Directora General: Carmen Lira Saade
Director Fundador: Carlos Payán Velver
Domingo 9 de marzo de 2014 Num: 992

Portada

Presentación

Bazar de asombros
Hugo Gutiérrez Vega

Instante bailado,
instante vivido

Andrea Tirado

Hoover o las
dualidades del sabueso

Augusto Isla

La literatura, una percepción del mundo
Javier Galindo Ulloa entrevista
con Federico Campbell

Los permisos de la
muerte: la violencia
narrada y sus límites

Gustavo Ogarrio

El narco entre
ficción y realidad

Ana Paula Pintado Cortina

Leer

Columnas:
A Lápiz
Enrique López Aguilar
Jornada Virtual
Naief Yehya
Artes Visuales
Germaine Gómez Haro
Bemol Sostenido
Alonso Arreola
Paso a Retirarme
Ana García Bergua
Cabezalcubo
Jorge Moch
Prosaismos
Orlando Ortiz
Cinexcusas
Luis Tovar


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal[email protected]
@JornadaSemanal
La Jornada Semanal

 
 

Hugo Gutiérrez Vega

Tomóchic y los milenarismos (I DE VI)

In memoriam Raúl Rangel Frías

La historia de los milenarismos y de las utopías populares presenta aspectos tanto espirituales como materiales muy complejos, y requiere de un análisis desapasionado que evite las condenaciones y no incurra en los excesos de un racionalismo irreductible. En la historia iberoamericana ha habido muchos y muy variados milenarismos. Recuerdo el sebastianismo portugués que se basaba en la desaparición del joven y apuesto rey don Sebastián en la batalla de Alcazarquibir, durante la campaña de Marruecos. El monarca desapareció en el combate y nunca se supo nada de su paradero. Por eso creció en Portugal el movimiento sebastianista que esperaba el retorno del joven monarca, ya que con él se inauguraría un milenio de paz y de prosperidad para el imperio portugués. El mismo Fernando Pessoa perteneció al movimiento y dejó testimonio de su militancia en varios textos deliciosamente esotéricos. La obsesión milenarista viajó con los portugueses a Brasil y ahí se manifestó en el movimiento de Antonio Consejero desarrollado a fines del siglo XIX en los sertones del norte del estado de Bahía. Consejero logró reunir a miles de yagunzos y fundó su precaria ciudad en la región de Canudos. Predicó su doctrina y, de alguna manera, se convirtió en un nuevo Mesías que anunciaba la llegada del milenio feliz. El primer presidente de la República Brasileña, el mariscal Floriano Peixoto, decidió combatir a los milenaristas y mandó a su ejército para que sitiara Canudos. El intento fracasó en tres ocasiones hasta que, apoyado por varias compañías y por la artillería, derrotó a las mal armadas fuerzas de Consejero, quemó la ciudad y borró la memoria del movimiento milenarista. Euclides da Cunha, periodista y escritor, hizo la crónica del acontecimiento. Basado en ella, Mario Vargas Llosa escribió La guerra del fin del mundo, novela magistral por muchos conceptos.

Los milenarismos mexicanos han sido también muy importantes. Recordemos al niño Fidencio, su doctrina rudimentaria y prometedora, así como sus facultades curativas. Quedan remanentes de la historia de Espinazo y de la extraña figura oligofrénica del curandero que influyó sobre miles de ciudadanos. En el México actual siguen vivos algunos movimientos utopistas de carácter popular. El inmenso Santuario de la Luz del Mundo en Guadalajara es un ejemplo de la vitalidad de los movimientos populares de carácter esotérico que, según Eliade, se basan en una metafísica contrahecha.

La historia de Tomóchic tiene mucho que ver con la religiosidad popular y con el pensamiento esotérico. Teresita Urrea es una vidente que interviene poderosamente en el conflicto sociopolítico del pequeño pueblo de Tomóchic. Era conocida con el nombre de la Santa de Cabora y su acción se relacionaba con el Santo Cristo de Chopeque y con el apostolado de un anciano vidente llamado Carmen Maria López y Valencia que pronunciaba sermones callejeros y pedía limosnas para el culto de la Virgen del Refugio.

(Continuará)

[email protected]