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Pilar del Río compartió escenario con seis mujeres en el Palacio de Bellas Artes

Fragmentos de sus obras, entrelazados con arias, en el homenaje a Saramago

La cantante Ely Guerra arrancó enorme ovación luego de interpretar a capella Júrame

El montaje requirió una inversión de alrededor del millón de pesos, informó el CNCA

 
Periódico La Jornada
Sábado 2 de abril de 2011, p. 5

Jesús, conmigo, no fue el Hijo de Dios, y yo, con él, no fui la prostituta María de Magdala, fuimos únicamente este hombre y esta mujer, ambos estremecidos de amor y a quienes el mundo rodeaba como un buitre barruntando sangre, leyó con fuerza Pilar del Río en el clímax de la puesta en escena Voces de mujer en la obra de Saramago.

Durante el homenaje que se rindió la noche del jueves al Nobel lusitano en el teatro del Palacio de Bellas Artes, la novia del escritor –como prefiere que la llamen– compartió escenario con Ofelia Medina, Lydia Cacho, Lourdes Ambriz, Irene Azuela, Clarissa Malheiros y una Ely Guerra que arrancó una enorme ovación a mitad del espectáculo luego de su interpretación a capella de Júrame, de la compositora María Grever.

La lectura de fragmentos de las obras Ensayo sobre la ceguera, Memorial del convento y Las intermitencias de la muerte se entrelazó con las arias interpretadas por Lourdes Ambriz: Kabara’s Lullaby, de Paul Barrer (texto inspirado en una nana kulkhaasi); Estudio Bop núm. 10, de Eugenio Toussaint; Motivy, de Emil Tabakov; el aria Toglietemi la vita ancor, de Mitridate de Il Pompeo, de Alessandro Scarlatti y De mi a la estrella, de Arturo González Martínez, a partir de un texto del propio Saramago. La acompañó el contrabajista Luis Antonio Rojas.

Guerra también interpretó Mi condición, acompañada por el bajista Miguel Hernández y el guitarrista Damián Gálvez. Fue el preludio para la lectura de un pasaje que el escritor portugués publicó en su blog en junio de 2009 y que imaginó como un capítulo más de su polémica y magistral novela El evangelio según Jesucristo.

Sé eso solo

El texto se incluye en el libro póstumo El último cuaderno y fue uno de los que más interesó a los espectadores que abarrotaron el foro principal del máximo recinto cultural del país.

“Algunos dijeron que Jesús había expulsado siete demonios de mis entrañas, pero tampoco eso es verdad. Lo que Jesús hizo, sí, fue despertar los siete ángeles que dormían dentro de mi alma a la espera de que él viniera a pedirme socorro: ‘Ayúdame’. Fueran los ángeles quienes le curaron el pie, los que me guiaron las manos temblorosas y limpiaron el pus de la herida, fueron ellos quienes me pusieron en los labios la pregunta sin la que Jesús no podría ayudarme a mí: ‘¿Sabes quién soy, lo que hago, de lo que vivo’, y él respondió: ‘Lo sé’, ‘No has tenido que mirar y ya lo sabes todo’, dije yo, y él respondió: ‘No sé nada’, y yo insistí: ‘Que soy prostituta’, ‘Eso lo sé’, ‘Que me acuesto con hombres por dinero’, ‘Sí’, ‘Entonces lo sabes todo de mí’ y él, con voz tranquila, como la lisa superficie de un lago murmurando, dijo: ‘Sé eso solo’. Entonces yo todavía ignoraba que era él era el Hijo de Dios, ni siquiera imaginaba que Dios quisiese tener un hijo, pero, en ese instante, con la luz deslumbrante del entendimiento, percibí en mi espíritu que solamente un verdadero Hijo del Hombre podría haber pronunciado esas tres simples palabras: ‘Sé eso solo’. Nos quedamos mirándonos el uno al otro, ni nos dimos cuenta de que los ángeles se habían retirado ya, y a partir de esa hora, en la palabra y en el silencio, en la noche y en el día, con el sol y con la luna, en la presencia y en la ausencia, comencé a decirle a Jesús quién era yo, y todavía me faltaba mucho para llegar al fondo de mí misma cuando lo mataron. Soy María de Magdala y amé. No hay nada más que decir.”

Foto
Pilar del Río, traductora y novia del autor, en una escena del montaje Voces de mujer en la obra de Saramago, presentado en la Sala Principal del Palacio de Bellas ArtesFoto Yazmín Ortega Cortés

El montaje tuvo una inversión de alrededor del millón de pesos, informó la presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Consuelo Sáizar, quien consideró que la estructura dramática del espectáculo, diseñada por Antonio Castro en colaboración con Pilar del Río, “muestra la enorme empatía que tenía Saramago con el espíritu femenino; cuando uno escucha las palabras pareciera que las escribió una mujer, pero lo hizo un hombre que las comprendía muy bien.

Es un acto que México merece tener, estoy segura que todos los devotos lectores de Saramago estarán encantados de tener esta oportunidad de rendirle, una vez más, una muestra de amor, pero también de disfrutar de otra manera su gran capacidad literaria.