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Primer año de gobierno

El presidente de Chile promete relanzar la reforma fiscal

Sin resolver, la puja entre las coaliciones que lo respaldan, aseguran analistas

Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 12 de marzo de 2023, p. 23

Santiago. Hace un año, decenas de miles festejaron en Chile el arribo al poder del joven dirigente izquierdista Gabriel Boric, de 37 años, arremolinándose pletóricos de alegría y esperanza en torno al Palacio de La Moneda, para ser testigos de su ingreso a la sede del gobierno y escuchar sus palabras como presidente.

Aquella emoción colectiva estuvo ausente ayer, cuando sólo unos centenares concurrieron hasta la Plaza de la Constitución a conmemorar el primer año de su mandato.

Tal vez ese dramático cambio en el estado de ánimo colectivo de los adherentes del gobierno, sea lo que mejor relata el difícil tránsito de su presidencia, marcada por el aprendizaje a ratos torpe de una novel generación que pasó, en apenas una década, desde las aulas universitarias a la administración del Estado y donde tristemente ha habido mucho de aquello de que echando a perder se aprende.

La inexperiencia, el voluntarismo y los desaguisados de esa generación treintañera, aglutinada en el pacto Apruebo Dignidad (AD), forzaron a que Boric debiese recurrir a los experimentados de la política: los de la ex Concertación que gobernó durante 30 años desde 1990 y a la que los primeros cuestionaron severamente, hoy reunida en Socialismo Democrático (SD) y que ha ido copando las posiciones principales del Ejecutivo.

El más reciente avance fue el viernes, cuando el mandatario hizo su segundo ajuste de gabinete y les entregó más cargos sustantivos.

A los desatinos hay que sumarle la realidad de una oposición derechista que es mayoría parlamentaria e implacable apaleando los planes oficialistas: el más reciente el miércoles, una estratégica reforma tributaria diseñada para financiar el gasto social.

Ayer, Boric salió de La Moneda a saludar a los que hasta ahí llegaron a celebrarlo y les aseguró estar motivado para atacar los inmensos desafíos pendientes. Prometió retomar la reforma tributaria que persigue recaudar 6 mil millones de dólares (3.6 por ciento de PIB) para aumentar el gasto en salud y las pensiones asistenciales.

Evidente déficit de gestión

Para el analista político Cristián Fuentes, profesor de la Universidad Central, el ajuste ministerial es una secuela de las derrotas políticas del oficialismo –la más reciente es la reforma tributaria– y del reacomodo de fuerzas entre las coaliciones AD y SD, favoreciendo a la segunda y avanzando, pero no resolviendo la pelea de poder entre ambas.

La pregunta es, ¿por qué no se hizo antes? Hay un evidente déficit de gestión que requería ajustes, y políticamente falta un diseño viable que guíe al gobierno. La tormenta perfecta se completa con el proceso constitucional, hegemonizado por sectores de derecha. Si el gobierno contara con un plan sólido, sabría qué hacer y hay dudas sobre aquello, comentó.

Para Mauricio Morales, analista de la Universidad de Talca, el cambio fue desabrido en cuanto a volumen y composición y tampoco zanjó la puja entre AD y SD. En cambio, expuso, sí sirvió para terminar con la guerra civil en la cancillería.

La salida del (ex subsecretario de Relaciones Económicas) José Miguel Ahumada es muy dolorosa para Boric, porque es cercano al pensamiento económico del mandatario y no era fácil. Pero sabía que en la cancillería prácticamente había una guerra civil entre la ministra y sus dos subsecretarios. Ante eso, no tuvo más opción que removerlos a los tres y cambiar el equipo completo.

Mencionó que no tocó en lo más mínimo a su equipo político y económico, lo cual es sorprendente considerando que los titulares de economía y de desarrollo social se encuentran entre los peor evaluados de las carteras.