Opinión
Ver día anteriorDomingo 16 de abril de 2023Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
Brasil y los cien primeros días de Lula
P

oco antes de llegar a China el miércoles pasado, el presidente Lula da Silva celebró los primeros cien días de su tercer mandato como presidente de Brasil.

El viaje estaba planeado para realizarse hace un mes, pero tuvo que ser postergado debido a que Lula contrajo neumonía.

A su regreso, el brasileño trajo 15 nuevos acuerdos comerciales, algunos de gran importancia.

Pero principalmente devolvió a Brasil al escenario internacional, después de cuatro años de aislamiento como consecuencia de las actitudes del desequilibrado ultraderechista Jair Bolsonaro en la presidencia. China, principal aliado comercial del país, ha sido insistentemente agredido por el ex presidente.

Básicamente, los primeros cien días del nuevo gobierno de Lula consistieron en retomar los viejos programas de sus mandatos anteriores y que fueron desmantelados por Bolsonaro.

Así, Más Médicos, Mi Casa, Mi Vida y Bolsa Familia fueron sacados del olvido e implantados de nuevo.

Se hizo un énfasis especial en la cuestión ambiental, así como en la defensa y protección de comunidades indígenas duramente atacadas por invasores ilegales de sus territorios, siempre bajo el incentivo, cuando no del amparo, del gobierno anterior.

También hubo anuncios importantes relacionados con escenario económico, además de anticipar otras medidas que se pretende ejecutar.

Sin embargo, al mismo tiempo esos cien días confirmaron que el principal obstáculo y desafío de Lula está en el Congreso, especialmente en la Cámara de Diputados, dominada en partes iguales por conservadores, reaccionarios y parlamentares cuya obsesión es apoderarse de robustos manojos del presupuesto.

En el Senado el cuadro es más equilibrado en favor del gobierno, pero las dificultades entre diputados son evidentes y palpables.

Lula distribuyó ministerios entre partidos de derecha calculando que con tal iniciativa obtendría respaldo en el Congreso, sobre todo en la Cámara; no obstante, cada día surgen indicios de que el juego no está definido.

Frente a diversos ministerios concedidos a la derecha, los directivos de los partidos señalan que se trató de indicación del presidente y no de las siglas; por lo tanto, no hay compromiso de respaldo hacia las iniciativas del gobierno.

El escenario exige toda la reconocida capacidad negociadora de Lula, aunque permanece envuelto en la niebla.

En su pronunciamiento relacionado al periodo, el presidente fue enfático. Entre muchas otras cosas, dijo que empezamos por lo necesario, para hacer lo posible y alcanzar sueños que hoy pueden parecer imposibles.

Un dato importante del periodo: el cambio drástico de la situación de los militares.

Bajo Bolsonaro, tanto retirados como muchos de los activos, se hicieron cómplices del cuadro de degradación generalizada que sofocó al país. También engordaron de manera radical sus ingresos, gracias a prebendas ofrecidas por el gobierno.

Ahora Lula trata de volver a profesionalizar a los uniformados y muchos responden a denuncias ante la justicia, con el riesgo de ser penalizados.

Ver a generales interrogados por la Policía Federal sobre sus vínculos con los golpistas incentivados por Bolsonaro es uno de los impactos de esos cien días. Y saber que están bajo la justicia civil, y no los tribunales militares, seguramente es otro.