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El motín grotesco
E

stá claro: lo que elementos de la Policía Federal protagonizan desde el miércoles pasado no es un movimiento gremial de inconformidad por injusticias laborales imaginarias, sino una insubordinación con tufo a motín golpista como el tejerazo español de 1981 o la rebelión policial que tuvo lugar en 2010 en contra del entonces presidente Rafael Correa. La insólita petición de los uniformados rebeldes de que Felipe Calderón sea su representante sindical exhibe más allá de toda duda los intereses a los que respon-den los efectivos de ese cuerpo armado que de pronto llamaron a un paro nacional y salieron a las calles a montar una emulación grotesca de esos movimientos sociales en cuya represión ellos fueron instrumento principal.

El ensayo ha intentado ser, en primer lugar, una demostración de fuerza delictiva y un chantaje. Lo dijo el miércoles mismo el acompañante de los amotinados, un supuesto activista de derechos humanos de nombre Ignacio Benavente Torres que estuvo preso por secuestrador: al gobierno no le conviene dejar sin trabajo a todos estos elementos que fueron entrenados para matar porque si lo hace los obligará a pasarse al bando de los criminales.

Lo cierto es que nadie en el gobierno habló de mandar al desempleo a los policías federales que no quisieran sumarse a la Guardia Nacional o que no pudieran hacerlo por no reunir las condiciones físicas y psicológicas para ello: se les ofreció, en cambio, sumarse a las tareas del Instituto Nacional de Migración o a Aduanas, en donde no se requiere de destrezas y aptitudes que son obligatorias para los efectivos de la nueva corporación policial del Estado mexicano.

La amenaza es, pues, transparente: el gobierno de la Cuarta Transformación debe renunciar a su propósito de desmantela el tejido corrupto y delictivo que se instaló en la Policía Federal cuando el mando de ese cuerpo fue ejercido por Genaro García Luna y posteriormente por Miguel Ángel Osorio Chong. Si no desiste, se inducirá un incremento delictivo exponencial.

La reacción pretende colocar al nuevo régimen en una disyuntiva insuperable: tolerar la insubordinación policial y ceder en lo sucesivo a todas sus demandas –la principal es implícita y consiste en mantener la impunidad ante corrupción y abusos– o desalojar a los sublevados mediante la fuerza militar de las instalaciones que tomaron mediante la fuerza militar, de preferencia con un saldo cruento; nada podría estar más próximo a las fantasías necrofílicas de Calderón y demás promotores de la guerra en la que fue sumido el país en los dos sexenios pasados.

Más allá de los delirios beli-cistas del individuo, es claro que el liderazgo real del motín policíaco pretende generar un clima de confrontación y violencia multiplicada en el que dos instituciones armadas se maten entre ellas, con lo cual se demostraría que la Cuarta Transformación es más de lo mismo y que este gobierno es tan represor como sus ante-cesores. Un objetivo adicional pero no menos importante sería exhibir que la construcción de la Guardia Nacional es un fracaso sangriento y poner una mancha de origen en el expediente de la nueva corporación.

Para lograr estos designios criminales se requiere dotar a la Policía Federal de una simpatía social que jamás ha tenido y para ello un cuerpo de élite de periodistas, analistas y políticos se ha puesto en acción en medios y redes sociales. Se encargan de amplificar sus alegatos las redes de cuentas automatizadas al servicio del calderonismo, las cuales ayer pretendieron inflar en Twitter la consigna #YoapoyoalaPolicíaFederal, en un intento por fabricarle a la insubordinación un respaldo popular inexistente.

Se confirma que la reacción sigue sin entender las lógicas de la transformación en curso; por ejemplo, los guías espirituales de los sublevados piensan que las autoridades surgidas de la sublevación electoral de julio de 2018 ejercen el poder con el mismo espíritu autoritario y represivo del PRIAN.

El grotesco motín inducido en los sectores más descompuestos de la Policía Federal es una precisa radiografía del escenario político que permite ver quién es quién en la defensa de la legalidad, la paz y la democracia. Por esa razón, porque no es un movimiento en defensa de derechos laborales y porque demostró ante la sociedad la absoluta pertinencia de la Guardia Nacional, la insubordinación está condenada al fracaso.

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