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a estrategia de López Obrador para tratar el tema migratorio, en su reciente visita a Washing-ton, no tuvo en cuenta un análisis adecuado del pasado, no conocía bien el presente y, sobre el futuro, no calculó bien la coyuntura política de Estados Unidos.

Rememorar al Programa Bracero (1942-1964) no venía al caso, fue un modelo añejo para tiempos de guerra, posguerra y agricultura estacional; en el presente Estados Unidos tiene solucionado el abasto de mano de obra para el trabajo agrícola que requiere de 1.1 millón de trabajadores, de los cuales 80 por ciento son mexicanos, en su inmensa mayoría indocumentados tolerados; otro 12 por ciento proviene de 170 mil visas, en promedio, de trabajadores temporales H2A y cuando requiere de más, simplemente amplía la cuota; finalmente no previó el futuro político de Joe Biden, que en este momento no puede hacer concesiones de tipo migratorio en vista a las próximas elecciones.

Por otra parte, considero incorrecto ir a ofrecer mano de obra barata. Eso no se hace. Menos aún cuando México ya había ingresado en un proceso claro de transición migratoria y las estadísticas, antes de la pandemia, indicaban que la migración irregular tenía una clara tendencia a decrecer y se había reducido, en la última década, en casi 2 millones. Obviamente, la emigración ha repuntado, como efecto directo de la pandemia, pero el problema mayor ahora no es México, sino la migración que llega de Centroamérica, el Caribe, Sudamérica y otros lugares.

Según datos del Homeland Security, para el año fiscal 2019, se habían otorgado 897 mil visas, de las cuales 15 mil eran trabajadores en ocupaciones especiales; 419 mil eran visas H2A para la agricultura; 101 mil H2B para servicios; 8 mil trabajadores con habilidades especiales; 33 mil de atletas y artistas; 35 mil de intercambio de compañías; 43 mil de visas para el acuerdo comercial y 239 mil de otros tipos. Además, hay 175 mil estudiantes o de intercambio y viajaron como turistas unos 20 millones.

Con estas cifras, no tiene mucho sentido la petición de favorecer, con visas, a trabajadores calificados; lo que resulta ser un contrasentido, si al mismo tiempo se solicitan inversiones que requieren de mano de obra calificada. Estados Unidos recluta con mucha facilidad a los especialistas que necesita, y hay decenas de miles de mexicanos, técnicos y profesionales trabajando en ese país. La industria automotriz estadunidense piratea a miles de ingenieros que se formaron en México. La industria de la construcción depende de los trabajadores mexicanos calificados.

Por otra parte, Estados Unidos otorga anualmente un promedio de 170 mil visas de residencia ( green card) a mexicanos, forma parte del proceso legal de reunificación familiar de ciudadanos y migrantes legales que solicitan a sus familiares. Y estas cifras dan cuenta de la solidez y antigüedad que tiene la comunidad mexicana radicada en el exterior, que puede hacer uso de estos recursos legales. Estos nuevos migrantes legales ya no van a volver al país, lo que implica una pérdida considerable.

Asimismo, en 2019 había 21 millones de mexicanos con visas de residencia o naturalizados y todos los años se naturaliza un promedio de 125 mil mexicanos, que obviamente no pierden su nacionalidad, pero sí pierden derechos al ser binacionales, un asunto pendiente en nuestra legislación que no se acaba de resolver y que limita su plena participación en una serie de actividades económicas y políticas.

En vez de pedir el incremento de visas temporales H2, habría sido pertinente evaluar primero su funcionamiento, que del lado mexicano es un caos total, con reclutadores, contratistas, abogados y coyotes que abusan y extorsionan a los trabajadores que quieren acceder al programa. Y en Estados Unidos existen también numerosas irregularidades y abusos, sobre los cuales el gobierno mexicano no tiene manera de intervenir, salvo en casos excepcionales.

Se han dado y documentado muchas situaciones de trata laboral, de discriminación en cuanto a condiciones laborales, salariales y de alojamiento, de engaños y costos excesivos por parte de abogados y tramitadores, de listas negras de trabajadores que se quejan o reclaman ciertos derechos, de condiciones inaceptables e insalubres de vivienda y de días de trabajo que no se remuneran por cuestiones del clima o cualquier eventualidad.

Otro tema tratado en las conversaciones entre los presidentes fue el tráfico de migrantes y la necesidad de trabajar de manera coordinada. A unas semanas de la muerte de migrantes por asfixia, en un tráiler cerca de San Antonio, ya se presentan resultados de cerca de 300 traficantes aprehendidos.

En lo que respecta a México, hace más de seis meses que murieron más de 50 migrantes en el accidente de un tráiler en Chiapas y que se formó un Grupo de Acción Inmediata (GAI) para combatir el tráfico de migrantes, pero no he escuchado de resultados que se hayan comunicado y difundido. Valdría la pena contar con esos datos y tener en cuenta los otros.