Opinión
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Infancia y sociedad

¡Que vivan los estudiantes!

L

a gran Violeta Parra, artista y folklorista chilena, compuso en 1962 un auténtico himno a los estudiantes de Latinoamérica que con el tiempo se ha vuelto baluarte del derecho de nuestros pueblos a la educación. Gracias a la suprema voz de la cantora argentina Mercedes Sosa, esa obra se conoce en todo el mundo, pues expresa el anhelo de todas las familias de que sus hijos reciban educación. Nada más digno y legítimo. Del kinder al doctorado, los estudiantes son la promesa de un futuro de liberación, igualdad y justicia en América Latina.

Me gustan los estudiantes/ Porque son la levadura/ Del pan que saldrá del horno con toda su sabrosura/ Para la boca del pobre que come con amargura/ Caramba y zamba la cosa/ ¡Viva la literatura!. Violeta recoge una de las grandes luchas del siglo XX, que seguirá viva en el XXI para que los gobiernos de la región, México incluido, pongan fin al analfabetismo y aseguren en los hechos acceso de niños y jóvenes a una educación diseñada –no para necesidades del mercado–, sino para el auténtico desarrollo humano.

Me gustan los estudiantes/ Que marchan sobre las ruinas/ Con las banderas en alto/ con toda la estudiantina/ Son químicos y doctores/ Cirujanos y dentistas/ Caramba y zamba la cosa/ ¡Vivan los especialistas!. Aquí no olvidamos el Tlatelolco del 2 de octubre; el negro 10 de junio y los crímenes contra estudiantes y normalistas en: Guerrero (Ayotzinapa), Chiapas (Matumactzá), Oaxaca y todas las agresiones a la juventud lúcida y estudiosa. Ellos representan la voluntad y fortaleza necesarias para transformar a México con la mejor de las armas: la educación.

Me gustan los estudiantes/ Porque levantan el pecho/ Cuando les dicen harina/ Sabiéndose que es afrecho/ Y no hacen el sordomudo/ Cuando se presenta el hecho/ Caramba y Zamba la cosa/ ¡El código del derecho!

No es necesaria la inteligencia de Bill Gates para recomendar al gobierno de México –como él lo hizo ya– que la educación sea la inversión prioritaria, porque nuestra mayor riqueza no es el petróleo, sino la niñez y la juventud.

“Que vivan los estudiantes/ Jardín de nuestra alegría/ Son aves que no se asustan de animal ni policía/ Pajarillos libertarios igual que los elementos/…”.

¡Vivan las universidades, la cultura y la ciencia! Sí, señor.