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Mismo compromiso
D

iciembre de 1991

“No les puedo fallar a estos compas…”, dice a La Jornada, Andrés Manuel López Obrador, un dirigente político tabasqueño, recién mudado a la oposición.

Está sentado en una sillita de palo, bajo la sombra de un frondoso y enorme fresno, en un poblado cercano a San Martín Texmelucan, camino a la Ciudad de México. Se enjuga el sudor del rostro con un paliacate que desanuda de su cuello, mientras sumerge los pies, reventados por las ampollas, en agua tibia con sal. Acaba de concluir la caminata del día: casi 25 kilómetros, que se suman a los más de 800, acumulados en cerca de 40 jornadas.

Lidera una movilización llamada Éxodo por la democracia, una larguísima marcha, desde Villahermosa hasta el Zócalo de la capital del país, en protesta por el fraude electoral que, sostiene, el PRI de Tabasco perpetró semanas antes, particularmente en los poblados chontales de Nacajuca, Cárdenas y Macuspana.

A la cabeza de unas 200 personas, en su mayoría hombres, López Obrador caminará mil 90 kilómétros en 50 días, hasta el Zócalo de la ciudad de México.

El reportero lo acompaña en las etapas finales. De Puebla a la capital. Las arduas tiradas inician muy temprano, apenas amanece, y concluyen entre 8 y 10 horas después.

Andrés Manuel –todavía nadie lo conoce como AMLO y mucho menos como El Peje– ha caminado cada metro. Tiene 37 años. Su figura luce esbelta, debido a los siete kilos que ha perdido durante la marcha. Peina una abundante y aún oscura cabellera y es dueño ya de una voluntad –acaso necedad– inquebrantable.

Al término de cada trayecto, López Obrador se da tiempo para convivir con las decenas de compas, mujeres y hombres que van por delante instalando campamentos improvisados en espacios públicos como canchas deportivas, terreno baldíos o escuelas rurales. En cada sitio lleva a cabo un acto político.

Las charlas con el periodista se dan casi siempre al final de la caminata del día, bajo las sombra de los árboles o a bordo de un modesto remolque donde pasa algunas noches.

Durante las conversaciones, López Obrador se refiere al escaso apoyo que la dirigencia del PRD le brindó al inicio de la caminata; habla de las amenazas veladas que le hacen llegar desde Bucareli para abortar la movilización y al mismo tiempo de las propuestas de acuerdo que el gobierno intenta por varios medios para evitar que la marcha llegue a la capital del país.

La tarde del sábado 11 de enero de 1992, Andrés Manuel López Obrador alcanzará el Zócalo de la ciudad de México, al frente de miles de personas que se le adhieren al paso. Sobre un improvisado templete, justo a un costado de Palacio Nacional, el tabasqueño dará un discurso a una multitud jubilosa sobre los valores democráticos, el sufragio efectivo y la honestidad.

Esa misma noche, el Éxodo por la democracia habrá redituado: tras una pragmática negociación al más alto nivel federal, la autoridad local acatará y determinará la anulación de las elecciones en varias alcaldías de Tabasco y la instalación de concejos municipales donde el PRI se había declarado vencedor.

Diciembre de 2018

Es día primero del mes. Sábado también. Han transcurrido casi 10 mil días desde aquel arribo masivo de la caravana tabasqueña al Zócalo de la ciudad de México.

Andrés Manuel López Obrador, sin duda el político más controvertido del país, asume el cargo de Presidente de México, en su tercer intento por conseguirlo y luego de haber obtenido un triunfo abrumador en las urnas.

Encaramado en la máxima tribuna del país y con la banda tricolor sobre el pecho, el tabasqueño –ante el escepticismo de unos y la esperanza de muchos– vuelve al mismo compromiso: “No les voy a fallar… no tengo derecho a fallarles”.