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Luces ámbar, otra vez
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l 1º de septiembre de 2017, escribí un artículo para La Jornada con el título de Morena; luces ámbar. Su intención fue advertir al entonces flamante partido que se preparaba para la campaña de 2018, sobre peligros reales o al menos que yo así los veía; eran básicamente dos, el primero, acerca de los advenedizos que llegaban a montones y de diversos ámbitos políticos, para sumarse a la lucha de Morena, precisamente cuando el triunfo parecía inminente, como lo indicaban todas las encuestas; el otro, de menor importancia, así me lo pareció, giraba en torno a la forma de elegir responsables de la organización. Un poco más de dos años después vuelven a encenderse las mismas luces de advertencia.

El riesgo de fondo fue en aquellas fechas, y vuelve a serlo ahora, en vísperas de las elecciones del año próximo, discernir entre los que se acercan a Morena convencidos de sus programas y principios de quienes llegan a buscar candidaturas, deslumbrados por la fuerza de un partido que ganó con tanta contundencia en las elecciones federales pasadas.

Morena tiene el reto y la obligación de ser suspicaz y entender bien quiénes llegan a servir y quiénes lo hacen, consciente o inconscientemente, para servirse, pensando que la transformación fue sólo un lema de campaña, y quién acepta los principios éticos de no mentir, no robar y no traicionar, a los cuales debemos añadir, dadas las circunstancias, una exigencia más: no rendirse; quienes llaman a la puerta deben ser bien recibidos; es natural y deseable que el partido crezca con nuevos adeptos, pero que no vengan a desplazar a los iniciadores, sino a sumarse a ellos.

Entonces me referí a las declaraciones de un ex priísta, con pretensiones de sumarse a Morena, no por abrazar sus ideales, no por convicción, sino porque, según declaró expresamente, en su antiguo partido no le habían ofrecido nada cuando les dijo que estaba en pláticas con dirigentes morenistas. No supe ya si ese aspirante logró o no incorporarse al partido triunfador de 2018, si se quedó fuera o si el PRI, ante tales declaraciones, reconsideró y le ofreció algo como él esperaba.

Hoy, con miras a la campaña de 2021, en todo el país, como aquel al que me referí en mi artículo de septiembre de 2017, surgen aspirantes como hongos en la humedad; se acercan a Morena, buscan padrinos, ofrecen invertir en la campaña, presumen de su experiencia política, de sus liderazgos, ciertos o imaginarios o solamente exagerados, y ofrecen apoyos de sus seguidores, con lo que más deslumbran a dirigentes bisoños de Morena. Aseguran controlar o tener, a cientos o miles de seguidores. Como si ellas o ellos, fueran los dueños de los votantes que presumen como cautivos.

Esta plaga debe rechazarse; ya se darán cuenta de que el cambio es cierto, no se puede admitir fácilmente a personajes que creen que las cosas seguirán igual; quienes lleguen de otros partidos muy bien pueden ser recibidos, si vienen a sumarse y su intención es aportar trabajo y recursos al cambio. Morena ha de cuidarse muy bien de quienes no tienen esas intenciones y se apresuran a inscribirse como aspirantes a cargos que suponen fácilmente alcanzables.

En aquella ocasión, se trataba de un personaje priísta de Nuevo León y entre sus afirmaciones publicadas en un periódico local dijo, como si estuviera enterado de las estrategias del partido, que el proyecto de Morena estaba siendo construido por la élite empresarial, sin tomar en cuenta que simpatizantes, militantes y benefactores de Morena, los hay y los había entonces de todas las profesiones y ocupaciones.

Todos meten el hombro, en el caso de Nuevo León, desde trabajadores mineros a los que conocí y que se sumaron desde el principio con entusiasmo, está un grupo denominado Cinco de Febrero, ya viejos, pero que siguen en pie de lucha, había comerciantes, artesanos, maestros, estudiantes, por supuesto amas de casa e incluso empresarios que apoyaban y participaban. Un grupo que desde entonces colaboró, ahora se ha organizado como Empresarios por la 4T; como los de entonces, no aspiran a puestos ni a candidaturas, se suman a la regeneración de México, desde su agrupación y con su entusiasmo y trabajo personal.

En 2017, sin duda, se cometieron errores, se hicieron alianzas descabelladas, se hirió a los antiguos militantes calificándolos de no idóneos, demasiada ligereza que descalificaba a quienes habían sostenido la lucha inicial, cuando el triunfo parecía una utopía irrealizable; algunas alianzas fueron útiles, otras sirvieron para consolidar el triunfo, pero otras más, dejaron secuelas negativas en las estructuras del partido.

Hoy volvemos a decir: ¡alerta, Morena! Entonces la incertidumbre del triunfo pudo haber justificado algunas alianzas y algunas candidaturas impopulares; ahora no, como nunca, debemos cuidar a todos, recordar que un partido está para servir al pueblo y que no podemos hacer a un lado a los operarios de la primera hora.