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Cervantino 50
Danza coreana teje una historia de aislamiento y separación
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Esto no es un juego se presentó anteayer y ayer en la edición 50 del Festival Internacional Cervantino. En imagen, una escena de la obra.Foto Leopoldo Smith, cortesía FIC
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Periódico La Jornada
Jueves 27 de octubre de 2022, p. 6

Guanajuato, Gto., Una espiga de trigo erguida fue el símbolo central en el montaje coreográfico Esto no es un juego, de la Compañía Nacional de Danza Contemporánea de Corea. El tallo, que podría significar esperanza, acompañó a una docena de bailarines de la agrupación mientras se transformaban en fantasmas.

Los intérpretes mostraron una serie de viñetas narrativas que desarrollan una historia de aislamiento y desaparición de los sobrevivientes ataviados con pijamas. En cada avance pierden parte de la ropa y sus movimientos se tornan más lentos y animalescos.

Dirigida por la coreógrafa Nam Jeongh, la escenificación se presentó el pasado martes y ayer como parte del programa de Corea, país invitado en la edición 50 del Festival Internacional Cervantino.

Los cuadros de esta obra giran en torno al enfrentamiento y la destrucción uno a uno de los bailarines. El primer caído se representó con su retrato sonriente, como en las ceremonias póstumas o en la película hollywodense Los juegos del hambre.

A partir de ahí fue claro el juego de eliminación, en el que al parecer el ganador no recibe ningún premio; en su lugar, siente la tensión por lo que tuvo que hacer para llegar a ese momento y carga con las culpas de todos, las sombras que se fueron quedando alrededor.

Es una competencia siniestra, en la que se presentan situaciones estrambóticas, como bailarines que anuncian el intermedio en varios idiomas para cancelarlo de forma abrupta y regresar al escenario y completar los 60 minutos que dura esta creación artística.

Mientras van desapareciendo los intérpretes del escenario, parece que sus cuerpos se esconden debajo de bancas, en las orillas, en la oscuridad, y regresan como siluetas negras para interactuar con los aún vitales humanos sobrevivientes, quienes ven su entorno reducido progresivamente.

Un extraño equilibrio se va conformando entre los vivos y los muertos. La armonía del baile se funde con la furia del enfrentamiento entre personas que aparentemente no tienen nada en contra. Se repite la eliminación y da la impresión de que nada es personal.

La primera escena cierra con un hombre exangüe a quien levantan y la imagen recuerda La Piedad, de Miguel Ángel, o la icónica Jesús bajado de la cruz, con el rostro doliente. Se forma una marca en el corazón de los espectadores.

Además de la participación de los bailarines Kim Keonjoong, Kim Seunghae, Kim Jihyung, Kim Hyoshin, Song Yunjoo, Alessandro Navarro, Barbeito, Watanabe Eri, Yun Hyeokjung, Jeong Darae, Cho Junhong, Ha Jihyey y Hong Jeehyun, el montaje contó con la composición musical de Yoo Taesun y la dirección escénica de Lee Doyup.

Esto no es un juego alternó con música en diversos géneros, desde el break dance, vals, ritmos tropicales y clásicos que podrían hablar de momentos vitales y la esencia de cada persona en el escenario, hasta su extinción en el silencio y la oscuridad.

Una escena dual funcionó con el acompañamiento de las espigas de trigo que al principio podrían interpretarse como un elemento cotidiano, el baile habla de cierta entereza social y de una comunidad, pero las ramas de la planta se hacen sólidas y son esgrimidas como armas en una especie de demostración y combate con artes marciales.

El choque concluyó con un bailarín yerto y a quien se le ofrendan las armas-espigas. Se atavía de negro y acrecienta el ejército de sombras que rondan a los ignorantes vivos que restan en el escenario.

Más estridente fue el derribo de dos de los tres restantes sobrevivientes, quienes dejan atrás a una mujer. Ahora, ella tiene que alejar en lo posible las sombras que extienden sus manos hacia ella. La vara de trigo es su única defensa hasta que se hace imposible la sobrevivencia. Es atrapada entre los fantasmas negros desde el suelo y ella extiende su espiga hacia los cielos como un largo grito. Todo se vuelve negro.