Editorial
Ver día anteriorLunes 25 de mayo de 2020Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Brasil: un desastre llamado Bolsonaro
E

l presidente Donald Trump prohibió ayer el ingreso de extranjeros procedentes de Brasil a fin de que no se vuelvan una fuente de infección adicional en Estados Unidos, donde aún existe una situación crítica debido a la pandemia. De esta manera, Washington aplica al gigante sudamericano la misma medida que en enero adoptó hacia China y en marzo con los países europeos.

La decisión es tan cuestionable como las señaladas, y como muchas de las que ha asumido Trump en el ámbito interno y externo durante la expansión mundial del coronavirus SARS-CoV-2, en la medida en que el desastroso desempeño gubernamental de Brasil frente a la pandemia parece un reflejo del estadunidense: tanto en Washington como en Brasilia los respectivos jefes de Estado se han caracterizado por declaraciones espectaculares, bravuconerías, acciones contradictorias y, sobre todo, por mantener enconados pleitos con los expertos epidemiólogos que ellos mismos reclutaron para que se hicieran cargo de las políticas públicas de emergencia.

El desastre estadunidense no debe eclipsar el brasileño, más grave, si cabe, ya que el grado de desprotección de amplios sectores de la población es mucho mayor que en la superpotencia y los recursos de salud son notablemente menores.

Hoy, por ejemplo, se hizo efectiva la renuncia al Ministerio de Salud de Brasil del epidemiólogo Wanderson de Oliveira, quien había coordinado las medidas sanitarias desde que el titular de esa dependencia, Luiz Mandetta, fue despedido por Bolsonaro y sustituido por Nelson Teich, quien duró menos de un mes en el puesto, y a renglón seguido la responsabilidad no fue adjudicada a un médico, sino a un militar: el general Eduardo Pazuello. Así, la salida de De Oliveira deja a la nación sudamericana huérfana de una coordinación especializada para gestionar las medidas contra la pandemia.

Es inevitable evocar, con estos hechos, las desavenencias que Trump ha mantenido con el epidemiólogo Anthony Fauci, asesor médico de la Casa Blanca, quien en varias ocasiones se ha visto obligado a deslindarse de las declaraciones de su jefe, así como las irresponsables recomendaciones del mandatario en materia de medicaciones dudosas.

Ambos, Trump y Bolsonaro, se manifestaron, a contrapelo de la opinión de los expertos, por el uso de la hidroxicloroquina –sustancia empleada para tratar enfermedades como la malaria, el lupus y la artritis reumatoide– en pacientes con Covid-19, a pesar de que tal medicamento puede tener efectos secundarios graves. La semana pasada, la emblemática publicación médica The Lancet presentó un estudio según el cual la hidroxicloroquina no sólo no alivia ni cura el nuevo padecimiento, sino que incrementa la tasa de mortalidad entre los pacientes que lo reciben.

En suma, Brasil, como en su momento Estados Unidos, enfrenta la etapa más dura de la pandemia sin una autoridad responsable, sensata y disciplinada capaz de coordinar los esfuerzos sanitarios, y se constituye como un riesgo grave para sus vecinos y para el continente en general. Si a este desastroso manejo se suman los crecientes indicios de corrupción y abuso de autoridad por parte de Bolsonaro, cabe preguntarse si llegará al final de su mandato, previsto para 2022, y, en caso contrario, qué escenarios pueden configurarse.