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La pandemia nos ha abierto ventanas al mundo, destaca Selma Ancira

En entrevista con La Jornada, la traductora y fotógrafa habla sobre las aristas positivas del confinamiento // Nos ha obligado a estar con nosotros mismos y a ver que el otro existe

 
Periódico La Jornada
Lunes 17 de agosto de 2020, p. 5

La pandemia de Covid-19 ha dado resultados positivos: el acceso a gran cantidad de productos culturales de todo el mundo y que muchos nos hemos visto obligados a estar con nosotros mismos, sostiene la traductora Selma Ancira.

Ha sido muy interesante poder acceder a espectáculos en Grecia, a ballets en Rusia y a teatro mexicano. Son ventanas al mundo. Esto ha sido uno de los aspectos positivos, que nos han mostrado que el otro también existe, que es, que tiene su cultura y su manera de entender la vida. Esto es maravilloso en esta situación tan terrible, dice Ancira a La Jornada.

En contraste, menciona que hay una gran parte de la población, en todo caso en España, que no ha tomado en serio la situación, que no respeta al otro. No es falta de información, sino un mecanismo interno de las personas que no han llegado a cobrar conciencia de la gravedad del momento que estamos viviendo a escala internacional.

La también fotógrafa impartió el sábado pasado la conferencia Mexicanos en el extranjero, en el ciclo Los Fabuladores y su Entorno, Lecturas y Escrituras en Pandemia de la Dirección de Literatura de la Universidad Nacional Autónoma de México.

En la intimidad con Tolstoi

La ganadora del Premio Hispanoamericano de Traducción Literaria 2019 destaca que durante el confinamiento, que vive en España, ha estado trabajando con Tolstoi.

Estar en contacto con él y su pensamiento me ha ayudado; me ha apoyado su manera de entender el mundo y cuánto tenemos que aprender de él, de su filosofía, de su manera de ver la vida y estar en el mundo, refiere Ancira (CDMX, 1956).

Destaca los aforismos del escritor ruso, que tradujo para el Fondo de Cultura Económica, como el que sostiene: El trabajo interior, ése en el que precisamente consiste la vida, siempre es posible. Puedes estar en prisión, estar enfermo, haber sido privado de realizar cualquier actividad exterior; estar siendo humillado, atormentado, pero tu vida interior está en tu poder: mentalmente puedes reprochar, juzgar, envidiar, odiar a la gente, o puedes, también mentalmente, reprimir estas emociones y remplazarlas por otras buenas. Así que cada minuto de tu vida te pertenece y nadie te puede privar de él.

El acompañamiento de Tolstoi, agrega Ancira, de esta vida interna, de esta manera de estar en el mundo, me da fuerzas, aún en esta situación de pandemia. No sé cuánto tiempo me queda, y estoy con la sensación de que tengo muchas cosas que hacer todavía, encerrada en casa o no.

La multipremiada traductora explica que su “oficio es el de tender puentes entre culturas. Cuando te abres al mundo y conoces que el otro existe, también tiene sus usos y costumbres, siente, piensa, aunque distinto, es el inicio de una convivencia pacífica entre dos culturas.

Foto
▲ La mexicana ganadora del Premio Hispanoamericano de Traducción Literaria 2019 compartió que en estos momentos de encierro ha estado inmersa en su trabajo con Tolstoi: Su pensamiento, su forma de ver el mundo me han ayudado. En la imagen, Selma Ancira captada en 2003.Foto archivo

“Eso es lo que hacemos los traductores, conscientes y quizá no tanto. Cuando me descubrí traductora necesitaba visceralmente –no era desde lo intelectual– compartir lo que conocía, los que había llegado a amar, a entender, para los que hablamos español, para este mundo, en el que nací y crecí, el que quiero. Me hice traductora porque me enamoré de Marina Tsvietáieva; es maravillosa. Ese era el llamamiento: conozcan esta maravilla.”

Otra novela de encierro

Sobre su reciente traducción de Vacaciones en el Cáucaso, de María Iordanidou, explica que “es también una novela de confinamiento porque la protagonista, que es la propia autora, viajó a Rusia a pasar un mes, estalla la Primera Guerra Mundial y se cierran las fronteras. Y luego, el principio de la revolución rusa.

Toma lo mejor que le ofrece el mundo ruso. Ella, griega sin hablar una palabra de ruso, se encuentra con que tiene que ganarse la vida, terminar los estudios, aprender un idioma, enfrascarse en una cultura completamente distinta y poco a poco se va haciendo a la cultura a la que vive. Es un poco lo que estamos viviendo ahora: esperar que se abran las fronteras.

La pandemia, reconoce, cambió su vida muy poco. Se canceló su participación en la Feria del Libro de Bogotá y una conferencia en Milán. “Salvo esos viajes, que iban cayendo como castillo de cartas uno tras otros. Mi tête à tête con Tolstoi no se vio modificado en absoluto, sino beneficiado. Se me multiplicaron las horas para poder trabajar”.

Recuerda que “cuando estoy en la recta final de un libro de largo aliento, en el que ya llevo trabajando un año y medio o dos, estoy sola en casa porque es el momento de mayor intensidad y hay que cuidar cada detalle de la música y del tejido del texto. Me paso semanas sin salir, y cuando salgo la sensación que tengo es como si fuese yo alguien que no pertenece a este mundo.

“Un poco pasa ahora con quienes no están acostumbrados a la experiencia de estar encerrado metido en tu mundo. A veces paso meses enclaustrada con un autor.

“Cuando estuve traduciendo Cristo de nuevo crucificado, de Nikos Kazantzakis, estaba metida en Creta con los migrantes, con los refugiados, los sacerdotes. Sales a la calle y el contraste es tremendo.”

Selma Ancira, residente de Barcelona, narra que es lo que nos está pasando ahora. Cuando salimos de la primera etapa, cuando se abrieron las puertas de las casas de nuevo para salir a caminar, era todo muy sorprendente. A mí esto me ha pasado muchas veces en la vida.