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No se puede estar en favor de la democracia y el neoliberalismo al mismo tiempo
L

a nueva estrategia de la derecha latinoamericana es sabotear la democracia liberal desde adentro. Así corrompió la democracia en Brasil y arrojó al país a la peor crisis de su historia, pagada no sólo con hambre y pobreza, sino también con más de 500 mil muertos.

La forma más eficaz de corromper la democracia liberal es a través del dinero. Es el dinero que alimenta las fortunas de los millonarios, que son el último gran bastión que sostiene el genocidio. Es el dinero lo que permite que los grandes grupos monopolistas sigan dominando los medios de comunicación. Es el dinero que promueve un estilo de vida y un consumo basado en formas de vida escandalosamente lujosas, en medio del país más desigual del continente más desigual del mundo, que es Brasil.

El reino del dinero, que domina el modelo neoliberal, que aún prevalece en el mundo de hoy, se consolida a expensas de su opuesto: el derecho de las personas, el derecho de todos. El derecho a la vida, la alimentación, la vivienda, el trabajo, el esparcimiento. El neoliberalismo es el reino del dinero, la riqueza, la especulación financiera. Es el tipo de política que premia lo que no produce y no especula en las bolsas de valores, cuyos valores son materiales y no éticos.

Hoy en día, muchas personas, incluidas muchas de las que eligieron directa o indirectamente a Bolsonaro, se pronuncian a favor de la democracia. Se dan cuenta de que ni siquiera es posible defender la vida de las personas, sin democracia, sin que se imponga la voluntad de la mayoría. Se dan cuenta de que con un Poder Judicial cobarde frente al genocidio, que ni siquiera se presta a defender la vida de las personas, no se superará la peor crisis de Brasil.

Varios, de la llamada tercera vía o de cualquier otra vía, se pronuncian por la democracia, pero no dicen nada o, peor, hablan en favor del neoliberalismo. Siguen creyendo que el Estado es un mal gestor, ineficiente, corrupto, hasta el punto de apoyar la privatización de Eletrobrás y otras, que enriquecen a las grandes empresas privadas y responden, en buena medida, por el apoyo de los más ricos al gobierno.

No se puede estar en favor de la democracia y el neoliberalismo al mismo tiempo. En condiciones normales de disputa democrática, el neoliberalismo es derrotado, como lo fue en Argentina y Bolivia. Como hubiera sido en 2018, cuando Lula ganaría las elecciones en primera vuelta, por todas las encuestas, pero se le impidió ser candidato, con la acción y complicidad del Poder Judicial y los medios de comunicación y la satisfacción de los grandes ­millonarios.

O el reino del dinero o el reino de los derechos. O democracia o neoliberalismo. Lula sólo puede restaurar la democracia, porque al mismo tiempo está en contra del techo de gasto, clave para los ajustes fiscales del ­neoliberalismo.

Sólo es posible rescatar la democracia en Brasil con Lula, porque él es la persona que personifica a los gobiernos que fueron, al mismo tiempo, democráticos y antineoliberales.

¡La democracia es el reino de los derechos, totalmente incompatible con el reino del dinero!