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Jesús Vargas Valdés se reconoce como militante de la historiografía justiciera

El especialista chihuahuense ingresará mañana a la Academia Nacional de Historia, como corresponsal en su estado // En entrevista con La Jornada comparte que en su trabajo le emociona recuperar páginas de los sucesos que han sido tratados mal o de manera sesgada

 
Periódico La Jornada
Martes 11 de octubre de 2022, p. 3

El historiador Jesús Vargas Valdés se considera un militante de la historiografía justiciera, que trata de serlo con los hechos y con los personajes.

Este miércoles ingresará de manera formal a la Academia Nacional de Historia, como corresponsal en Chihuahua, e impartirá el discurso Lealtad republicana: los años del presidente Juárez en Chihuahua (1864-1866).

En entrevista con La Jornada, Vargas mencionó: Lo que más me emociona es recuperar páginas de la historia que han sido tratadas de manera sesgada o mal; personajes como Villa y los guerrilleros que el 23 de septiembre de 1965 hicieron el primer acto revolucionario de carácter socialista. Como éstos, son muchos otros temas relacionados.

Recordó que una de sus primeras obras fue Máximo Castillo y la Revolución en Chihuahua, donde recupera las memorias que ese personaje escribió estando preso en Estados Unidos. También rescató al joven liberal Práxedis Guerrero. El hijo de hacendados de Guanajuato murió en Chihuahua el 30 de diciembre de 1910. “Encontré que en realidad no murió de una bala perdida, como se decía, sino que un agente lo ejecutó.

“La Revolución Mexicana, por ejemplo, no la empezamos a conocer aquí en Chihuahua desde cómo los chihuahuenses actuaron hasta que el doctor Friedrich Katz empezó a enviar a sus alumnos a trabajar los archivos locales. Estamos hablando de hace 30 o 40 años. Antes de eso, los libros solamente hablaban de la visión que tenían los historiadores desde el centro.

Para mí, la historiografía ha sido una pasión continua por estar descubriendo hechos que creo que tengo que estudiar para compartirlos, sostuvo el especialista chihuahuense, quien durante unos 25 años editó la revista La Fragua de los Tiempos, en la que cada domingo presentaba algo de lo que estaba investigando y reunió mil 300 páginas.

Otro de sus temas, cuenta, es la gesta heroica del pueblo de Tomóchic, arrasado por las tropas porfiristas después de un año de intentos por someterlo. No se doblegó, sucumbió y fue incendiado. La mayor parte de los defensores murieron y la historia fue muy dramática. Sobre este episodio conversará a finales de mes en una serie de actividades del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México.

Explicó que este acontecimientos se conecta con el movimiento que los periodistas de la frontera, Tamaulipas, Nuevo León, Sonora y Chihuahua emprendieron contra Porfirio Díaz desde finales de los años 80 del siglo pasado: Catalina Garza, Paulino Martínez y Lauro Aguirre.

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▲ El historiador Jesús Vargas Valdés durante la presentación de su libro Madera rebelde: Movimiento agrario y guerrilla (1959-1965), en el foro Eduardo Galeano de la edición 15 de la Feria Internacional del Libro en el Zócalo, en la Ciudad de México, en octubre de 2015.Foto Cristina Rodríguez

Vargas Valdés destacó que “estamos viviendo un redescubrimiento de la historia, y siento que formo parte, sin que sea esto oficial, de un grupo de historiadores con los cuales me identifico plenamente, con Pedro Salmerón, Felipe Ávila, Paco Ignacio Taibo II, Armando Bartra, Gabriela Pulido, Fritz Glockner, Adolfo Gilly, Francisco Pineda, Luis Hernández Navarro y Humberto Musacchio.

Mi plataforma principal en la escala nacional han sido los videos de las conferencias y las mesas en las que participo en la Feria del Libro Zócalo y otros encuentros de la Brigada Para Leer en Libertad, una de las organizaciones autogestivas más importantes de este país en cuanto a la lectura.

En torno a su discurso de mañana, el investigador afirmó que le emociona la posibilidad de hablar de una página de la historia regional que siempre me ha interesado mucho y que fue la presencia del presidente Juárez en nuestro estado durante 26 meses, dos años y dos meses, en los que tuvo la protección del pueblo de Chihuahua para resolver todos los problemas que se presentaban durante la invasión francesa hasta el momento en que Napoleón III retiró sus tropas y el mandatario regresó a su lugar en la capital del país.

Ese suceso, refirió Jesús Vargas, es desconocido a escala nacional; historiadores importantes del juarismo, de la época de la Reforma, lo han omitido o le han dado poca significación. Como historiógrafo, una de mis primeras inquietudes fue buscar por todos los medios y dar a conocer lo que sucedió en ese tiempo.

Ese caso es único, pues en ninguna otra parte ni en ningún otro momento de la historia un presidente estuvo tanto tiempo fuera de la capital de la República departiendo con los ciudadanos de manera tan libre y abierta, como sucedió en ese tiempo; además, Juárez rechazó ofrecimientos indirectos del gobierno de Estados Unidos para que pudiera pasar a su territorio y ser protegido.

Entre las conclusiones a las que llega es que ese momento está vinculado con lo que sucedió 17 años antes: La guerra de invasión estadunidense quedó marcada como si la acción del pueblo de Chihuahua hubiera sido hasta vergonzante. En el tema que voy a tratar el 12 de octubre establezco una relación intrínseca entre 1947 y 1964, señalando que sin el 47 no hubiera habido 64, cuando la mayor parte del pueblo Chihuahua se unió para proteger al presidente Juárez.