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Flaca, no puedo irme sin haber hecho el amor contigo
 
Periódico La Jornada
Miércoles 10 de junio de 2020, p. 6

La Flaca es un himno sobre un hombre que cae a los pies de una tremendísima mulata, musa para que Jarabe de Palo irrumpiera, arrasando con una melodía pegajosa y un estribillo de los que se cuelan en la cabeza.

“Con su permiso me dispongo a relatar cómo escribí La Flaca. Para ello me aprovecho de un texto que hice para la ocasión en nuestro disco libro Orquesta reciclando (2009). Ahí desvelé el secreto de uno de los romances más cortos e intensos que he vivido, así como otras historias que me llevaron a componer algunas de las canciones más populares de Jarabe de Palo.”

Agrega: “el director de cine Fernando de France había comprado ocho boletos baratos y nos invitó a viajar a Cuba con un objetivo: rodar el video de El lado oscuro, que entonces no estaba editada. Llegamos a La Habana... y nos fuimos de fiesta a una discoteca al aire libre... Tomamos unos mojitos y cuando nos marchábamos entró una mujer de belleza impresionante, con un vestido de gasa roja semitransparente, y en la cara dos soles que sin palabras hablaban”.

Durante esa semana buscaron una modelo para el video, por lo que vieron a “muchas chicas estupendas, pero en la cabeza de todos había sólo una: la chica del vestido rojo... Fuimos cada noche hasta que la encontramos. Una diosa... Nos acercamos y le contamos nuestros planes: necesitábamos una modelo para un video y pensábamos que ella era ideal. Alsoris aceptó.

Nos citó al día siguiente en su casa para recoger sus cosas y al mediodía ya estaba instalada en nuestro hotel, compartiendo habitación con Eva Nielsen, la ayudante de dirección, continúa el músico. En esos días llovió mucho en Cuba y el video no se rodó y “hubo cambios en la logística. Alsoris se mudó a mi habitación (no porque le gustase más yo, sino más bien todo lo contrario, porque resultó que Eva le gustó un poquito más de lo normal). Pasaron muchas cosas... Pau se enamoró “perdidamente de ese coral negro.

“La noche antes del viaje salimos a celebrar, volvimos al hotel de madrugada y ya en la habitación, Alsoris, como cada noche, me dio un beso en la mejilla y se metió en su cama. Fui al baño y al salir, viendo a ese ángel negro enfundada entre sábanas blancas, no me pude reprimir: ‘Flaca, no me puedo ir de la isla sin haberme acostado contigo’. Ella sonrió, abrió los brazos y me dijo: ‘Ven, Pablito’.

El siguiente recuerdo que tengo es despertarme con el Sol de la mañana dándome en la cara, abrazado a Alsoris, pero totalmente vestido. Me levanté, agarré un lápiz y una hoja de papel, y sentado en mi cama y mirando a la Flaca dormida escribí... en apenas 10 minutos, una poesía corta que relataba lo que había sentido por esa mujer durante esas dos increíbles semanas en La Habana.