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Negocios y empresas

Recesión con inflación

S

i el objetivo principal de los bancos centrales es mantener el poder de compra de la moneda, ninguno ha cumplido con su deber. La inflación en los países avanzados se ubica alrededor de 10 por ciento y en diversas naciones en vías de desarrollo se acerca a 100 por ciento.

La mala noticia es que las medidas tomadas no han dado resultados. En teoría, con el incremento de las tasas de interés se desacelerará la economía, aumentará el desempleo, bajará el poder de compra de la población y, con ello, se frenará la inflación.

Sin embargo, además de subir las tasas de interés se requiere una estrategia distinta de parte de los gobiernos, con un fuerte ajuste del gasto público. En medio de la pandemia del coronavirus el gasto público, los subsidios al consumo y los préstamos con tasas de interés de regalo crecieron de una manera desproporcionada.

El resultado fue una gran liquidez en los mercados, recursos que no podían gastarse y se acumularon entre la banca privada y la población. Al momento en que la gente volvió a salir a la calle, el dinero excedente comenzó a gastarse y presionó los precios de todo tipo de mercancías. Hasta el momento este desequilibrio no se ha podido controlar.

Los gobiernos impulsaron la creación de dinero sin respaldo para apoyar el consumo, pero no midieron sus consecuencias. Ahora, los líderes gubernamentales se hacen de la vista gorda y dejan la solución en manos de los bancos centrales, que lo único que pueden hacer es subir el costo del dinero y provocar una recesión. Por desgracia, el ajuste que se avecina no necesariamente frenará el aumento de precios.

El ejemplo más claro es el de Europa. En medio de la invasión a Ucrania por parte de Rusia el alza de precios de los combustibles genera una gran presión en la inflación. Para frenar la caída del euro y la libra esterlina suben las tasas de interés, lo que se traduce en mayores costos financieros, menor consumo, caída de la inversión y aumento del desempleo. Pero esta situación no frena el incremento de los precios en los mercados.

En estas condiciones, las políticas de los bancos centrales no han sido suficientes ni efectivas y profundizarán la crisis que ya comienza a resentirse a nivel internacional.