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El arte de convertir una derrota en una victoria

J. Jaime Hernández

Resulta sorprendente la forma en que, incluso aquellos que nunca han ocultado su repudio y mala sangre hacia el presidente Andrés Manuel López Obrador, decidieron sumarse al coro de voces para celebrar la forma en que México consiguió conjurar la amenaza de Donald Trump de declarar “grupos terroristas” a los carteles de la droga.

Una amenaza que, por cierto, han blandido los republicanos desde hace ya más de una década.

Y digo sorprendente porque, a juzgar por lo que estaba en juego, era evidente que la administración Trump no se atrevería a elevar su apuesta contra México teniendo en cuenta las amplias concesiones de su vecino del sur a la hora de contener la más grave crisis migratoria de los últimos tiempos.

Con el despliegue de más de 27 mil efectivos en sus fronteras sur y norte, México había decidido convertirse en una extensión de la patrulla fronteriza de Donald Trump. O en una suerte de Muro humano dispuesto a contener el alud de migrantes que huían de la miseria y la violencia en Centroamérica.

Una labor que ha sido criticada por organizaciones defensoras de derechos humanos que consideran que esta alianza entre México y EU, para frustrar las esperanzas de miles de migrantes y refugiados que demandan asilo, es una flagrante violación del derecho internacional.

Además, en caso de haber declarado a los carteles mexicanos en un a extensión de organizaciones terroristas, el problema del éxodo se habría recrudecido hacia poblaciones mexicanas que ya huyen de la violencia en el norte para sumarse al ejército de refugiados y desplazados ante el embate de organizaciones que emplean métodos terroristas.

Por si fuera poco, el presidente Trump se habría dado un tiro en el pie a la hora de poner en la mira de las potenciales sanciones al sistema bancario de Estados Unidos. Sí, ese sistema que sigue blanqueando al año miles de millones de dólares a los carteles de la droga.

Como se sabe, la designación de una organización extranjera como “terrorista” (FTO por sus siglas en inglés), tiene profundas implicaciones legales, bancarias y financieras.

Es decir, una vez que se designa a una organización como “terrorista” o FTO, cualquier entidad o persona que resida en Estados Unidos, estará sujeta a la jurisdicción federal. Por lo tanto, es contra la ley proporcionar "apoyo o recursos materiales" a estos grupos terroristas.

El término "soporte o recursos materiales" se define en las leyes de EU como manejo de "moneda o instrumentos monetarios o valores financieros, servicios financieros, alojamiento, capacitación, asesoramiento o asistencia de expertos, casas de seguridad, documentación o identificación falsa, equipo de comunicaciones , instalaciones, armas, sustancias letales, explosivos, personal, transporte y otros activos físicos, excepto medicamentos o materiales religiosos “.

Es decir, un amplio abanico de actividades que hoy vinculan de forma encubierta o soterrada a los carteles mexicanos con los bancos de EU y sus filiales en todo el mundo.

Durante mucho tiempo, los más veteranos y experimentados agentes de la lucha contra el narcotráfico hacia ambos lados de la frontera, han insistido en la necesidad de desmantelar la poderosa red de complicidad financiera de los carteles en Estados Unidos para reducir su poder de fuego —con la compra de armamento de grueso calibre—, y su poder económico para corromper y comprar voluntades tanto en México como en la Unión Americana.

En caso de que Trump hubiera decidido seguir adelante con sus planes para designar como “organizaciones terroristas” a los carteles mexicanos, ésta habría sido la gran oportunidad del gobierno mexicano para exigir a EU el desmantelamiento de la estructura financiera en su propio sistema bancario.

Durante décadas, la banca de EU y los carteles mexicanos se han beneficiado mutuamente con un masivo esquema de lavado de dinero. Y, hasta ahora, ni un sólo ejecutivo o funcionario de la banca en EU ha ingresado en prisión.

El problema del lavado de dinero en el vecino del norte no es un problema que tenga que ver con la ausencia de leyes. De hecho, el acta contra lavado de dinero de 1986 criminaliza este tipo de actividad ilegal. Sin embargo, la ausencia de una mayor vigilancia por parte del gobierno federal y sus reguladores en EU, es hoy la principal razón de este ambiente de laxitud que tanto ha beneficiado a la banca y a sus prósperos clientes en el mundo del narcotráfico.

Como botón de muestra, habría que recordar que en 2010 el Banco Wachovia --hoy Wells Fargo--, se vió obligado a suspender sus operaciones de lavado de dinero en medio de una investigación judicial que le obligó a pagar una multa de 160 millones de dólares luego de haber movilizado más de 420 mil millones de dólares a través de la frontera.

Posteriormente, le tocó el turno al banco HSBC que se había convertido desde 2004 en uno de los principales operadores del cartel de Sinaloa para el lavado de dinero. Tan sólo entre el 2007 y el 2008, el HSBC realizó la transferencia de 7 mil millones de dólares a México, en algunos casos en avión ó por carretera.

Por lo tanto, la decisión de Trump de “recular” en sus planes para declarar “organizaciones terroristas” a los carteles de la droga, ha permitido a Trump retirar el dedo del gatillo. Un gatillo que difícilmente se habría atrevido a disparar.

En cualquier caso, esta nueva amenaza de Trump ha permitido en cambio al gobierno de AMLO convertir la humillante derrota de haber aceptado el triste papel de portero en el “patio trasero” de EU, en una victoria que hoy celebran hasta los más descreídos de la 4T.

La victoria de México sobre el régimen de Donald Trump tiene un aire de provisionalidad. Su impacto nunca será definitivo, como nunca lo han tenido las peleas entre dos vecinos como México y EU que, por definición, nunca tendrán victorias o derrotas definitivas.