Opinión
Ver día anteriorDomingo 28 de febrero de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Los nuevos europeos
E

n la era de la globalización y el libre mercado, la información, las mercancías y los capitales fluyen por el mundo de manera eficiente, rápida y expedita. No así la mano de obra, que no forma parte del proceso de apertura de mercados, aunque real y técnicamente la mano de obra siempre ha sido una mercancía.

En efecto, se trata de una mercancía caliente, ya lo decía aquel famoso aforismo europeo: esperábamos trabajadores y nos llegaron personas, seres humanos. Pero a pesar de todas las barreras, muros, controles y requisitos la gente se mueve en busca de trabajo y mejores oportunidades. Esta situación ha llevado a muchos países de destino a cambiar sus leyes sobre la nacionalidad y los requisitos para adquirirla. Tradicionalmente la nacionalidad se regía por los criterios de jus soli y jus sanguinis, el derecho de haber nacido en ese suelo y el derecho que se adquiría por consanguinidad. En algunos casos, como el español, el derecho de sangre lo otorgaba el padre y no la madre, asunto que ha sido modificado hace ya un par de décadas.

Muchos países europeos han optado por seguir el ejemplo alemán, que desde épocas remotas sólo admitía el derecho de sangre. Ahora, si naces en un país europeo, obtendrás la nacionalidad de tus padres, y si ambos son migrantes, serás extranjero. Se ha priorizado la consanguineidad, que en términos teóricos significa compartir la misma identidad, fenotipo, raza, lengua y cultura.

Pero el cambio en este sentido ha resultado ser un bumerán. Por regla general los hijos de españoles, italianos, portugueses, alemanes, franceses, holandeses, etcétera, que nacían en otro país, no se preocupaban por adquirir la nacionalidad de sus padres. Simplemente eran argentinos, mexicanos, peruanos, colombianos. Pero con la globalización, las leyes restrictivas, los pasaportes comunitarios y los flujos migratorios, tener varias nacionalidades se ha convertido en un recurso fundamental. Hoy en día tener un pasaporte europeo es casi casi la panacea.

Los millones de hijos, nietos y bisnietos de los otros tantos millones de inmigrantes europeos y de otras nacionalidades que llegaron a América Latina, ahora tienen derecho de adquirir, recuperar o reclamar otra nacionalidad. En el caso de España hay un movimiento de protesta de los nietos de españoles que reclaman sus derechos de consanguinidad. Se han dado casos, incluso, que los parientes recuperan la nacionalidad de sus padres ya fallecidos, para que ellos, a su vez, puedan tener acceso a la nacionalidad como hijos de españoles. Es el caso de un argentino, que en un blog de inmigrantes en España narraba que tuvo que nacionalizar a su padre post morten, para poder iniciar sus trámites de nacionalidad.

Otro tanto ha sucedido con los descendientes de republicanos españoles; la Ley de la Memoria Histórica (http://leymemoria.mjusticia.es) les otorgó a los hijos y nietos de españoles exiliados el derecho de adquirir la nacionalidad de sus ancestros sin mayores trámites y requisitos. La ley dice textualmente que se presumirá la condición de exiliado respecto de todos los españoles que salieron de España entre el 18 de julio de 1936 y 31 de diciembre de 1955. Los nietos de aquellos que emigraron en otras fechas también tienen derechos, pero los trámites son mucho más complicados y en la mayoría de los casos se exige residencia de dos años. Se espera que con esta ley que cerca de un millón de personas adquieran la nacionalidad española y, por tanto, el pasaporte europeo.

En Cuba, por ejemplo, esta ley ha despertado muchas expectativas. El primer cubano que se acogió a la ley fue el cardiólogo Norberto Díaz, quien recibió su pasaporte español el 5 de febrero de 2009 y ya está en España viviendo y trabajando. La embajada española en La Habana ha recibido más de 25 mil solicitudes de cubanos durante el año 2009 y en el mundo se han recibido un total de 161 mil 463 solicitudes de nacionalidad, lo que ha desbordado de trabajo a los consulados y embajadas.

Esta marejada de peticiones de nacionalidad ha despertado opiniones encontradas en la madre patria. Porque aquello de madre es pura retórica. Los hijos y nietos de españoles tienen muy poco de español y mucho de mexicano, colombiano o argentino, porque es el suelo donde uno nació, que lo cobijó, lo que forma social y culturalmente.

Los reclamos por la nacionalidad no son muy bien considerados por el común del pueblo español. Y ahora resulta que muchos de ellos argumentan con el jus soli a todos aquellos que con justeza y, de acuerdo con la ley, reclaman el derecho de sangre. De este modo respondió un gallego a un argentino, nieto de gallegos, que se quejaba porque no le habían aceptado el trámite para la nacionalidad:

“Porque tú no hablas nada de patria ni esas cosas, lo único que parece te interesa es ir a trabajar a España.

“¿Qué es la patria para ti, serías capaz de morir por España?

“Porque no nos engañemos, para la mayoría de los descendientes de los emigrantes españoles España nada significa, no os sentís españoles y consideráis vuestra patria al país donde nacisteis.

“Y si es así, bueno es que te nieguen la nacionalidad española, a ti y a todos los sudacas que os creéis que la doble nacionalidad es simplemente un curro, como decís en Argentina, para poder ir libremente a estableceros en España y quitarnos los puestos de trabajo a los de aquí, sin tener que pasar por los requisitos de inmigración, y eso es una inmoralidad.

Si no te sientes español, hombre, no tienes que tramitar la nacionalidad española.

(www.fillos.org/fillos/taboleiro/mensaxes/151.htm)

La política de tapar huecos y cerrar espacios para el acceso a la nacionalidad tiene sus límites y sus bemoles. Con el tiempo los hijos y nietos de inmigrantes se convertirán en españoles, como sus padres se hicieron latinoamericanos. El argumento del trabajo y la búsqueda de oportunidades es exactamente el mismo que los inmigrantes europeos utilizaron durante siglos. La Ley de Memoria Histórica es justa y necesaria y fue otorgada en buena ley. Pero la memoria histórica de un pueblo migrante como el español, el italiano o el portugués, es otra cosa.