Editorial
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New Start: mensaje de sensatez
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a Casa Blanca y el Kremlin informaron ayer que tienen la intención de prorrogar por cinco años el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (Start III, por su acrónimo en inglés), signado en 2010 para sustituir y ampliar los compromisos previos con el Start I y el Start II.

La posibilidad de aplazar el acuerdo que vence el 5 de febrero,había sido postergada por el empeño del ex presidente Donald Trump en hacer que China se sumara a la reducción de los arsenales y las capacidades nucleares, algo considerado poco realista, debido a que Estados Unidos y Rusia poseen, en conjunto, alrededor de 93 por ciento de to-das las armas atómicas del mundo, mientras el restante 7 por ciento se distribuye entre siete países.

También conocido como New Start, el acuerdo compromete a Washington y a Moscú a limitar el despliegue de sus respectivos arsenales a mil 550 ojivas nucleares, 800 lanzaderas de misiles balísticos intercontinentales y 700 unidades operativas con capacidad nuclear, ya sea que estén montadas en misiles balísticos intercontinentales, en submarinos o en bombarderos.

Aunque estas armas siguen siendo suficientes para devastar el planeta, suponen una reducción de dos tercios con respecto del tratado Start original, firmado en los estertores de la guerra fría. Para poner en perspectiva la importancia de ese convenio y sus antecesores, basta recordar que en los momentos más críticos de la guerra fría Washington disponía de más de 31 mil ojivas nucleares y la antigua Unión Soviética, más de 40 mil.

La decisión de prolongar el tratado tiene, pues, una importancia clara en sí misma, pero cobra mayor relieve en tanto que pone fin a una serie de retiradas de acuerdos multilaterales durante la presidencia de Trump, con las cuales el magnate azuzó una indeseable carrera armamentista y puso al mundo en un peligro de conflagración que parecía definitivamente conjurado.

Así, New Start se había convertido en el último pacto nuclear entre Estados Unidos y Rusia después de que Trump sacara a su país del Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio, el cual estipulaba la destrucción y la renuncia a desarrollar nuevos misiles balísticos y de crucero lanzados desde tierra con capacidad de transportar cabezas nucleares cuyo alcance fuera de entre 500 y 5 mil 500 kilómetros. Ante este anuncio, debe señalarse que, para alivio y satisfacción de todo el mundo, están fallando las profecías pesimistas acerca del presidente Joe Biden, muchas de ellas inspiradas en teorías de la conspiración.

Decirlo no implica dar carta blanca al mandatario entrante: el ex senador es quien es, el jefe de Estado de una superpotencia expansionista, imperialista, belicista e intervencionista; pero en la escasa semana que lleva en el Despacho Oval ha dado indicios alentadores en asuntos como el mencionado, así como en el ambicioso proyecto de reforma migratoria y en su programa de impulso a la igualdad racial.

Es cierto que la prórroga del New Start no detiene ni mucho menos revierte el largo periodo de deterioro en la relación entre las superpotencias, pero justo por producirse en ese contexto constituye un mensaje de sensatez y seriedad, de voluntad de hacer de lado las diferencias en aras de alejar el peligro atómico.

Por ello, cabe saludar la responsabilidad mostrada por Biden y por su homólogo Vladimir Putin, y esperar que este ejemplo sea tomado en cuenta por otros gobiernos poseedores de arsenales atómicos.