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Panorama económico mundial

Pobreza: ¿meta inalcanzable?
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Un tren suburbano pasa por un puente en Mumbai, India, mientras debajo se desarrolla un barrio marginalFoto Reuters
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Periódico La Jornada
Martes 10 de marzo de 2015, p. 25

Foro difícil, Naciones Unidas batalla para lograr que las naciones se comprometan a fijar objetivos, ya no se diga para lograrlos. Merece, pues, estar orgullosa de haber logrado ya su objetivo de reducir a la mitad la cantidad de personas que viven en pobreza extrema al final de este año, en comparación con el nivel de 1990. De hecho, esta meta se alcanzó con cinco años de anticipación. En 1990, 36 por ciento de la población mundial vivía en pobreza abyecta; hacia 2010 la cifra se había reducido a 18 por ciento. En términos absolutos, el número de quienes están en esa situación desesperada se ha reducido de mil 900 millones a alrededor de mil millones en la actualidad.

Este éxito conspicuo ha puesto el escenario para una meta más ambiciosa: la completa eliminación de la pobreza extrema en 2030. El Banco Mundial ya ha declarado que ese será su objetivo, y se espera que la ONU lo convierta más adelante este año en la piedra angular de su nueva agenda de desarrollo. Es un objetivo valioso, pero el panorama económico de las naciones en desarrollo se ha oscurecido con respecto a 2013, cuando el Banco Mundial lo estableció. Por desgracia, eso hará que la fecha límite sea mucho más difícil de cumplir; según las tendencias actuales, es probable que se rebase por amplio margen.

De cabeza

Poner fin a la pobreza tiene una definición muy específica en el libro del Banco Mundial. No significa albergar a todo mundo en la clase media, mucho menos eliminar la pobreza relativa (en ausencia de la perfecta igualdad, algunos serán siempre más pobres que otros). Más bien significa que nadie debe vivir con menos de 1.25 dólares al día, en dólares de 2005, ajustados tanto a la inflación como para tomar en cuenta el bajo costo de vida en los países interesados. Esa cifra, que se ha vuelto una medida ampliamente aceptada de privación abyecta, se derivó en principio tomando un promedio de líneas de pobreza –el ingreso mínimo necesario para satisfacer necesidades básicas– de 15 de las naciones más pobres del mundo.

También es importante hacer notar que el Banco Mundial ha incorporado cierto colchón en su meta. El éxito se declarará siempre y cuando no más de 3 por ciento de la población mundial subsista con menos de 1.25 dólares al día. Esto refleja la suposición de que la pobreza friccional persistirá muchos años: la volatilidad económica y los problemas políticos, de tiempo en tiempo, echarán a ciudadanos de países pobres más debajo de la línea de pobreza. Pero aun con ese margen de tolerancia, hay razones para ser pesimistas de que se cumpla la meta de aquí a 2030.

La viabilidad de este objetivo depende en extrapolaciones del desempeño económico de las décadas pasadas. Un enfoque es asumir que la tasa de pobreza global continúa cayendo más o menos por un punto porcentual al año, como ha ocurrido desde la década de 1980. Eso la llevaría a menos de 3 por ciento antes de 2030. Si eso parece un poco crudo, un segundo método implica simular los efectos de una gama de tasas de crecimiento. La meta de pobreza sería asequible en la medida en que el consumo por persona en países en desarrollo se incremente alrededor de 4 por ciento al año, más o menos el ritmo que ha alcanzado de 1999 a la fecha.

Sin embargo, una investigación reciente del Banco Mundial arroja dudas sobre los dos enfoques. La primera proyección –que la pobreza puede seguir declinando por un punto porcentual al año– es la más fácil de descartar. La tabla muestra la distribución del gasto por persona en el mundo en desarrollo en 1990 y en 2011. En 1990 había una gran masa de personas que gastaban poco menos de 1.25 dólares diarios. Se requirió un impulso relativamente pequeño del crecimiento para elevar ese grupo por encima del umbral. Pero la mayoría de sus integrantes están ahora fuera de la pobreza extrema: se requerirán cantidades cada vez mayores de crecimiento para elevar al mismo nivel a quienes están debajo de la escala. La mayoría de las personas aún en penuria viven en países de economía crónicamente débil o pertenecen a grupos marginados, lo cual sugiere que no sería realista esperar avances firmes en su bienestar.

La segunda proyección (basada en un crecimiento sostenido de 4 por ciento en el consumo por persona) sí toma en cuenta la distribución existente de pobreza global. Pero Nobuo Yoshida, Hiroki Uematsu y Carlos Sobrado, del Banco Mundial, han señalado otras tres fallas. Primero, la proyección da por sentado que el crecimiento de la población es parejo en los países en desarrollo, cuando de hecho es mayor en los más pobres que en los más prósperos. Segundo, asume un crecimiento uniforme en el consumo, pero los ritmos en los países más pobres, en especial en África subsahariana, son más lentos. Tercero, supone niveles constantes de desigualdad, cuando el crecimiento en las naciones en desarrollo a menudo viene aparejado con desigualdad creciente.

Al hacer pronósticos específicos por país sobre crecimiento, demografía y desigualdad, los investigadores calculan que la tasa de pobreza global será de 8.5 por ciento en 2030, muy lejos del sueño de terminar con la pobreza en los próximos 15 años. En su nuevo informe Perspectivas económicas globales, el Banco Mundial reconoce el reto. Su escenario base ubica la tasa global de crecimiento en 5 por ciento en 2030.

Desde luego, es posible obtener mejores resultados. Una medición de las condiciones de estabilidad política y económica en los países más pobres obraría maravillas, presumiblemente. Además, Christoph Lakner, Mario Negre y Espen Beer Prydz, también del Banco Mundial, hacen notar que éste ha trazado dos objetivos. Uno es poner fin a la pobreza; el otro es compartir la prosperidad, promoviendo el crecimiento del ingreso para el 40 por ciento más pobre en cada país en particular. Este último objetivo sustenta el primero. Si los países en desarrollo sostienen su crecimiento, y el ingreso del 40 por ciento más bajo de la población se eleva en dos puntos porcentuales más rápido cada año que el promedio general, la tasa de pobreza global caería a 2.7 por ciento hacia 2030.

Tales ganancias desproporcionadas para los estratos más bajos de la sociedad, escriben, no tendrían precedente, y lo más probable es que no sean realistas. Aun así, resulta útil reconocer que esa es la mejor ruta hacia el fin de la pobreza. El crecimiento económico es el arma más poderosa en la lucha contra la pobreza, pero en sí mismo es insuficiente. Los gobiernos también deben adoptar políticas que ayuden a los pobres en forma desproporcionada, como es invertir en infraestructura rural y protección a la salud. El mundo tal vez no elimine la privación absoluta en 2030, pero puede darse la mejor oportunidad de hacerlo.

Economist Intelligence Unit

Traducción: Jorge Anaya

En asociación con Infoestratégica