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La obra maestra de Wim Mertens
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▲ Portada del álbum doble Heroides, de Wim Mertens.
 
Periódico La Jornada
Sábado 2 de abril de 2022, p. a12

El nuevo disco de Wim Mertens es su obra maestra. Se titula Heroides y es un álbum doble cuyo primer volumen extiende 11 piezas a partir de las 21 cartas que componen el libro Heroidas, de Ovidio. Esa primera oncena está escrita para piano solo y voz contratenor y el segundo tomo trae las mismas obras pero en conjunto instrumental. Esta grabación es muy reciente, de 2022, y es una joya pulida minuciosamente.

Es la consolidación del estilo e idea donde ha concentrado durante más de 40 años sus esfuerzos el músico belga Wim Mertens.

Están en este disco prácticamente todas las peculiaridades que distinguen esa música, tan única, tan original, tan poderosa.

El contexto del contenido del nuevo disco de Wim Mertens es el siguiente:

El poeta romano Publio Ovidio Nasón (43 aC-17 dC) es el autor de libros clásicos: Arte de amar, La metamorfosis y Heroidas, cartas de grandes enamoradas, también conocido como Cartas de las heroínas (Epistolae heroidum).

Se trata de un monumental poema elegíaco construido por 21 cartas en verso donde Ovidio se pone en los zapatos (o sandalias, según el caso) de las heroínas procedentes de distintos ciclos míticos, los poemas homéricos, la tragedia griega, los líricos griegos y la Eneida.

Tres de esas cartas están compuestas por hombres que contestan a sus amantes.

En Arte de amar, Ovidio no emplea la denominación Heroides para referirse a esa obra, sino que la designa con el título de Epistolae heroidum. Después se ha compuesto la denominación de Heroidas.

El tema de esas cartas es el abandono: los hombres de esas heroínas se fueron a la guerra y no regresan y ellas cantan su cotidiana esperanza renovada. Para el imaginario colectivo y en una lectura superficial, se piensa que el tema de esas cartas es el despecho, la ira, el deseo de venganza, el desamor, la desesperanza. Todo lo contrario. Y el disco de Wim Mertens es un argumento de peso monumental.

El canto de las heroidas es un clamor de esperanza. Un canto de amor.

En eso reside el secreto de la belleza de este disco flamante y flameante de Wim Mertens y es por eso que me atrevo a calificarlo como el mejor de sus 65 discos anteriores, su obra maestra.

Estas son las 21 cartas que escribió Ovidio y para eso se vistió de Penélope para escribir a Ulises, de Filis para comunicarse con Demofonte, de Briseida para gritar a Aquiles, de Fedra para clamar a Hipólito, de Enone para susurrar a Paris, de Hipsípila para llamar a Jasón, de Dido para musitar a Eneas, de Hermione para respirar en el recuerdo de Orestes, de Deyanira para forzar a Hércules, de Ariadna para buscar a Teseo, de Cánace para maraquear a Macareo, de Medea para jalar a Jasón, de Laodamía para proteger a Protesilao, de Hipermnesta para que la leyera Linceo, de Safo para escribirle versos a Faón, y luego se vistió de Paris para contestar a Helena y de Helena para conversar de regreso con Paris y de Leandro para aclamar a Hero, y luego de Hero para contestar a Leandro y después de Aconcio para civilizar a Cídipe y de Cídipe para narrar los acontecimientos de Aconcio.

¿Cuál es la esencia de los dos voluminosos tomos que componen el libro Heroidas de Ovidio?

El virtuosismo de la variación.

He ahí.

Ese es el valor supremo del nuevo disco de Wim Mertens: el virtuosismo de la variación.

El disco Heroides de Wim Mertens es un mar de olas que se parecen entre sí pero nunca se repiten sino, como dijo Paul Valéry, recomienzan.

Es como los tonos en amarillo en un óleo Van Gogh: las plastas de pintura pueden parecerse pero en realidad hay milésimas de diferencia entre un pincelazo y el siguiente.

El estilo e idea de Wim Mertens: su voz contratenor entona himnos, cánticos elegíacos, clamores, en un lenguaje que él inventó, sin palabras (más interesante e incesante que el gíglico que inventó Cortázar, por ejemplo).

