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Foro de la cineteca

Madera y agua

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▲ Fotograma del largometraje de ficción de Jonas Bak
E

n Madera y agua ( Wood and Water, 2021), su primer largometraje de ficción, el director y fotógrafo alemán Jonas Bak ofrece el retrato intimista de Anke, una mujer sexagenaria, recién jubilada, un papel que interpreta con sobriedad su propia madre. Luego de suspender su trabajo como secretaria en la iglesia local en un pequeño poblado al sur de Alemania, y poner también un alto temporal al duelo por la muerte de su esposo, Anke se sume en una introspección nostálgica, suerte de inventario breve de alegrías familiares, frustraciones y pérdidas humanas, recorriendo con la mirada el hogar abandonado ya por sus dos hijas y por su vástago Max, quien ahora reside en Hong Kong. El balance de su ensoñación melancólica es tajante: Todo se esfuma, ya nada regresa. Su deseo de encontrarse con su familia y celebrar su jubilación en su casa de campo en la costa del mar Báltico, se frustra a medias por la imposibilidad de que su hijo esté presente, dado que las protestas prodemocráticas en Hong Kong han paralizado la ciudad y complicado su salida. ¿Contratiempo real o simple pretexto del joven para justificar su ausencia? No se sabe. Lo cierto es que como un primer gesto de una autonomía recobrada, Anke decide emprender un viaje, partir sola en busca de Max.

Con una influencia declarada del cine de la belga Chantal Akerman ( News from Home, 1976), el filme diseña por medio de la mirada de su protagonista Anke, mujer a menudo silenciosa, aunque abierta a experiencias nuevas, una cartografía global hecha de simbolismos y contrastes. De su hogar en la selva negra germana, la viajera transita por un tunel que desemboca abruptamente en una urbe insular atestada de rascacielos. La escena es estupenda. Es el paso simbólico de la madera al agua, de la tranquilidad sedentaria del bosque a la fluidez de una libertad cosmopolita, marcado todo por la música experimental de Brian Eno. Que la paz de Hong Kong se vea amenazada por un espectro de tiranía, y que las protestas sociales se multipliquen hasta desencadenar una gran crisis, no es fortuito en acorde con el desasosiego espiritual que vive Anke, una mujer madura sin sólidos asideros afectivos en una jubilación muy desconcertante. Sus encuentros casuales con personajes interesados en su suerte, forasteros todos, errantes como ella, confieren un nuevo sentido a esa existencia suya, ya crepuscular, que se apresta a vibrar de nuevo.

Se exhibe en la sala 8 de la Cineteca Nacional. A las 14:15 y 18:15 horas.