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Ver día anteriorJueves 16 de marzo de 2023Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Bancos, inflación y tasas de interés
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os notas contrastantes revelan características fundamentales de los sistemas bancarios y de sus bancos centrales: En México, los bancos privados tuvieron utilidades que marcan récords históricos, en tanto que en Estados Unidos dos bancos privados, que atendían pequeños emprendimientos tecnológicos, quebraron. En ambos casos, la explicación está en las decisiones de política monetaria tomadas por quienes dirigen sus bancos centrales, que para enfrentar la inflación aumentaron las tasas de interés.

En nuestro caso, esos aumentos que colocaron la tasa por arriba de 11 por ciento explican un ensanchamiento significativo del margen financiero de los bancos, la diferencia entre las tasas que cobran y las que pagan que, con una cartera crediticia que se ha mantenido relativamente sana, elevaron sus utilidades brutas y luego ante las reducidas tasas tributarias significaron beneficios extraordinarios a nivel global. En contraste, en Estados Unidos esos mismos incrementos de las tasas de interés, que partieron de un nivel de prácticamente cero y que llevaron la tasa arriba de 4 por ciento, generaron problemas en empresas que operaban apretadamente.

La banca privada que funciona en México, dada su reconocida rentabilidad, no necesita operaciones alejadas de las prácticas bancarias usuales, en tanto que la banca estadunidense, con requerimientos regulatorios reales, aunque muy distantes de los existentes antes de la liberalización financiera, acostumbra transformar sus vencimientos: invertir depósitos a corto plazo en instrumentos a largo plazo, buscando ganar con los diferenciales de tasas. Estas prácticas les coloca en condiciones de riesgo, que se concretaron cuando las curvas de rendimiento financiero se modificaron.

Las decisiones de política monetaria aquí y allá, buscaron detener las expectativas inflacionarias de los formadores de precios ante dificultades en las cadenas de abastecimiento provocadas por la interrupción de las actividades económicas durante la pandemia. Los banqueros centrales actuaron como si la inflación se debiera a excesos de demanda, cuando claramente se trataba de problemas de oferta. Por eso, el comportamiento de los precios a nivel global siguió una trayectoria ascendente, pese a que los aumentos de la tasa de interés persistieron.

Apenas este año, empezó una reducción del ritmo de incrementos que, en el caso estadunidense pasó de 0.75 puntos porcentuales a 0.5.

En cambio, los miembros de la junta de gobierno del Banco de México (BdeM) mantuvieron la misma tendencia de incrementos de 0.75 puntos porcentuales ante la persistencia de la inflación que se ha registrado. Por supuesto, al aumentar las tasas de interés no sólo se afecta a los bancos, positiva o negativamente, se afecta también a los usuarios de servicios bancarios y a quienes estaban en busca de empleo.

Los usuarios de crédito han visto que se encarecen sus pasivos, sin que medie ninguna posibilidad de que sus ingresos crezcan. Los que estaban por solicitar un crédito para iniciar un emprendimiento o adquirir un inmueble, lo detienen ante el incremento de tasas que demanda un flujo de ingresos netos que probablemente no corresponda. De esta manera, se afecta el funcionamiento y aumentan las dificultades de la economía. Los datos del desempleo registran estas dificultades que, por supuesto, se concentran en los sectores más vulnerables de la sociedad.

Es posible que, ante estos problemas bancarios, la Reserva Federal (Fed) detenga sus incrementos. Los analistas financieros esperaban que en su próxima reunión se decidiera un incremento de 0.25 puntos porcentuales. Con dos bancos en quiebra, lo que ahora se pronostica es que la Fed decida mantener las tasas de referencia sin cambio, buscando contener eventuales problemas en otros bancos. Existe, además, un dato inflacionario descendente que señala 6 por ciento anual en febrero, cuando en enero se había ubicado en 6.4.

En México, el registro inflacionario ha empezado a reducirse a niveles de 7.6 por ciento anual. El BdeM sostiene que es indispensable que ese registro regrese a: 3 +/- 1 por ciento. Meta que pudiera modificarse sin ningún problema, pero que los banqueros centrales de la 4T respetan, quién sabe por qué. En consecuencia, es posible que en su siguiente reunión decidan incrementar nuevamente la tasa, aunque seguramente a un ritmo menor.

Lo relevante a destacar es que quienes ocupan los lugares decisorios en los bancos centrales resuelven afectar una variable clave en el funcionamiento de toda economía: el precio del dinero. Lo hacen reivindicando tecnicismos sobre los determinantes de la inflación. Lo que no consideran, aunque provengan de un proyecto político que se autodefine como diferente al del conservadurismo económico, son los costos sociales de sus decisiones. Costos que significan que amplios grupos de la población ven afectadas sus posibilidades de mejoramiento.