El ejemplo más hermoso de ese estilo e idea es el disco Stratégie de la Rupture, en especial la pieza de ese disco titulada Iris.

Es la esencia de lo sublime.

Wim Mertens a piano solo y voz contratenor en un oleaje calmo, ora en creciente, ora en bajamar, siempre en una intensidad que nos eleva, nos coloca en estado de gracia, nos cantila.

El nuevo disco de Wim Mertens, Heroides, es un oleaje mágico de muchos colores en piano y voz contratenor, en su primer tomo, mientras el segundo retoma tales marejadas para engarzarlas con la paciencia de Penélope, el furor de Safo, la pasión exacerbada de Medea.

Medea. El track tres del disco uno de Heroides se titula Medea y es el mejor de los dos álbumes. Es una ensoñación, un canto de sirena.

El arte de la variación en todo su esplendor: ahora vemos/escuchamos, porque el poder sinestésico de la música de Wim Mertens es inmenso, el resplandor del polvo de oro que ponía Fra Angelico en las auras de los ángeles que pintaba.

Y esos tonos dorados se vuelcan en oleajes hacia el ocre, el lila, el amarillo.

Sinestesia en pleno nirvana.

Escuchar la pieza titulada Medea con Wim Mertens al piano y voz contratenor es una experiencia sagrada. Nos pone en estado de éxtasis. Nos viene una fuerza interior que nos impulsa hacia lo alto, lo bello, lo sagrado. Es de una belleza inenarrable.

Las variaciones resultan infinitas en las otras 10 piezas del primero de los dos discos de este álbum doble. Es casi increíble la capacidad de Wim Mertens de alargar vocales, elevar diptongos, casi llegar al aullido sin hacer chirriar el viento suave que nos mece, como la sonata de Vinteuil.

Hay pasajes donde el piano nos pone introspectivos para enseguida levantarnos en vuelo nuevamente cuando la voz de Mertens se convierte en cocuyo palpitando en medio de la noche, próxima al amanecer.

Las melodías de Mertens tienen el poderío de mil flamingos volando juntos, centenares de grullas graznando, cataratas de colibríes flotando en el aire mientras emiten sus pitidos inconfundibles. Quetzales, águilas y mirlos volando juntos, lenta y plácida y amorosamente.

Las piezas del álbum doble Heroides, de Wim Mertens, se suceden de la misma manera como una ola sigue a la siguiente, suave e imperceptiblemente, y de la misma forma como el ala de una mariposa suelta un polvito que solamente los dotados de gracia pueden ver. Los dotados de gracia: los escuchas de la música de este disco que parece un cuento de hadas.

Escuchamos en estado de gracia, luego de quedar prendidos en el vuelo del disco uno, el disco dos: las mismas piezas, las mismas olas, que nunca son las mismas.

Así como en el disco Educes me, uno de los primeros de los anteriores 65 discos de Wim Mertens, el arpa tiene papel protagónico, en este su nuevo álbum el arpa es un hada alada, un alhelí, un anhelo.

El prodigio del sonido del arpa en Mertens se aleja de la melcocha que muchos compositores suelen esparcir cuando recurren a ese instrumento tan mágico, multifacético, dramatúrgico (el uso del arpa en Mahler, por ejemplo, es una ventana hacia lo divino).

El arpa en Mertens es una alfombra mágica que se tiende en el aire para volar junto a violonchelos, combinación también harto dramatúrgica y constructiva y es de esa manera que el disco dos del nuevo álbum de Wim Mertens nos vuelve a poner en éxtasis.

Hay momentos en que parece sonar un sintetizador pero se trata, en todo momento, de instrumentos muy socorridos (arpas, violonchelos, violines) pero utilizados de manera tal que suenan a sueños.

Luego de releer el libro Heroidas del poeta Ovidio y de escuchar una y otra vez el nuevo disco de Wim Mertens, Heroides, uno despierta convertido en hada, elfo, duende, bruja, ángel, colibrí.

Así de poderosa es la música de Wim Mertens.

Así de hermosa la música que logró en su nuevo disco, que es la consolidación de una carrera de más de 40 años, una búsqueda incansable de la verdad, que es sinónimo de belleza, la creación de la típica obra de madurez creativa, de pleno dominio de todos sus poderes.

Su obra maestra.

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