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Morder la mano // Delgado responde a Mejía // Promiscuidad política // No sólo en Coahuila

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DE CARICATURA. La decisión del TEPJF de prohibir el uso de la imagen conocida popularmente como Amlito es una cuestión de caricatura, dijo ayer el presidente Andrés Manuel López Obrador en su conferencia matutina.Foto Cristina Rodríguez
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l presidente nacional de Morena, Mario Delgado, usó una referencia de lealtad animalesca para responder a las secas acusaciones (corrupción, venta de candidaturas) que le hizo Ricardo Mejía Berdeja, a quien el propio Delgado podría estar ahora ensalzando si el coahuilense con carrera política en Guerrero hubiese sido la propuesta guinda para gobernar Coahuila, a la vez que dicho hipotético aspirante morenista estaría actualmente elogiando a su dirigente nacional.

El intercambio de imprecaciones (no puedes morder la mano que te da de comer. Y, ¿qué podemos decir del que le mordió la mano al Presidente de la República?, dijo Delgado) muestra el bajo nivel de análisis, discusión y propuesta que se da en la cúpula formal del partido en el poder federal y en la mayoría de los estados. El presidente de Morena considera que enviar por escrito una renuncia y no dar un adiós personal al Presidente de la República implica un acto de deslealtad mordedora hacia el empleador, como si el servicio público implicara ceremoniales obligados en caso de renuncia o, aún peor, de condicionamiento partidista y electoral.

Lo que está sucediendo en Coahuila es una ruidosa exhibición del grado de descomposición y desmesura política que se ha extendido en Morena y se agudiza en temporada de piruetas electorales. Los opositores a la continuidad de la corriente encabezada originalmente por los hermanos Moreira y ahora a cargo del gobernador saliente, Miguel Ángel Riquelme, han sido despojados de la posibilidad sensata de impulsar lo que en términos retóricos se ha definido desde hace varios años como el cambio verdadero.

Armando Guadiana, el impugnado ganador de las siempre manipulables encuestas de opinión (¿antes eran susceptibles de cuchareo, sujetas al criterio de que manda quien las paga, y ahora son un proceso limpio y respetabilísimo?), carga con señalamientos negativos de parte incluso de miembros del obradorismo local (negocios ventajosos al amparo del poder, cercanía excesiva con priístas, por ejemplo), y su postulación está entrampada por la extraña separación de dos aliados tradicionales de Morena, el Verde y el Partido del Trabajo, y la especulación acerca de si este personaje, que ha apoyado a Ricardo Monreal para presidente de la República y ha votado contra iniciativas de AMLO, ha sido designado para perder y, en el correspondiente complemento especulativo, para afianzar en el estado de México a la profesora Delfina Gómez mediante la cesión de Coahuila para el priísta Manolo Jiménez.

El citado Guadiana tiene como coordinador de campaña a Luis Fernando Salazar, quien fue diputado federal panista hasta semanas antes de que tomara posesión AMLO como titular del Ejecutivo (Salazar había apoyado a Ricardo Anaya y había considerado a Felipe Calderón como el mejor presidente de la República en la historia del país).

Mejía Berdeja, por su parte, ha pasado por PRI, PRD, Movimiento Ciudadano y Morena. En Acapulco, donde aspiró a cargos de representación popular, en 2018 recibió al candidato Ricardo Anaya, a quien dedicó la frase a los Ricardos siempre nos va bien.

El batidillo político-ideológico de Coahuila se ha visto en muchas de las entidades donde Morena ha triunfado al postular a candidatos plenos de contradicciones y zonas oscuras que, al llegar al poder, incumplen las expectativas optimistas de votantes deseosos de cambios.

En ese contexto, más que respuestas sesgadas o exigencias de lealtad canina, convendría que en la cúpula morenista se analice el esquema de formación de cuadros políticos, de transparencia indudable en los métodos de postulación de candidatos y de congruencia ideológica para no dar tumbos políticos gatopardistas.

Y, mientras en Estados Unidos se va definiendo el jurado para el caso de Genaro García Luna, y Vicente Fox y Felipe Calderón no le envían ni un mensaje de solidaridad por los años de trabajo compartido, ¡hasta mañana!

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