Opinión
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Mar de historias

Viejo amor

A

nte el prolongado silencio, Guillermina mira expectante a los miembros de su familia, sentados alrededor de la mesa:

Guillermina: –¿No tienen nada que decir?

En respuesta, Artemio abandona la mesa y sale dando un portazo. Magda, su mujer, intenta retenerlo inútilmente. Pamela, en cuyo honor se organizó la cena, no oculta su disgusto:

Pamela: –Si hubiera sabido que iba a encontrarme con este numerito habría rechazado la invitación.

Alicia, soltera, embarazada de seis meses, observa a su prima con severidad:

Alicia: –No olvides que organizamos la cena para ti. Pamela: –Muchas gracias. Lo estoy pasando tan bien que este será un cumpleaños inolvidable.

Su hermana Lucinda, ofendida por el tono sarcástico, la encara:

Lucinda: –Si te sientes tan a disgusto, ¡vete!

Marcos, su prometido, retira su copa y se levanta:

Marcos: –Este es un asunto familiar. Creo que debo irme. (A Lucinda.) Mi amor, te dejo el coche.

Lucinda: –Espérate a que recoja mi abrigo y nos vamos juntos.

Marcos: –Creo que debes quedarte... Es importante. Llámame cuando llegues a tu depa.

Lucinda (a Magda): –Me quedo, pero sé que no lograremos nada. La abuela ya está decidida.

Eloy, el miembro más joven de la familia, trata de restarle gravedad a la situación.

Eloy: –No entiendo que hagan tanto escándalo sólo porque Mina dijo que va a casarse.

Magda: –¿Te parece poco? Ya me imagino las burlas y los comentarios de la parentela. De por sí siempre nos han criticado, pues figúrense ahora...

Pamela: –Todo es tan absurdo y tan ridículo.

II

Guillermina: –¿Qué tiene de ridículo y absurdo el hecho de que yo quiera rehacer mi vida? Y no levantes los hombros: esa no es una respuesta.

Lucinda: –Abuela, por favor...

Guillermina: –¿También estás en mi contra?

Magda: –Deja que la abuela haga lo que quiera. (Mira el sitio abandonado por Artemio.) Me voy. No me gusta que mi marido esté solo en la casa.

Guillermina: –Me alegra que seas tan considerada con tu esposo.

Magda: –Abuela, te conozco y cuando agarras ese tonito más vale tener cuidado. ¿Qué quisiste decirme?

Guillermina: –Te preocupas de que tu marido se quede un rato solo en la casa y en cambio te resulta lo más natural que me la pase así todo el tiempo.

Pamela: –No te hagas la mártir: no pasan dos semanas sin que alguno de nosotros te visite.

Guillermina: –Y se los agradezco en el alma. de verdad, pero necesito algo más.

Eloy: –¿Te sientes muy mal?

Guillermina: –¡Para nada! Tengo muchísimas cosas qué hacer y en qué pensar, pero a veces me deprimo al verme sola en esta casa. Ustedes consideran que es demasiado grande para mí, que debería venderla y alquilar un departamentito. ¡Olvídenlo! No pienso irme a ninguna parte. Esta es mi casa, aquí está toda mi vida con su abuelo...

Alicia: –Creí que eso ahora ya no te importaba.

Guillermina: –¿Lo dices porque voy a casarme?

Pamela: –Al menos yo, no entiendo para qué.

Guillermina:–¿No? Pues permíteme informarte que andas mal. Sabrás mucho de negocios, pero creo que de la vida ignoras bastantes cosas.

Pamela: –Como quien dice: soy una estúpida.

Lucinda: –La abuela no quiso decirte eso.

Pamela: –Hermana: no necesito traductora, así que ahórrate la molestia.

III

Guillermina: –¡Ya basta! Digan lo que digan, no me harán cambiar de opinión.

Lucinda: –Por ahí hubieras empezado en vez de soltarnos el rollo de cómo te rencontraste con Daniel en un banco después de cincuenta años de no verse, y cómo renació, poco a poco, aquel viejo amor de su época estudiantil. (Lanza una mirada general.) Familia, ¿qué les parece si nos vamos?

Guillermina: –Váyanse si quieren, pero después de escucharme: sé que no lo entienden, pero Daniel es una persona muy importante para mí.

Pamela: –¡Qué bien! (Con sorna.) Ahora la abuelita va a sa-lirnos con que está enamorada.

Guillermina: –Sí, a mi edad, lo estoy, y no me avergüenzo. Al contrario, me da mucho gusto querer a un hombre inteligente, bueno, trabajador, maduro...

Magda: –¡Y muy listo! Va a tener esposa, casita... Por cierto ¿Daniel instalará aquí su carpintería?

Guillermina: –No. Conservará su taller.

Pamela: –Ya escuché demasia­do. No puedo más. Me despido.

Eloy: –Abuela, yo también me voy, pero no porque esté enojado. La neta, me gusta la forma en que estás resolviendo tu vida y me alegra que vayas a tener un compañero inteligente, maduro, como dices. ¿Qué edad tiene?

Guillermina: –Espero que no les moleste lo que voy a decirles...

Magda: –Ay, abuela, ¡para sustitos ya tuvimos bastantes.

Guillermina: –Daniel es más joven que yo.

Lucinda: –¡Típico, típico, típico! El aprovechado que explota a la viejita ingenua y la deja en la calle.

Eloy: –Abuela: ¿qué tan joven es Daniel?

Guillermina: –Cuatro meses menor que yo, pero no se lo diremos a nadie más: será nuestro secreto.