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Recuerdan en homenaje a Montserrat Gispert a un año de su fallecimiento

Fue la viva voz del exilio republicano, dijo un representante del gobierno catalán // Familiares de la etnobióloga leyeron un emotivo texto en su honor

 
Periódico La Jornada
Domingo 12 de marzo de 2023, p. 3

Montserrat Gispert Cruells (1934-2022) fue una mujer con dos corazones y dos tierras: una catalana mexicana y una mexicana catalana. Por ello no tuvo que pasar por la circunstancia que enfrentan muchos exiliados: Tener el corazón partido entre un lugar y otro.

Así lo afirmó el delegado del gobierno de Cataluña en México y Centroamérica, Lleïr Daban Hurtós, en el homenaje que el Orfeo Catalá de México rindió ayer a la prominente etnobióloga y catedrática universitaria, quien falleció el 23 de abril de 2022, justo una semana antes de cumplir 88 años.

Ella fue la viva voz del exilio (republicano), lo vivió desde pequeña y luchó desde aquí, destacó el representante diplomático al entregar una placa para recordar el trabajo enorme realizado por esa investigadora y militante de izquierda en aras de la historia y la cultura catalanas.

El reconocimiento fue recibido por integrantes de su familia: su hermana Nuri Gispert, su hijo Carlos Ímaz y su nieto Rodrigo Ímaz, quienes expresaron su agradecimiento con una emotiva semblanza escrita a varias manos sobre el ser y el hacer de Montse, como a ella le gustaba que la llamaran, en sus facetas de hermana, tía, abuela, madre, mujer plena e intensa.

Siempre feminista y de izquierda

Carlos Ímaz leyó ese texto, en el cual Nuri recordó que Montserrat Gispert Cruells fue la tercera de cuatro hermanos, los cuales, juntos, crecieron de manera muy unida y plena, a pesar de las estrecheces económica y de espacio, en un departamento de la calle General Prim.

Montse estudió biología en Ciudad Universitaria; siempre fue una apasionada de su carrera y nos compartió su amor por México, su naturaleza, su agricultura (la llamada milpa), así como el cultivo y aprovechamiento de las plantas medicinales y sus aplicaciones milenarias, narró.

“Defensora a ultranza de lo originario y crítica de toda planta introducida, nos repetía siempre aquello que no era ‘auténtico’ y no era ni siquiera bonito; siempre respetó a las etnias con las que trabajó y nos transmitió este sentimiento hacia las diferentes lenguas habladas en nuestro país.

Siempre en la izquierda y feminista, defendía con fervor sus ideas políticas, en ocasiones tamizadas de romanticismo, y había discusiones encendidas en casa, con los amigos y colegas. Le costaba aceptar otros puntos de vista que difirieran del suyo; generosa abocada a ayudar, siempre solidaria hacia las causas en las que creía.

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▲ Encabezaron la ceremonia Nuri Gispert, hermana de la homenajeada (en la imagen); Carlos Ímaz, su hijo, y Rodrigo Ímaz, nieto.Foto cortesía del archivo familiar

Entre los diferentes testimonios y anécdotas recogidos en ese escrito, se recordaron los prodigiosos olvidos y despistes de la maestra, excepto en lo laboral, como cuando se subió a un vochito que no era el suyo y estaba a punto de encenderlo en el momento que apareció su verdadero dueño, o la ocasión que puso a sus cuatro hijos, tres varones y una niña, a buscar con desespero un libro por toda la casa que, al final de cuentas, apareció dentro del refrigerador, donde ella lo había dejado.

Otra constante fueron las referencias a su espíritu combativo y su extraordinario sentido del humor, así como la simpatía y admiración que profesó siempre por la revolución cubana.

“La defendiste siempre como leona recién parida, al igual que hiciste en los últimos años, en que te rencontraste con la visión y sentimientos de los avis (abuelos), al reclamar su patria arrebatada por siglos y ultrajada por la garra fascista del franquismo. ‘¡Visca Catalunya lluire i sobirana!’, tuviste el gusto y el honor de gritar en las calles de Barcelona, donde a tus 83 años fuiste a marchar y votar en el referéndum en favor de ese sueño arrebatado y que al final de tus días hacías tuyo con esa intensidad que era también muy tuya”, leyó Carlos Ímaz.

Ni como negarlo: ¡fuiste siempre muy mexicana, casi más que el cuitlacoche y también, al final de tus días, muy catalana, casi más que el alioli! Descansa en paz, madre, que otras irredentas como tú siguen dando batallas como las que tú libraste.

Como parte del homenaje, se proyectaron un fragmento de cinco minutos de Ávia, documental en el que trabaja Rodrigo Ímaz sobre su abuela, así como un par de videos: uno con fotografías de la investigadora en diversas épocas de su vida y el otro con testimonios de colegas sobre su quehacer y legado dentro de la etnobotánica.

También participó el director del Centro de Investigaciones Biológicas de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Alejandro García Flores, quien se refirió al trabajo de campo realizado por la maestra, y contó diversas anécdotas al respecto.