos pueblos en 2019 con el asesinato de Samir Flores, defensor del territorio y opositor al Proyecto Integral Morelos. Samir no sería el único defensor del territorio vinculado al CNI asesinado en lo que va del actual sexenio. En gran parte del país el asesinato y desaparición de organizadores comunitarios continúa.

Con la pandemia del covid-19 los pueblos del CNI enfrentaron un nuevo reto, cuidarse del virus, al tiempo que defendían los territorios de los megaproyectos que no pararon. Salvar la vida en un sentido amplio: la personal, la de sus pueblos y organizaciones, y la de la humanidad y el planeta. Cuidar la vida frente a la pandemia y frente a los ataques del crimen organizado, defender los territorios, resistir a narrativas deslegitimadoras y a los procesos de cooptación y desarticulación. Un complicado escenario.

Guiados por los principios de no rendirse, no venderse y no traicionar, los pueblos del CNI siguieron tejiendo desde abajo, en silencio, invisibilizados en una agenda mediática que sólo sabe de conservadores y autoritarios, y donde no cabe el andar que sale de los márgenes establecidos, de lo mediáticamente atendible y de lo políticamente aceptable.

En ese andar, estos pueblos construyen iniciativas de carácter nacional e internacional, dialogan con otros, originarios y no, que observan las limitaciones y contradicciones del actual gobierno y las amenazas planetarias. Este es el caso de la segunda Asamblea Nacional por el Agua y la Vida, que arropó la exigencia de presentación con vida de Ricardo Lagunes y Antonio Díaz. La asamblea logró reunir a integrantes de 125 colectivos, organizaciones, redes, pueblos y comunidades indígenas, provenientes de 18 entidades de México y de otros seis países. Entre otros puntos, la asamblea diagnosticó el momento actual como una guerra planetaria que se caracteriza por: a) el saqueo, la extracción, el tráfico, la venta y la explotación del agua; b) el exterminio de nuestros bosques, ríos, mares, minerales, flora, fauna, riqueza y diversidad tanto cultural como lingüística; c) la imposición de megaproyectos como el Tren Maya, el Corredor Interoceánico y el Proyecto Integral Morelos, y d) por todos los medios buscan acabar con la autonomía de nosotros los pueblos indígenas.

Por otra parte, en un esfuerzo por continuar con el análisis y la articulación, el CNI convocó a su Asamblea Nacional, la cual se planteó dos preguntas principales: ¿cómo estamos? y ¿qué sigue? Desde su invitación el CNI también diagnostica una guerra: como humanidad y pueblos indígenas, estamos viviendo una guerra de exterminio capitalista y patriarcal contra la vida en el planeta, de sus plantas, selvas, bosques, ríos, montes, llanos, pueblos y culturas enteras por la ambición del capitalismo extractivista. Y aclararon: los pueblos indígenas del CNI y más allá de él, están resistiendo y luchando con dignidad y entereza para defender la madre tierra y que no estamos dispuestos a extinguirnos ni dejar que destruyan nuestra casa común.

Las iniciativas no quedan ahí. En las próximas semanas se realizará la caravana y el encuentro internacional ¡El sur resiste!, con el objetivo de construir una articulación amplia para resistir contra el megaproyecto interconectado Tren Maya-Corredor Interoceánico, iniciativa que tiene una fuerte vocación internacionalista.

En un complicado escenario nacional e internacional, los pueblos originarios articulados en el CNI siguen tejiendo, construyendo horizontes, insistiendo en el carácter mundial y anticapitalista de la lucha. Acostumbrados a resistir, los pueblos caminan sabiendo que se hace camino al andar.

* Sociólogo

Twitter: @RaulRomero_mx