Cultura
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Pieza escultórica en cedro de 14 metros de altura, elaborada por Jesús Silva Torres

Elevan en Malinalco un mástil tallado que contiene la esencia y cosmogonía mexica

Representa el inframundo, la tierra donde vivimos y el mundo celeste

Parte de la colección particular de un empresario francés, interesado en promover el arte de creadores del Pueblo Mágico

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El artista dedicó el mástil a las divinidades aztecas en una ceremonia con danzas, tambores y músicaFoto Roberto García Ortiz
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El escultor Jesús Silva TorresFoto Roberto García Ortiz
Enviada
Periódico La Jornada
Lunes 23 de septiembre de 2013, p. 8

Malinalco, Edomex., 22 de septiembre.

Una representación mexica del inframundo, la tierra donde vivimos y el mundo celeste se encuentra en Malinalco, estado de México, gracias a la obra del escultor Jesús Silva Torres, quien en un mástil de cedro de 14 metros de altura plasmó el conocimiento y la esencia de nuestros ancestros prehispánicos en forma de árbol cósmico.

No hay un interés por nuestra cultura. La mayor parte de los mexicanos no la conocemos, nos conformamos con lo escaso que nos dicen, que los mexicas eran antropófagos, sanguinarios, sacrificadores y emplumados. Y no es cierto, la historia ha sido escrita por los vencedores para justificar sus atrocidades, pero realmente nuestra cultura fue una de las más pulcras, de las más adelantadas a su tiempo, comentó el artista mexiquense en entrevista, durante la presentación de la escultura que forma parte de la colección particular de un empresario francés, radicado en México e interesado en promover el arte de creadores de Malinalco, declarado Pueblo Mágico.

El rostro de la muerte que comienza a generar vida, plantas endémicas, un colibrí que representa a los guerreros muertos en batalla que regresan del Mictlán como ave de hermoso plumaje para acompañar al Sol, el aliento divino y un murciélago que representa la noche, son algunos de los elementos que se elevan en la representación escultórica que tardó siete meses de detallado trabajo.

De acuerdo con el artista, la obra conjunta es el simbolismo del nombre Malinalco: vida y muerte, positivo y negativo, hombre y mujer. Torres Silva señaló que el nombre del lugar proviene de la voz náhuatl malinalli, que significa cosa que se tuerce y forma en sí misma una espiral, y el locativo co, por lo que significa lugar de donde se unen las partes. Metafóricamente diríamos que es el lugar donde se rinde culto a la vida a través de la muerte como principio generador.

Expositor en otros países

Jesús Silva Torres, originario del municipio mexiquense, ha ganado diversos concursos de arte en reconocimiento a su trabajo en tallado en madera, en el que ha plasmado animales y figuras del mundo precolombino. Ha expuesto sus piezas en Estados Unidos, Cuba y Finlandia. Forma parte de un taller que impulsa el trabajo de artesanos de la región que hasta ahora agrupa a más de 50 integrantes, y gracias a talleres que se imparten la talla en madera se ha convertido en una tradición de la región. Incluso, se fundó un encuentro regional de escultura.

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El pintor Fernando Aguilera Quintero muestra un fresco que elaboró para acompañar el mástilFoto Roberto García Ortiz

La obra, instalada en una propiedad privada en Malinalco, enclavada entre montañas a espaldas de las ruinas arqueológicas del lugar, también es un reloj astronómico que marca los solsticios y equinoccios, al igual que las horas de día. Una prisma cristal de cuatro colores enclavado en lo alto permite penetrar rayos de Sol que brindan las señales en puntos determinados. Así, como lo hacían los constructores mayas o aztecas en las pirámides.

En su infancia, relató Silva Torres, elaboraba resorteras con madera de guayabo y herramientas improvisadas. Fue como descubrió su habilidad para crear figuras de madera, arte que luego perfeccionando. Aunque realiza esculturas en mármol y resina, el artista afirmó que la madera es un material mágico, porque conecta con el cosmos de la tierra y el cielo; acompaña al ser humano desde que nace hasta que muere. Además, es la tercera dimensión palpable.

La textura, el olor, el color de la madera es iniguanable. Explicó que la madera le habla conforme la va tallando, le va revelando las formas en las que se va a transformar. Detalles e imperfecciones se van incorporando entre los símbolos que adquieren forma tridimensional.

De igual forma, el conocimiento del pasado prehispánico fue una inquietud que surgió desde temprana edad, por lo que comenzó a investigar y aprender más sobre el pasado mexica, incluso realizó traducciones de textos en náhuatl. Así, no sólo artista, sino ferviente admirador de la cultura ancestral, antes de entregar su pieza escultórica, penacho emplumado, entre danzas, tambores y música de caracol, ofrendó sus piezas a las divinidades aztecas.

Junto con la escultura también se presentó una pieza del pintor Fernando Aguilera Quintero, quien en su obra retoma la cosmogonía prehispánica. Acompañando al mástil de madera se encuentra una reproducción del Códice Fejérvay-Mayer y cuatro pinturas simbólicas de los puntos cardinales y las divinidades aztecas. También realizó un fresco con alusiones mexicas, en una técnica que imita a las de frailes que hacían códices para documental el nuevo territorio mexicano; además se agregaron símbolos de la cultura celta, en consonancia con el dueño del lugar donde permanecerá la obra, en una convergencia de dos culturas muy antiguas en la humanidad.