Directora General: Carmen Lira Saade
Director Fundador: Carlos Payán Velver
Domingo 9 de marzo de 2014 Num: 992

Portada

Presentación

Bazar de asombros
Hugo Gutiérrez Vega

Instante bailado,
instante vivido

Andrea Tirado

Hoover o las
dualidades del sabueso

Augusto Isla

La literatura, una percepción del mundo
Javier Galindo Ulloa entrevista
con Federico Campbell

Los permisos de la
muerte: la violencia
narrada y sus límites

Gustavo Ogarrio

El narco entre
ficción y realidad

Ana Paula Pintado Cortina

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Columnas:
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Artes Visuales
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La Jornada Semanal

 
 

La literatura,
una percepción
del mundo

Federico Campbell en octubre de 2001. Foto: David Hernández/ archivo La Jornada

Cuando el escritor mexicano Federico Campbell (1941-2014) fue galardonado con la beca J.S. Guggenheim en 1995, tuve la oportunidad de entrevistarlo en un restaurante de la Zona Rosa, cerca de la casa donde vivía entonces. Al rescatar el material inédito de aquella larga charla, me percaté de que sus ideas sobre la política mexicana siguen aún vigentes (en aquel tiempo aún estaba en poder el Partido de la Revolución Institucional, cinco años después lo sucedería el Partido de Acción Nacional). En su obra narrativa, como Pretexta, o en sus ensayos y reportajes periodísticos, Campbell ya había revelado la corrupción de los gobernadores y funcionarios políticos, la impunidad en el sistema judicial, el avance del crimen organizado y la complicidad del gobierno con el narcotráfico. Ahora que ha vuelto el PRI a la Presidencia, las cosas no han cambiado respecto a la situación social, económica y política del país, tal como lo había anunciado antes el escritor tijuanense.

entrevista con Federico Campbell

Javier Galindo Ulloa

–¿Con la beca Guggenheim aspira a ser reconocido como escritor en México?

–No, porque la fama de un escritor en México es privada, por decirlo paradójicamente. Vivimos en un país donde menos se lee. Los mexicanos en general no leen, mucho menos libros. Nuestro país tiene noventa millones de habitantes y resulta que una edición de una novela no tiene un tiraje de más de tres mil ejemplares. Usted hace cola en un banco durante una hora, de cuarenta personas, y resulta que nadie, absolutamente ninguna persona está leyendo. Están haciendo nada. En el Metro o en un microbús poca gente lee; leerá el periódico pero no libros. Sentirse uno célebre en un país como México es un tanto pueril, es no estar percibiendo la realidad objetiva. Aquí es famoso un futbolista, un boxeador o un pitcher; igual puede ocurrir en otro país. Hay estadunidenses que no saben quién es Paul Auster, pero sí Michael Jordan. La beca Guggenheim es un galardón al que cualquier escritor latinoamericano aspira porque es una prenda de prestigio. Es algo que si está en nuestro currículum no nos hace daño, al contrario nos abre las puertas hacia el circuito de las conferencias remuneradas. En países distintos a México se piensa que la conferencia que da un escritor es un trabajo que debe ser remunerado. En cambio aquí, no se piensa así, porque no es considerado como un trabajo. Las empresas, las universidades y centros de cultura quieren que los escritores no cobren por dar una conferencia. Pero en los países civilizados se cree que esta actividad es una preparación de muchos años que merece una remuneración. La Guggenheim nos mete en el circuito de las conferencias remuneradas en las universidades estadunidenses. Eso está bien para el que tenga vocación de conferencista. Pero yo no la poseo, ni me gusta hacerlo ni lo disfruto; por eso yo no soy profesor; no tengo la paciencia ni la soberbia del santo para dar clase. Es un apoyo material la beca, que me permite comprar tiempo. Para mí es maravilloso porque a mí no me gusta tener una larga jornada laboral. Trabajé muy a mi pesar en la revista Proceso durante once años. Entonces una beca me va de maravilla para estar en el ocio absoluto, en el café, paseando y viajando. Lo que me gusta a mí es irme de pesca a los lagos de Baja California, en Ensenada. Me gustaría pasar la vida pescando sin el deber de trabajar.

–¿Por qué le rehúye al trabajo?

–Porque el trabajo que yo tenía no era placentero; tenía la necesidad de ganar dinero para comer. Lo hacía por obligación, no por placer. Claro, es lo que Marx llama el trabajo enajenado, porque todo hombre tiene derecho a aspirar a una labor que lo haga feliz. Realmente la vida mejor realizada es aquélla en la que uno vive del oficio que le guste. Porque ni la literatura ni la escritura son una profesión, son algo que haces por alegría, por placer, que tarde o temprano puede ser remunerado.

–Ahora hay escritores que se dedican a colaborar en la televisión…

–Sí, es como Juan José Arreola, que cobraba por hablar. Fue un gran conversador y de pronto alguien se le acerca y le dice que le vamos a pagar por hablar. Entonces se lo llevan a la televisión para que hable detrás de la pantalla. No tuvo mucho éxito televisivo, porque este medio conspira contra la palabra hablada y escrita, contra la cultura gráfica, contra el libro y la poesía. Por muy bien que hable un Juan José Arreola o un Octavio Paz, son cosas que el público no concebirá bien. Porque la palabra en la televisión es otra cosa distinta a la palabra escrita en los libros, al lenguaje que experimenta el lector. A veces en la televisión es elocuente un silencio y corrompe las palabras. La televisión es muy estridente, muy gritona y vociferante. No es un medio apto para la palabra poética.

