Opinión
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Desde el otro lado

Espectáculo deprimente

N

adie puede llamarse a engaño sobre la grosera respuesta que ha dado Donald Trump al resultado de la elección presidencial celebrada el pasado 3 de noviembre. Joseph Biden ganó el voto popular y también ganará el Colegio Electoral.

Trump prometió no reconocerlo y lo está cumpliendo, pero nadie se imaginó los excesos a los que llegaría en su ambición de conservar el poder. El espectáculo que él, sus abogados y la mayoría de los legisladores republicanos están dando al asegurar que Trump ganó la elección es deprimente. Para ellos la elección no se decidió mediante el voto de millones de estadunidenses, sino que se decidirá en sus conciliábulos en los que el huésped de la Casa Blanca encarna al domador de un circo o al director de una película chusca. El asunto llegó al ridículo cuando el inefable abogado Giuliani literalmente se derritió cuando aseguraba que el comunismo cubano, venezolano y chino habían intercedido en la elección para favorecer a Biden. El espectáculo fue patético.

En el colmo de su desesperación, el presidente no ha reparado en cometer arbitrariedades tratando de subvertir los procesos en los que se cuentan y recuentan los votos en varios estados. En Michigan ha convocado a los legisladores del estado a una reunión en la Casa Blanca para presionarlos a desconocer a las autoridades electorales del estado. En Pennsylvania, ha acusado al secretario de Estado, responsable del proceso electoral y quien, por cierto, es republicano, de perpetrar un fraude para robarle la elección. En los estados de Georgia y Wisconsin ha promovido el recuento de millones de votos en los condados en los que Biden fue el ganador y en los que la mayoría de la población es negra y latina. Trump nunca reconocerá el haber perdido y continuará alentando a sus seguidores a protestar. En última instancia, esa actitud y su patológica compulsión por mentir son el oxígeno que necesita para alimentar su maltrecho ego.

Es difícil saber cuándo terminará esta ópera bufa, pero aseguran los que saben de estos asuntos, al igual que millones de estadunidenses, que el 20 de enero Joseph Biden tomará juramento como el presidente número 46 de la atribulada Unión Americana. De la habilidad con que por un lado maneje las exigencias de su flanco izquierdo, y por el otro, las embestidas de Trump y de la extrema derecha republicana, dependerá el éxito de su gobierno y la salud política, económica y social de EU.