–¿Cuál sería el papel de la literatura en la sociedad?

–La literatura es una forma de relacionarse con los demás, porque es algo que incorporamos a nuestra vida cotidiana. No es arte que esté en las librerías o bibliotecas, sino es algo vivo que está en nuestra vida cotidiana, en el trato con nuestros amigos, hijos, y en nuestras amantes. Es lo que nos permite expresarnos y articular el mundo, volver simple lo complejo, claro lo que es oscuro, en fin. Es una manera de organizar la expresión y nuestra percepción del mundo. Cada quien lo manifiesta desde su subjetividad. Nosotros los escritores, como cualquier ser humano, hablamos desde nuestro yo, desde nuestra identidad personal, de lo que hemos construido poco a poco. Desde ese yo expresamos, gracias a la literatura, nuestra percepción del mundo, que puede estar muy pigmentado por nuestro modo de ser, por nuestro temperamento y por nuestra experiencia previa. Y eso le da a cada escritor una peculiaridad que lo distingue de los demás hombres. Le da su individualidad. Porque ahí está su estilo personal.

–¿Qué opina del sistema político del PRI?


Foto: archivo La Jornada

–Lo veo en picada, en barrena, como la caída de un avión. El poder presidencial se está disolviendo, y camina hacia su segura extinción. Es un sistema ya demasiado desgastado y muy abusivo a la vez. Sus abusos se parecen a los de una dictadura; por ejemplo, una de las cosas ofensivas del sistema presidencialista en México es la de la administración de la justicia. Nosotros vivimos en un país donde todos los días se tortura a la gente y en donde todos los días se mete a la gente inocente en las cárceles. En estos momentos que estamos hablando calculo que se estará torturando a veinte personas en todo el territorio nacional. Nosotros no tenemos una policía científica sino torturadora. La administración de la justicia está a cargo del Ejecutivo, porque él se mete en terrenos que son propios de los jueces, invade el terreno del Poder Judicial, sobre todo en los estados de provincia. Los procuradores y las policías son el brazo armado del gobernador que ejerce la justicia a voluntad. Va a la cárcel o no va el que él quiera. Esa es la gran corrupción del sistema político mexicano, no hay una separación entre los órganos que administran la justicia y el Poder Ejecutivo. La corrupción a lo largo de los años se volvió en el sistema presidencialista de Estado. No nos impresiona tanto por su profusión, por el hecho de que esté en todas partes, sino que nos produce gran asombro por su dimensión; es decir, por la dimensión con que se enriquecen los políticos mexicanos. Un presidente mexicano al terminar la gestión entra a formar parte de los hombres más ricos del mundo. México es un país saqueado, es como un pueblo tomado por un grupo de cuatreros. Es como la película de Río Bravo, de John Ford: un grupo de facinerosos toma un pueblo y se apodera del banco, del telégrafo y del bar. México es un país tomado por un grupo de cuatreros que está organizado a través del PRI y ha saqueado al país. Los gastos de la campaña de Roberto Madrazo en Tabasco son realmente inconcebibles. Los dólares colombianos han estado en estas misteriosas campañas y nadie sabe quién las financia. Madrazo gastó más dinero que Bill Clinton en su campaña presidencial. La cantidad de dinero que roban los gobernadores y secretarios de Estado es impresionante, no se puede creer el lujo en el que viven. Después de haber sido gobernador de Chiapas o gerente de la Conasupo o embajador, resulta que es un hombre millonario en dólares, por el mero hecho de haber sido político. Podemos entender que un gobernador estuvo robando el dinero que le mandaba el gobierno federal. Pero resulta que la cantidad de dinero que llega a acumular en propiedad y acciones en las empresas es inmensa. ¿Por qué el señor Emilio Martínez Manautou maneja cuentas de cien millones de dólares en un banco de las Islas Caimán? Este país sería otra cosa si no fuera saqueado. En los años setenta había un gobernador del noroeste que decía que una gubernatura dejaba por lo menos cien millones de dólares, por muy chiquita que fuera o más pobre; imagínate lo que deja una gubernatura tan grande como Baja California o Nuevo León o Veracruz, los estados más ricos. Es inconmensurable. Entonces, México es un país saqueado por un grupo de bandidos que ya llevan varias generaciones en el poder, y prácticamente ha quebrado al país. Eso gracias al sistema presidencialista del partido de Estado; es un sistema para despojar al país de sus riquezas. Ha habido mucho abuso y desamor por México, y una falta de respeto al pueblo mexicano. Estamos viviendo ahora la agonía del dinosaurio, que se le está acabando la película. Al mismo tiempo hay una recomposición civil de la sociedad mexicana. Hay más sociedad civil ahora que hace quince años, porque es la parte consciente de la sociedad. El resto de la población ha sido corrompida por el sistema priísta, que la vino a corromper. Este régimen es un modo de vida, consiste en ganar dinero sin trabajar, entonces esto es muy seductor para una buena parte de la población que está desempleada y no tiene qué comer. Si un señor llega y te regala un litro de leche todos los días mientras llegan las elecciones, tú te dejas y votas por él. Como decía Jorge Ibargüengoitia, que nosotros tenemos un sistema de un partido de Estado; es cierto, pero también tenemos un sector de la población mexicana que es parte de esa corrupción porque se deja corromper y permite esas travesuras del sistema.